martes, 23 de junio de 2026

Canal Curiosidades : Exploran las profundidades del Atlántico y encuentran un monolito de 60 metros a 700 metros bajo la superficie

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Una expedición científica en las profundidades del océano Atlántico ha permitido documentar un paisaje submarino que parece ajeno a la Tierra. En concreto, se trata de un campo hidrotermal situado a más de 700 metros de profundidad, donde columnas de carbonato emergen sobre una montaña submarina al oeste de la dorsal mesoatlántica. Entre esas estructuras destaca Poseidón, un monolito natural de más de 60 metros de alto que se ha convertido en una de las formaciones más llamativas del fondo marino.

El hallazgo, realizado por científicos con vehículos operados a distancia, reveló un entorno que no se parece a los respiraderos volcánicos más conocidos del océano profundo. Sus torres, de paredes blanquecinas y aspecto fantasmagórico bajo la luz artificial de los robots submarinos, forman un sistema geológico activo que lleva funcionando al menos 120.000 años, aunque los investigadores consideran posible que su historia sea todavía más antigua.

La singularidad de la Ciudad Perdida no reside solo en su tamaño o en la apariencia monumental de sus chimeneas. Este campo hidrotermal expulsa hidrógeno, metano y otros gases disueltos generados por la reacción entre el agua de mar y el manto terrestre. Ese proceso químico convierte este enclave en un laboratorio natural para estudiar cómo pudo surgir la vida en la Tierra primitiva, sin depender de la luz solar ni del oxígeno.

Un ecosistema extremo bajo el Atlántico

Las grietas y cavidades de estas estructuras de carbonato albergan comunidades microbianas capaces de prosperar en condiciones extremas. Allí, los hidrocarburos sirven de fuente de energía para organismos diminutos que viven alejados por completo de la superficie. También se han observado caracoles, crustáceos y, en menor medida, animales de mayor tamaño como cangrejos, gambas, erizos de mar y anguilas, aunque su presencia resulta menos abundante.

Dos robots submarinos explorando el monolito (NOAA/URI-IAO/UW/D. Kelley)

A diferencia de los llamados black smokers, respiraderos hidrotermales volcánicos asociados al calor del magma, la Ciudad Perdida funciona mediante un mecanismo distinto. Sus chimeneas no destacan por minerales ricos en hierro y azufre, sino por una producción mucho mayor de hidrógeno y metano. Además, las columnas de calcita alcanzan dimensiones superiores, lo que apunta a una actividad prolongada durante decenas de miles de años.

Como ya hemos dicho, el monolito más alto, bautizado como Poseidón, supera los 60 metros y se levanta como una torre natural en mitad de este paisaje submarino. Cerca de él, los científicos han descrito zonas donde los fluidos emergen lentamente y generan delicadas formaciones de carbonato, con ramificaciones que recuerdan a dedos extendidos. Esa actividad continua ayuda a explicar por qué este enclave sigue atrayendo tanta atención dentro de la investigación oceánica.

Una pista sobre el origen de la vida

El interés científico aumentó todavía más cuando, en 2024, los investigadores anunciaron la recuperación de una muestra de roca del manto de 1.268 metros de longitud en el entorno del campo hidrotermal. Ese núcleo puede aportar información clave sobre las reacciones químicas que se producen bajo el fondo oceánico y sobre las condiciones minerales que, según los expertos, quizá se parezcan a las que favorecieron los primeros procesos biológicos del planeta.

Este escenario también ha abierto comparaciones con otros mundos del sistema solar. El microbiólogo William Brazelton explicó a The Smithsonian que “este es un ejemplo del tipo de ecosistema que podría estar activo en Encélado o Europa ahora mismo”, en referencia a las lunas de Saturno y Júpiter, y añadió que “quizá también en Marte en el pasado”. Por esa razón, varios especialistas reclaman proteger la Ciudad Perdida frente a posibles impactos de la minería submarina en sus alrededores.

Escáner del lugar en el que se encontró el monolito (Lost City Research/University of Washington)
Dos robots submarinos explorando el monolito (NOAA/URI-IAO/UW/D.

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