sábado, 4 de abril de 2026

Canal Curiosidades : Antípodas: científicos abren una cápsula del tiempo de un millón de años

  Curiosidades

Durante décadas, estudiar el pasado remoto ha sido como intentar reconstruir un libro del que faltan casi todas las páginas. Los restos se degradan, el ADN se fragmenta y los ecosistemas desaparecen sin dejar un registro completo. Pero, en ocasiones muy raras, la naturaleza hace algo distinto: conserva.

Eso es lo que acaba de ocurrir con el hallazgo de una cápsula del tiempo natural de casi un millón de años de antigüedad, preservada en el interior de una cueva en Nueva Zelanda. No es una cápsula construida por humanos, sino un entorno que ha permanecido aislado, protegido de la luz, el oxígeno y las alteraciones externas durante cientos de miles de años.

Y ese aislamiento lo cambia todo porque, en lugar de restos dispersos, un equipo de científicos de la Universidad de Flinders ha podido analizar un conjunto coherente de evidencias que funcionan como una instantánea del pasado. Un ecosistema antiguo que no ha sido reconstruido a partir de fragmentos, sino observado de forma mucho más directa.

Para entender la magnitud del hallazgo, conviene situarse en ese momento. Hace cerca de un millón de años, el planeta atravesaba ciclos glaciares e interglaciares, con cambios climáticos que transformaban lentamente los paisajes. Los humanos modernos aún no existían, y muchas de las especies que habitaban la Tierra eran distintas a las actuales o antecesoras de ellas. Es, en cierto modo, un mundo anterior al nuestro.

Uno de los grandes desafíos para estudiar este tipo de restos ha sido siempre el ADN. Con el paso del tiempo, el material genético se degrada hasta volverse prácticamente irreconstruible. Por eso, durante años, parecía imposible obtener información fiable de muestras tan antiguas.

Sin embargo, las nuevas técnicas genéticas han cambiado ese límite. Métodos avanzados permiten recuperar fragmentos diminutos de ADN y recomponerlos, separándolos incluso de la contaminación acumulada durante milenios. Lo que antes era ruido, ahora empieza a convertirse en información útil. Y esa información no solo permite identificar especies, permite entender relaciones.

Los responsables del avance, liderados por Trevor Worthy, han desenterrado restos de fauna antigua en una cueva cerca de Waitomo, en la Isla Norte de Aotearoa. Es la primera vez que se encuentra un gran número de fósiles de millones de años, incluyendo un ancestro del gran loro no volador Kākāpō.

Esto indica que la fauna antigua de Nueva Zelanda se vio significativamente afectada por cambios climáticos catastróficos y erupciones volcánicas, lo que provocó extinciones frecuentes y reemplazos de especies mucho antes de la llegada de los humanos, según los análisis publicados en Alcheringa: An Australasian Journal of Palaeontology.

“Se trata de una avifauna recientemente identificada en Nueva Zelanda, que fue reemplazada por la que los humanos encontraron un millón de años después – explica Worthy -. Este extraordinario hallazgo nos lleva a concluir que nuestros bosques antiguos fueron el hogar de un grupo diverso de aves que no sobrevivieron al siguiente millón de años”.

El hallazgo también aporta una perspectiva distinta sobre el cambio. Ese ecosistema no desapareció de forma abrupta, sino que forma parte de un proceso largo y continuo de transformación. Las especies evolucionan, los entornos cambian y, con el tiempo, surgen nuevas formas de vida mientras otras se extinguen. En algún punto de esa transición, mucho después, apareceríamos nosotros. Los resultados sugieren que entre el 33 % y el 50 % de las especies se extinguieron durante el millón de años previos a la llegada de los humanos a Aotearoa.

“Estas extinciones fueron provocadas por cambios climáticos relativamente rápidos y erupciones volcánicas catastróficas – concluye Paul Scofield, coautor del estudio -. Gracias a nuestras excavaciones en St Bathans, en Central Otago, a lo largo de muchos años, tenemos una imagen de la vida en Aotearoa entre 20 y 16 millones de años atrás. Estos nuevos hallazgos arrojan luz sobre el periodo de 15 millones de años comprendido entre entonces y hace un millón de años, un periodo prácticamente ausente del registro fósil de Nueva Zelanda. No se trataba de un capítulo perdido en la historia antigua de Nueva Zelanda, sino de un volumen entero que faltaba”.

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