Se ha descubierto un enorme cementerio de ballenas de unos 1.200 km de extensión en el sureste del océano Índico.
El yacimiento, situado a 7 km de profundidad, se localizó en la zona de fractura Diamantina, una formación del lecho marino compuesta por dorsales y fosas.
Sin embargo, es la antigüedad de los restos —algunos con 5,3 millones de años— lo que ha despertado un gran entusiasmo en la comunidad científica.
En esta necrópolis submarina, descubierta por un equipo de investigadores de China, Italia y Nueva Zelanda, abundan organismos y especies que "podrían ser nuevas para la ciencia", según la revista Nature.
"Descubrir una necrópolis de esta magnitud fue algo totalmente inesperado", declaró Xiaotong Peng, uno de los autores del estudio y miembro de la Academia China de Ciencias.
Afirmó que "la extensión de la zona, la profundidad y la antigüedad de los restos superan con creces todo lo que habíamos imaginado".
Un hallazgo "único"
En 32 inmersiones en el lugar, los exploradores recolectaron muestras de 485 puntos con fósiles de ballenas y zonas de caída de ballenas activas, hallando un auténtico tesoro de restos, incluido el esqueleto de una ballena extinta.
Entre los cráneos fosilizados hallados en el yacimiento se identificó el de un zifio (Pterocetus benguelae) de 5,3 millones de años de antigüedad.
El mayor hallazgo fue el cadáver de una ballena minke antártica de 5 metros de longitud.
También se descubrió una nueva especie, bautizada por el equipo como Pterocetus diamantinae en honor al lugar del hallazgo.
Medusas, gusanos y crustáceos forman parte de la comunidad de criaturas que se alimentan de la enorme cantidad de cadáveres acumulados.
"El hallazgo de este vasto cementerio de fósiles por parte de Peng y sus colegas es un descubrimiento realmente único", escribió Stephen J. Godfrey, del Museo Marítimo Calvert, en la revista Nature.
Agregó que "aunque el acceso al lugar es limitado, es probable que albergue muchos otros hallazgos fascinantes y, sin duda, inspirará nuevas inmersiones con sumergibles en entornos similares".
La tarta de queso es uno de los postres más extendidos en nuestro país, y en medio Occidente. Se explica porque suele gustar a todos y porque su elaboración es muy rápida y sencilla. El próximo 30 de julio se celebra el Día Mundial de la Tarta de Queso.
Como sucede con la mayoría de los platos tradicionales, esta receta ha sufrido variaciones con el paso del tiempo. Hoy en día, hay muchas formas de elaboración diferentes, que incluyen ingredientes diversos y varias maneras de prepararla. Cada maestrillo tiene su librillo.
Con la tarta de queso pasa como con las tortilla de patata: más cuajada, menos cuajada, tostada o no, con galleta, con mermelada... Cada uno tiene su favorita. Pero puestos a buscarconsensos hemos consultado la guía Michelin. Allí mencionan unos pocos establecimientos que bordan la tarta de queso. Uno de ellos está en un pueblo de menos de 300 habitantes.
El restaurante es La Trébede, en Pobladura del Valle, en Zamora (un pueblo que sorprende por el Museo del Whisky y el Museo Naval y Ferroviario). Se ubica en una casa rústica, con el techo a dos aguas, decorada con aperos de labranza.
El jefe de todo esto es Pablo González. La "casa de comidas" de este joven chef es una propuesta de gastronomía tradicional pero actualizada. Como ejemplos, la guía neumática cita su tortillita de camarones con membrillo o su oreja de cerdo confitada a baja temperatura, con salsa brava de tomate seco y mejillón.
La Trébede es Bib Gourmand en el 2025, esto es, tiene una excelente relación calidad-precio. Pero si esta vez hemos venido hasta Pobladura del Valle es por su tarta de queso, "una tarta que abraza, que te hace cerrar los ojos y sonreír sin darte cuenta", en palabras del propio González.
"Nuestra receta nace de una historia personal, de cuando viví en San Sebastián y bajaba cada semana al restaurante La Viña. Su tarta me marcó, y tras un montón de pruebas y ajustes, conseguimos la que servimos hoy aquí", le ha explicado el chef a la guía Michelin. "No busca sorprender con artificios ni sabores extraños, sino emocionar desde la sencillez", asegura.
La tarta de queso de La Trébede es "cremosa por dentro, delicada, casi fundente, con el punto justo de cuajado". La ración, 6 euros. Tanto éxito ha temido que "hay clientes que vienen solo porque la tarta les marcó un momento de su vida. Es un viaje al norte", cuenta González.
Esa tarta puede ser el magnífico punto y final a una comida magnífica. El joven chef tiene todas las garantías. Aprendió de Luis Alberto en Lera, con Carlos Maldonado en Raíces, cruzó el Atlántico para llegar al Rosetta de Elena Reygadas en México y cerró su travesía en Barro, Ávila, junto a Carlos Casillas.
Hoy, su visión de La Trébede es "que sea un lugar donde el producto sea sagrado, donde la técnica respete y exalte los sabores, donde el calor del hogar sea tan palpable como el de la lumbre y donde la innovación sea la fiel compañera de la tradición".
Todo ello, esa tradición reinventada, toma forma en delicias como: puerro, ventresca, romesco (12€); brotes, cecina, membrillo (12€); molleja frita, yogurt, ciruela (12€); micuit de pato, dátiles, frutos secos (22€); pulpo, ajo negro, pimentón (24€); carrillera de ternera (15€); rabo de toro (16€); o ciervo ahumado, boniato, romero (33€). Y su estupendo pan: la hogaza zamorana con harina de Benavente y del Molino de Cerecinos de Campos. Si además de la tarta de queso queremos más dulce, hay que pedir su cremoso de turrón (6€).
La Trébede, Tr.ª Canal de Hornos, Pobladura del Valle (Zamora)
La gastronomía de la Comunidad Valenciana no sólo es conocida en muchas partes de España; gracias a la icónica paella es todo un emblema de nuestra cultura culinaria en el resto del mundo. Pero el recetario popular de Valencia esconde otros manjares que merecen ser mencionados, siendo el esgarraet un ejemplo.
El esgarraet es una receta muy fácil de elaborar y que, además, viene genial para incorporar a los menús semanales del verano, ya que es fresca y ligera, perfecta para degustar durante la temporada estival.
¿Qué es el esgarraet?
El esgarraet es un conocido plato en la Comunidad Valenciana que se puede describir como una ensalada que lleva principalmente pimientos rojos y bacalao. Es una receta sencilla de preparar y con historia.
Según cuenta el portal de Turismo Valencia, "el esgarraet es un plato tradicional de la cocina valenciana que tiene sus raíces en la época de la reconquista. Se dice que los soldados cristianos, al regresar de las batallas, preparaban este plato con los ingredientes que tenían a mano: pimiento, bacalao y aceite de oliva. Con el tiempo, se fue convirtiendo en una receta típica de la región, transmitida de generación en generación".
De acuerdo con la información compartida por Diputació de València en su página web, se le puede añadir berenjena asada, convirtiéndose así en otra variante de lareceta conocida como'espencat'.
La misma institución indica que "los usos que le damos en Valencia son diversos, pues es una receta completa para comer como plato único en verano, o bien a modo de guarnición para acompañar carne o pescado a la brasa. La podemos acompañar con pan para degustar una de las tapas más sanas, o colocar una pequeña ración sobre una rebanada, consiguiendo así un genuino montadito".
Otras recetas típicas de la Comunidad Valenciana
Titaina: por su aspecto se puede parecer al pisto, pero la diferencia reside en que la titaina lleva atún, concretamente tonyina de sorra, que es la parte de la ventresca más sabrosa y con más grasa. Se dice que nació en el distrito marítimo de Valencia y es un plato histórico de Poble Nou del Mar.
Arroz al horno: es otro de los platos por el que los valencianos sacan pecho en el resto de España. El arroz al horno es una receta de aprovechamiento ya que antiguamente se elaboraba con las sobras del cocido.
Figatell: se trata de un embutido que se prepara con hígado de cerdo y magro y que a la hora de servirlo se hace a la plancha o frito y encima de una rebanada de pan. Hay una teoría que dice que pudo originarse en las localidades de Beneixama, Oliga y Pego.
Dos personas han fallecido en un incendio en un bloque de viviendas en Magaluf, Mallorca, que ha empezado a primera hora de la mañana de este jueves. Además, según la información facilitada por los servicios de emergencias, hay 24 heridos, entre ellos ocho bomberos. Y según medios locales, uno de ellos está grave.
Según el alcalde de la localidad, Juan Antonio Amengual,las muertes de los vecinos de esta viviendase han producido al intentar abandonar el edificio por la escalera.
Del total de heridos,cuatro han tenido que ser trasladados, dos al Hospital Son Llàtzer y dos a Son Espases.Cuatro han sido valorados in situ y otros ocho han sido valorados por el 061. El suceso ha sido en el número 15 de la calle Martín Ros García, en la popular zona de ocio de Punta Ballena, en Magaluf.
Fuentes conocedoras del caso han apuntado al diarioÚltima Horaque el suceso se ha declarado sobre las 5.15 horas de este jueves. También afirman que el motivo de las llamas aún se desconoce y que las causas del incendio y las circunstancias en las que se ha producido el suceso están siendo investigadas. La gran agresividad de las llamas ha hecho que todo el edificio se inundara de humo.
Al lugar del suceso se trasladaronbomberos de Calvià y Llucmajor,Guardia Civily Policía Local de la localidad para hacerse cargo de los hechos. Fueronvarias las brigadas de bomberoslas que se hicieron cargo de intentar apagar las llamas.
Los servicios sanitarios también se personaron en el bloque de viviendas conuna decena de ambulancias privadas y del SAMU 061, cuatro de ellas medicalizadas, que atendieron a los heridos.
Para muchos viajeros, Córcegasigue siendo la gran desconocida del Mediterráneo. Sin embargo, basta recorrerla durante unos días para entender que esta isla francesa juega en otra liga. Aquí las montañas parecen precipitarse directamente sobre el mar, lastorres genovesas vigilan calas de aguas transparentes y las ciudades conservan una personalidad intensa, marcada por siglos de historia, orgullo local y una relación profundamente arraigada con el paisaje.
El viaje puede empezar incluso antes de poner un pie en la isla. La travesía nocturna de Corsica Ferries desde Sète hasta Ajaccio para los que eligen ir en su propio coche permite entrar en Córcega lentamente, viendo cómo el continente queda atrás mientras el Mediterráneo empieza a imponer otro ritmo. Dormir en el ferry y despertarse frente a la costa corsa tiene algo especial: al amanecer, la isla aparece entre montañas, ciudadelas y un litoral abrupto que ya anticipa el carácter del viaje.
Ajaccio y el golfo donde conviven Napoleón y el Mediterráneo
La primera gran parada suele ser Ajaccio, una ciudad luminosa y mediterránea en la que la figura de Napoleón Bonaparte aparece constantemente, aunque sin eclipsar el resto. Su casco antiguo combina plazas animadas, mercados, fachadas coloridas y pequeñas calles donde la vida parece discurrir sin demasiada prisa. La herencia napoleónica se deja ver en lugares como la Casa Bonaparte, ahora museo, el Palacio Fescho la plaza de Austerlitz, pero Ajaccio también ofrece senderos y vistas al mar con las Islas Sanguinaires de fondo.
Muy cerca, el golfo de Ajaccio despliega algunos de los paisajes más atractivos del sur de la isla. La península de Isolella, las torres genovesas frente al Mediterráneo o el pequeño pueblo de Coti-Chiavaripermiten entender esa dualidad corsa donde la montaña nunca termina de alejarse del agua. Entre bosques, pequeñas calas y carreteras panorámicas aparece una de las grandes constantes del viaje: una sensación permanente de autenticidad.
Filitosa, Sartène y la Córcega más profunda
A medida que el recorrido avanza hacia el sur, Córcega empieza a mostrar otra dimensión todavía más profunda.Filitosa, uno de los yacimientos prehistóricos más importantes del Mediterráneo, introduce al visitante en una isla ancestral, marcada desde hace milenios por susmisteriosas estatuas-menhir. Más que una visita arqueológica, el lugar transmite la sensación de estar entrando en una Córcega casi legendaria.
Después de esa inmersión histórica, el contraste llega con las aguas termales de Baracci y, más tarde, con la navegación por el golfo de Valinco. Desde el mar, la costa corsa adquiere otra escala: acantilados abruptos, calas inaccesibles por carretera y torres defensivas que recuerdan la importancia estratégica que tuvo la isla durante siglos.
La llegada aSartèneintroduce una de las localidades con más personalidad de toda Córcega. Construida en granito y asociada históricamente a las vendettas y a una fuerte identidad local, Sartène conserva un ambiente muy distinto al de otras ciudades mediterráneas. Cerca de allí, el exclusivoDomaine Saparalecombina viñedos, alojamiento con encanto y restaurante, y resume bien otra de las facetas menos conocidas de la isla: la cultura del vino y un cierto arte de vivir ligado al paisaje, la gastronomía y el silencio.
Bonifacio y los acantilados más espectaculares de la isla
El recorrido continúa hacia Bonifacio, probablementela imagen más espectacular de Córcega.La ciudadela medieval parece suspendida sobre enormes acantilados de piedra caliza, desafiando literalmente al vacío. Bonifacio se ha convertido en uno de los grandes iconos del Mediterráneo, y basta recorrer sus murallas, bajar la Escalera del Rey de Aragón o perderse por las callejuelas de la parte alta para entender por qué.
Pero más allá de su monumentalidad, la zona también ofrece paisajes naturales extraordinarios. El sendero de Campu Rumanilu recorre acantilados vertiginosos sobre el mar mientras que, desde el puerto, dar un paseo en barco permite contemplar unas vistas espectaculares de Bonifacio y de sus acantilados desde una perspectiva única. Muy cerca, las playas de Speronemuestran esa imagen de aguas turquesas y arena clara que muchas veces se asocia más al Caribe que al sur de Europa, mientras que el cercano golf de Sperone ofrece algunas de las panorámicas más impresionantes del litoral corso.
La costa oriental y el corazón montañoso de Córcega
La costa oriental introduce un registro diferente, más agrícola y ligado a la producción local. Entre viñedos y lagunas aparece una Córcega contemporánea, orgullosa de su gastronomía y de sus productos. Experiencias como comer en el restaurante Veni è Posadel Domaine Terra Vecchia, frente al estanque de Diana, en Aléria, visitar bodegas locales o descubrir pequeñas cervecerías artesanales como la Brasserie Kiara permiten acercarse a una isla que también ha sabido reinterpretar su tradición.
Desde allí, el viaje cambia radicalmente al adentrarse en el interior montañoso. Corte, antigua capital de la Córcega independiente de Pascal Paoli, conserva un carácter especial dentro de la isla. Universitaria, histórica y rodeada de montañas, mantiene una identidad muy marcada, visible tanto en su ciudadela como en el ambiente de sus plazas y calles escarpadas.
Muy cerca aparece el valle de laRestonica, uno de los grandes espacios naturales corsos. Bosques, ríos transparentes y montañas crean un paisaje que desconcierta a quienes todavía imaginan Córcega únicamente como un destino de playa. Aquí el Mediterráneo parece desaparecer momentáneamente para dejar paso a una isla casi alpina.
Bastia y el Cap Corse, el gran final del viaje
La llegada a Bastiadevuelve el protagonismo al mar. Más urbana y portuaria que otras ciudades corsas, conserva una marcada herencia genovesa visible en su arquitectura, sus fachadas y su relación constante con el puerto. El Puerto Viejo, la plaza Saint-Nicolas, la ciudadela de Terra Nova, la pasarela Aldilondasobre el mar o el mirador de Campu Canicciu dibujan una ciudad elegante y auténtica al mismo tiempo, donde la vida local sigue teniendo más peso que el turismo.
Desde Bastia, la carretera conduce hacia el Cap Corse, uno de los territorios más hipnóticos de toda la isla. Nonza, encaramada sobre el mar y dominada por su emblemática torre frente a la famosa playa negra, ofrece una de las panorámicas más impresionantes del viaje. Muy cerca, Marine d’Albo representa la versión más silenciosa y esencial de Córcega: pequeñas marinas, aguas transparentes, playas de guijarros y torres genovesas donde el tiempo parece discurrir mucho más despacio.
Una isla que no se parece a ninguna otra
Y es precisamente allí, entre el viento, el granito y el Mediterráneo, donde se entiende que Córcega es mucho más que “la isla de la belleza”. También es una isla de carácter, profundamente distinta a cualquier otro destino mediterráneo. Un lugar que no se debe visitar con prisas y que, precisamente por eso, deja una sensación extraña al marcharse: la de haber descubierto solo una pequeña parte de todo lo que todavía queda por explorar.
Una ciudad asentada sobre una muela rocosa y con un castillo que parece hacer equilibrios desde las alturas para no caerse al vacío.
Ya sé, seguro que ahora mismo estás pensando cómo es posible que un lugar que solo cuenta con 300 habitantes sea una ciudad y no un pueblo. Pues efectivamente, así es, y no solo porque lo digamos nosotros. Y es laciudad más pequeña de España.
La normativa administrativa en España es clara: solo aquellas poblaciones de más de 10000 habitantes pueden considerarse ciudades. Y las que tienen menos, pueblos. Sin embargo, este es un criterio digamos reciente, que nada tiene que ver con lo que sucedía en el siglo XV.
Fue entonces cuando el rey Juan II de Castilla otorgó a la villa de Frías el título de Ciudad, un título honorífico que no ha perdido con el paso de los años. Y es por eso precisamente que esta villa burgalesa sigue siendo Ciudad, a pesar de sus poquísimos habitantes.
Qué ver en Frías, la Ciudad más pequeña de España
Frías es una pequeña y coqueta villa medieval que sigue brillando, a pesar del paso de los años, tanto es así, que sin duda es uno de los pueblos más bonitos de Burgos, de Castilla y León, y de España.
Está en la comarca de Las Merindades, al norte de la provincia de Burgos y su centro histórico medieval, de calles adoquinadas, estrechas y sinuosas, está tan bien conservado y alberga tanta riqueza patrimonial que está declarado Bien de Interés Cultural.
Además, es tan compacto y concentrado que se puede recorrer a pie sin ningún problema. Eso sí: imprescindible llevar calzado cómodo: como buen pueblo (perdón, ciudad) medieval, muchas de sus calles, además de empedradas, están bastante empinadas.
Un castillo que hace equilibrios sobre un peñón rocoso
Imprescindible asomarse al castillo de los Duques de Frías o Castillo de los Velasco, una fortaleza defensiva levantada en el siglo XII y que hoy sigue siendo uno de los símbolos del conjunto monumental más reconocibles de la silueta de la ciudad.
Lo es, sobre todo, por su ubicación, en lo alto de La Muela, ese peñasco sobre el que parece hacer equilibrios imposibles para no caerse. No hace falta decir que las vistas desde la Torre del Homenaje son sencillamente impresionantes; pero por si acaso, ya lo hemos dicho.
Otro de los lugares imprescindibles es su puente medieval sobre el río Ebro, construido en el siglo XII y con una característica torre defensiva situada justo en el centro. Aunque lo más curioso es, sin duda, el hecho de que se trata de un puente que todavía está en uso, y eso le confiere un carácter todavía más especial.
Una vez arriba de la ciudad, hay que visitar la iglesia de San Vicente Mártir, uno de los templos más bonitos y destacados de Frías. Situado junto al castillo, presume de origen románico aunque de esa época apenas quedan vestigios. Lo que sí conserva en su interior son varias capillas de estilo gótico y renacentista que son auténticas joyas.
La otra ciudad de las casas colgadas
Frías también tiene casas colgadas y, como las de Cuenca, son sencillamente espectaculares. Resulta increíble que en la Edad Media se pudieran levantar este tipo de construcciones con los medios que se tenían entonces.
La culpa la tiene precisamente La Muela, esa gran roca sobre la que se asienta gran parte de la ciudad y que condicionaba por completo su trazado. Eso, sumado al ingenio y la necesidad de la época, hicieron el resto. El resultado son casas que se asoman (literalmente) al precipicio.
El valle del Nansa es un destino que combina naturaleza, aventura y patrimonio rural. Un tesoro escondido que nos muestra lo mejor de la Cantabria interior, esa de praos verdes y un río salmonero salpicados de pueblos con encanto como Polaciones o Tudanca. Ferrerías, molinos harineros, una senda fluvial o la Capilla Sixtina de la geología completan el viaje.
Tras un invierno marcado por intensas lluvias, avisos por malamar y fuertes rachas de viento, Cantabria se prepara para la temporada estival con unos valles en los que el ojo humano puede apreciar infinitos tonos de verde, desde el verde bosque hasta el musgo, helecho, espinaca o, incluso el verde manzana. Nos trasladamos a poca distancia de enclaves turísticos tan importantes como Santillana del Mar, Comillas, San Vicente de la Barquera, el valle de Cabuérniga, el Saja o Liébana, para conocer el valle del Nansa, que nos da la bienvenida ofreciéndonos una tranquilidad única y un turismo rural enclavado entre valles y montañas.
Arrancamos la ruta en Herrerías, cuyo nombre proviene de las ferrerías que había en las inmediaciones. El municipio es rico en cuevasy puede presumir, por ejemplo, de una de extraordinario valor que visitaremos a continuación: la cueva de El Soplao. Descubierta a principios del siglo XX con la explotación de las minas de La Florida cuenta con más de 30 kilómetros de galerías. En su interior alberga imponentes formaciones excéntricas salpicadas de aragonitos, estalactitas y estalagmitas que dejan al viajero sin palabras. No en vano, para muchos esta cueva es la Capilla Sixtina de la geología. A bordo de un tren minero se accede a la cavidad principal y desde ahí se recorren andando las distintas galerías mineras. También podemos descubrir un yacimiento de ámbar del Cretácico que cuenta con innumerables insectos prehistóricos, muy a lo 'Parque Jurásico'.
Molinos harineros en Cades
Seguimos en Herrerías, junto a la ribera del Nansa y nos topamos con la ferrería de Cades, un edificio que se terminó de construir a mediados del siglo XVIII y que permitía poner en funcionamiento no solo la ferrería sino dos molinos harineros cercanos. Actualmente se encuentra cerrado temporalmente por mejora de las instalaciones, pero hasta hace poco se ofrecían visitas didácticas para colegios, así como demostraciones de su funcionamiento.
En un enclave como en el que nos situamos, el cuerpo nos pide disfrutar de la naturaleza y del río salmonero que da nombre al valle. Y, precisamente, la senda fluvial del Nansa está habilitada para poder recorrerla desde Cades hasta Muñorrodero. Esta ruta se divide en dos tramos, el primero que va desde la ferrería ya visitada hasta la central hidroeléctrica de Trascudia (a unos 7 kilómetros) y el segundo, que llega hasta la población de Muñorrodero (a otros 7 kilómetros). El trayecto es sencillo incluso para hacerlo en familia y con niños pequeños, ya que no entraña grandes dificultades ni un importante desnivel. De eso pueden dar buena cuenta los peregrinos que recorren esta senda como parte del Camino Lebaniego y que, justo en este tramo, disfrutan de la belleza paisajística sin que las piernas se resientan.
El curso del salmón
En el primer trecho del recorrido conviene mantener los ojos en el río, ya que se pueden descubrir desde truchas hasta salmones. E, incluso si hay suerte, alguna que otra nutria. Es más exigente que si se comienza la ruta en Muñorrodero, pero, a cambio, ofrece un escenario más agreste. Para disfrutar del paisaje en todo su esplendor, conviene que te desvíes hasta el mirador del Poeta (en la localidad de Camijanes), ya que ofrece una excelente panorámica del río Nansa, así como algunas construcciones típicas montañesas. Y, volviendo a la senda fluvial, llegamos a la central hidroeléctrica de Trascudia donde nos espera un bonito salto de agua.
Es momento de descansar. Los amantes del dulce, milagros de Garabandal, de lapanadería del Nansa en Puentenansa, los del queso, un bocáu de cualquiera de los que elaboran en la quesería artesanal Gomber, en el cercano valle del Cabuérniga.Nos volvemos a poner en pie para recorrer los 7 kilómetros que nos separan de la meta. El recorrido ahora es más sencillo y, además, nos va a permitir descubrir los ingeniosos puentes con los que los pescadores atravesaban el río de una orilla a otra. También cruzaremos pasarelas de madera y escaleras talladas en las propias rocas. En este tramo no podemos perdernos la cueva El Rejo, habitada por cientos de murciélagos. Y, paso a paso, siguiendo las señalizaciones, llegaremos al final de nuestra ruta, que nos dejará a muy poca distancia del cementerio de Muñorrodero.
Gran parte de las localidades del valle siguen conservando su sabor tradicional debido al aislamiento histórico de las rutas turísticas habituales. Podemos observar esa arquitectura popular con casas de piedra, madera y teja que se diluyen frente a casonas blasonadas construidas por familias que hicieron fortuna en el Nuevo Mundo. También descubrimos lavaderos, fuentes, abrevaderos, paneras, ermitas y humilladeros en pueblos como Lamasón, Rionansa o Peñarrubia.
Tudanca y las famosas vacas
Si cogemos las carreteras CA 181 y CA 281 vamos a pasar por muchas de estas poblaciones, pero en nuestro caso no vamos a detenernos hasta llegar a Tudanca. Declarada conjunto histórico-artístico nacional en 1983, esta aldea de poco más de 150 habitantes destaca por su Casona homónima. Su último propietario fue el escritor José María de Cossío, que la convirtió en todo un referente de actividad intelectual. Por ella pasaron, por ejemplo, Unamuno, Giner de los Ríos, Gregorio Marañón, Concepción Arenal o Gerardo Diego. Rafael Alberti, en su obra La arboleda perdida, describe el tiempo que pasó allí junto a José María. La Casona, hoy convertida en museo, cuenta con una fantástica biblioteca de 25.000 volúmenes entre los que destacan manuscritos de Federico García Lorca o Camilo José Cela.
Hablar de Tudanca es hacerlo también de la raza bovina autóctona de Cantabria. Es un placer verlas pastar en esos prados de color verde bosque, verde musgo, verde helecho o verde manzana. Pastos que, aquí, se siguen explotando en comunidad según el conocido Prau Concejo. El día de San Agustín (28 de agosto) se realiza el sorteo del prado del concejo, que se divide en lotes que se sortean entre todos los vecinos.
Y, acabamos este paseo por la Cantabria más desconocida en el municipio de Polaciones. Nos da la bienvenida al pequeño pueblo de Puente Pumar su Casa Rectoral, levantada en la segunda mitad del siglo XVIII. Hoy, la Fundación Botín la gestiona y pone a disposición de la gente del valle para realizar diferentes actividades. También podemos contemplar el humilladero, testigo de la religiosidad popular. En Lombraña, a menos de 3 kilómetros, descubrimos la casona homónima, que supone un buen ejemplo de casona barroca del XVIII y XIX. Cuentan, además, que muchos de los elementos de la construcción provienen del simbolismo masónico, como la bicromía en la fachada o el pavimento ajedrezado. Y en tiempo de descuento, no podemos irnos de aquí sin pasar por San Mamés (ubicada en el antiguo camino hacia Castilla), con sus casonas solariegas o ya, de camino a las altas montañas, los menhires y grabados de Sejos, que demuestran que hasta aquí llegaron los hombres de la Edad de Bronce con sus rebaños.
En el momento en el que pisas cualquier rincón del Cabo de Gata, una parte de tu corazón se queda ahí para siempre. Esta zona de Almería es mágica y atrapa muchísimo. Me ocurrió con La Isletay me ocurrirá con San José, porque este pueblito decasas encaladasescondidoentre montañas áridas y el Mediterráneo desde el siglo XVIIIes un oasis para desconectar, comer rico y olvidarse de todo el estrés.
Qué ver en San José, Almería
San José te da la bienvenida con sus casas blancas y azules que parecen amontonarse con su particular estilo mediterráneo, como si de Grecia se tratara. Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando se levantó el Castillo de San José, una fortaleza que defendía a los pescadores de la zona de los ataques de los piratas y que aún se puede visitar.
A su alrededor se formó el primer asentamiento de marineros, que hoy ha crecido hasta los 900 habitantes y sigue viviendo de la pesca, lo que asegura una gastronomía fresca y exquisita. El turismo también es una potente fuente de ingresos, con varios hoteles y complejos que conviven con los vecinos y su estilo de vida tranquilo, sin ser excesivos nimasificados.
Playa de San José
La joya de la corona en San José es, sin duda alguna, sus playas. Este pueblito marinero es famoso por sus costas de arena dorada y aguas turquesas que parecen sacadas de una postal. La propia playa de San José es maravillosa, rodeada de chiringuitos, terracitas y un paseo marítimo protegido por acantilados al mar.
Playa Los Genoveses
Además, pegado al pueblo hay dos playas icónicas en el mundo entero. La primera de ellas es Los Genoveses, con un paisaje desértico y salvaje en medio del Parque Natural sin ninguna construcción que rompa el encanto. La Segunda es la Playa de Mónsul, un rincón de arena negra ideal para hacer snorkel y submarinismo que ha sido escenario de grandes producciones de Hollywood, como Indiana Jones.
Dónde comer barato y rico en San José, Almería
Aunque es pequeñito, los pescadores del pueblo se encargan de que sus terrazas y restaurantes estén abastecidos con pescado fresco y buen marisco, las estrellas indiscutibles de los menús en San José.Restaurante Casa Pepe tiene vistas al mar y gastronomía exquisita.
Qué hacer en los alrededores de San José, Almería
La Isleta del Moro
A 15 minutos en coche desde San José está La Isleta del Moro, un pueblo precioso de casas encaladas y calas volcánicas que es perfecto para ir a pasar el día. A pie son dos horas y media de excursión entre volcanes y acantilados con vistas al mar, ideal para un plan de senderismo en la naturaleza más salvaje.