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Entre Xàbia, Teulada-Moraira y Benissa se extiende una Costa Blanca fascinante. Calas entre pequeños acantilados, pinares que llegan casi hasta el agua, terrazas con vistas al Mediterráneo y una gastronomía con identidad propia, con el mar como gran despensa pero con muchos otros argumentos que convierten este territorio en algo único. Además de ser uno de los más bonitos del litoral alicantino, se ha convertido en un destino gastronómico de primer nivel.
Las cifras ayudan a entender de lo que te hablamos. La Marina Alta cuenta este año con 19 restaurantes seleccionados por la Guía Michelin, nueve de ellos con estrella y 12 estrellas en total. Repsol, por su parte, reúne 40 direcciones, 13 de ellas distinguidas con Soles y el resto recomendadas. Una concentración de reconocimientos gastronómicos difícil de encontrar en un territorio tan pequeño y que ha servido de estímulo para otros muchos restaurantes de la zona.
La alta cocina ha encontrado aquí un territorio especialmente fértil y, a su alrededor, ha crecido además una generación de restaurantes menos pendiente de los galardones y mucho más difícil de clasificar. Y es precisamente ahí donde hemos querido buscar pequeñas joyas. Esta no es una selección de estrellas ni de Soles, aunque algunos de nuestros elegidos los tengan. Te proponemos una selección de lugares con encanto, cocinas con personalidad, proyectos sostenibles, pequeños locales que compensan la falta de interiorismo con muchísimo talento, jardines, huertos, edificios recuperados y terrazas en las que tu comida de verano puede acabar perfectamente cuando ya ha empezado la cena para otros.
En nuestra ruta están Billy's, un pequeño bar de Moraira con una cocina que desborda cualquier expectativa y que sigue los pasos de su hermano mayor de Denia, Tasca 42, que lleva las tapas locales a su terreno; Nazario Cano, la propuesta más gastronómica de Ritual de Terra; Carvón, territorio de vino y brasas; Volta i Volta, en pleno casco antiguo de Xàbia; Ca Aleix, entre arte y esculturas monumentales; Chola Gastro, viajero y divertido; Casa Bernardi, donde Italia y Alicante se dan la mano; y El Rall, junto a Cala Fustera, con grandes arroces y el mar a dos pasos.
Tasca 42
En Tasca 42, una ensaladilla rusa puede saber a gloria, lo mismo que una simple ensalada de tres tomates. Esa pista basta para entender que aquí las tapas de siempre se toman unas cuantas libertades. En la carretera que une Moraira con Calpe, este pequeño restaurante con terraza ha construido su personalidad precisamente alrededor de eso: sabores reconocibles, producto local y ganas de darles una vuelta con enorme buen gusto.
El espacio es sencillo, agradable y muy de vacaciones. Terraza, un comedor sin excesos y una atmósfera relajada en la que el centro de la mesa acaba llenándose rápidamente de platos para compartir. No pretende competir con los grandes ejercicios de interiorismo de la zona porque su argumento va por otro lado. Aquí mandan el producto, la cocina y una carta que combina la idea tradicional de tasca con presentaciones y asociaciones bastante más contemporáneas.
La carta es absolutamente fascinante por su original propuesta. Además de las sugerencias habituales por la proximidad al mar – unas estupendas clochinas, el acertado pulpo de proximidad, una sepia muy fresca, los calamares o las tellinas a la plancha, todo fresco- tienes platos como sus cocas en diferentes versiones, las berenjenas con sobrasada y unos torreznos con guacamole casero que te van a transportar a Soria sin moverte de la silla.No se trata de desmontar la cocina local para reconstruirla irreconocible, sino de introducir el detalle que consigue que el plato deje de ser uno más.
Toda la carta es libre de gluten, una particularidad que convierte Tasca 42 en una dirección especialmente interesante para celíacos y que el restaurante ha sabido gestionar sin construir su identidad gastronómica alrededor de una restricción. También ofrece alternativas vegetarianas y veganas. Si no necesitas ninguna de esas opciones puedes pasar por toda la comida sin acordarte de ello, que probablemente sea el mejor cumplido posible.
Ese tono informal, unido a una cocina con más intención de la que anuncia el término “tasca”, explica que mantenga una clientela muy fiel. Además, tienen una carta de vinos tan estupenda que no te vas a creer que en este pequeño lugar puedan proponerte referencias tan originales. De hecho, tienen además La Taverna del 42 en el centro del pueblo (calle de las Viñas, 6), una vermutería con una selección de vinos que quita el hipo y una chacinería y pequeños platos para compartir, de primer nivel. En una zona donde resulta bastante fácil pagar por las vistas, es maravilloso que apetezca encontrar un lugar donde el principal motivo para regresar siga estando en los platos. Absolutamente recomendable.
Dirección: Ctra. Moraira a Calpe, 128, Moraira.
Teléfono: 965 74 55 95IG: @tasca42
Billy’s
A Billy’s se viene a desmontar prejuicios. Detrás de uno de los locales más discretos de Moraira se esconde una de las cocinas más sorprendentes de toda esta parte de la Costa Blanca. Está en la carretera que conduce hacia Calpe, a pocos metros de Tasca 42, en un pequeño bar con terraza, sin vistas espectaculares, sin una decoración pensada para Instagram y sin ninguno de esos códigos que permiten identificar desde la puerta que estamos ante un restaurante especial. Mejor así. La sorpresa empieza precisamente por ahí.
Al frente está Adrián Ruiz, hijo de Miquel Ruiz, uno de los cocineros más singulares de la Marina Alta y responsable de convertir El Baret de Miquel, en Dénia, en un lugar de peregrinación para quien disfruta de una cocina con pocas reglas y mucha personalidad. Billy’s conserva deliberadamente el espíritu de bar familiar y lo utiliza como escenario para una propuesta mucho más ambiciosa de lo que cabría esperar. Repsol terminó concediéndole un Solete, aunque probablemente ese sea el detalle menos interesante de la historia.
La cocina se mueve según el mercado y según las ganas de jugar de Adrián (y su mujer). El figatell de sepia se ha convertido en uno de los bocados que mejor explican la casa, uniendo tradición valenciana llevada al mar . Alrededor aparecen sardinas, caballa, bonito, atún, bacalao y pescados que van cambiando, además de unas bravas estupendas y platos fuera de carta que conviene preguntar antes de empezar a pedir. Déjate aconsejar por Adrián, suele ser una excelente idea. Algunos de sus platos, este final de verano, te van a resultar muy apetecibles. Apunta algunas de sus maravillosas propuestas: corvina con curry verde y calamarcito; salmonetes con espárragos y membrillo, crujiente de sardina ahumada con papada ibérica o su merluza fresca con cremoso de pimiento amarillo y brócoli. Casi nada.
Las combinaciones pueden sorprender, las presentaciones están cuidadas y la bodega también guarda algunas referencias poco habituales, pero el ambiente sigue siendo el de un bar donde se viene a disfrutar. Esa contradicción entre lo que aparenta el local y lo que acaba sucediendo en el plato forma buena parte de su encanto.
Por eso Billy’s tiene sitio en una selección como la nuestra en la que también aparecen , hoteles bonitos y restaurantes con estrella Michelin. Porque después de tantas palabras como diseño, sostenibilidad o experiencia conviene recordar que cuando la cocina es excepcional, casi todo lo demás se vuelve secundario. Y aquí se come muchísimo mejor de lo que la primera impresión permite sospechar. No se lo cuentes a nadie.
Dirección: Ctra. Moraira a Calpe 132, Moraira.
Teléfono: 675 05 81 29
IG: @billysmoraira
Nazario Cano
Venir hasta aquí solo para cenar sería quedarse bastante corto. Ritual de Terra Moraira es uno de esos proyectos concebidos para que el mundo exterior vaya perdiendo importancia a medida que atraviesas la puerta: vegetación, arquitectura contemporánea, spa, calma y una manera muy afinada de entender ese lujo silencioso. Dentro del resort, Nazario Cano ocupa su propio espacio y eleva bastante el nivel gastronómico del conjunto.
El restaurante abrió en 2025 como uno de los proyectos más personales de un cocinero que conoce bien la Marina Alta. Nazario ya había conseguido una estrella Michelin en su etapa en El Rodat, en Xàbia, y otra posteriormente en Odiseo, en Murcia. Ahora ha regresado a la zona con un restaurante más íntimo y una cocina que la guía roja ha incorporado este año, con motivos suficientes, a su selección de recomendados.
El interior acompaña muy bien esa idea. Tonos tierra, madera, una iluminación precisa y elementos escultóricos construyen un comedor sofisticado sin convertirlo en un espacio rígido. La atención se desplaza rápidamente hacia la mesa y hacia una propuesta que se articula a través de tres menús degustación de asequibles precios (entre 90 y 150 euros, ). Marisco, pescados, verduras y caza conviven en una cocina contemporánea que mira al producto local sin renunciar a la memoria personal del chef.
Nazario trabaja sabores del mar y de la tierra, pero también recuerdos que conectan la Marina Alta con sus raíces manchegas. La técnica está muy presente, aunque el objetivo no es exhibirla constantemente. Productos frescos de proximidad, fondos intensos, elaboraciones marinas y piezas de caza construyen una experiencia bastante más gastronómica que el resto de direcciones de Moraira incluidas en esta selección.
Y hay una segunda razón para venir. Dentro del mismo Ritual de Terra está MADRE, también bajo la dirección gastronómica de Nazario Cano y con un registro más relajado, pensado para compartir, con terraza, cócteles y un interiorismo mucho más exuberante. La combinación permite descubrir las dos caras del mismo proyecto y ofrece una excelente excusa para regresar sin repetir experiencia. Nazario para una gran cena; MADRE para cuando el plan pide bajar un par de marchas y alargar la noche.
Dirección: C. Moncayo, 20, Moraira.
Teléfono: 613 48 65 97
Web: https://www.ritualdeterra.com/es/nazario-cano
Carvón
Que Carvón se escriba con “v” no es una errata. Es un pequeño homenaje al vino y una pista bastante buena de lo que sucede dentro de este restaurante del casco antiguo de Moraira. El fuego ocupa buena parte de la cocina y el vino se toma lo suficientemente en serio como para colarse hasta en el nombre. Detrás están Germán López, cocinero uruguayo, y Sandra Rausell, sumiller, una pareja que ha construido un restaurante pequeño, muy personal y con dos argumentos difíciles de discutir: buen producto y brasas.
El local está frente a la iglesia del pueblo y tiene esa escala que te permite entender rápidamente quién está detrás del proyecto. Germán manda en la cocina y Sandra en la sala y la bodega, donde presta especial atención a pequeños productores y referencias menos previsibles. Para que lo sepas, Sandra fue reconocida entre los mejores sumilleres de España el año pasado. Déjate aconsejar por ella con los ojos cerrados. Aquí han decidido reducir el tamaño del escenario para aumentar el protagonismo de lo que llega a la mesa. Y funciona muy bien.
La carta empieza jugando con platos pensados para compartir y rápidamente deja claro que esto no es simplemente un asador. Hay ensaladilla de sepia bruta, buñuelos de brandada de bacalao, mosquitos de mar o un estupendo guacamole de costa antes de llegar a uno de los grandes argumentos de la casa: los pescados salvajes de lonja cocinados enteros sobre las brasas. Rodaballo, rape y otras piezas van cambiando según mercado, mientras las carnes, con presencia de vaca Rubia Gallega, ofrecen la otra cara del fuego.
Y luego está el vino. La selección que te va a proponer Sandra mira especialmente a pequeños viticultores y encaja con el espíritu de un restaurante que te demuestra que no hacen falta un hotel espectacular ni una piscina ni para convertirse en una de las direcciones más apetecibles de la Costa Blanca. Carvón tiene una terraza concurrida y está muy cerca del mar, sí, pero aquí la razón para reservar está en el fuego y el vino. Michelin y Guía Repsol lo han incluido entre sus recomendados de 2026. ¿Necesitas más razones?
Dirección: Iglesia, 12, Moraira
Teléfono: 633 12 53 81
Web: https://carvon.es
IG: @carvonrest
Casa Bernardi
Italia encontró en Benissa un lugar tan bueno para quedarse que Ferdinando Bernardi decidió no obligarla a volver a casa. Su restaurante ocupa una finca en la partida Pedramala, rodeada de huerta, olivos, almendros y vegetación, con el Mediterráneo apareciendo al fondo. Una ubicación que consigue algo poco habitual en un restaurante con estrella Michelin: restarle solemnidad antes incluso de sentarse.
Bernardi nació en Rímini y creció en el restaurante de su padre. Empezó muy joven en cocina y después acumuló experiencias dentro y fuera de Italia antes de instalarse en la Costa Blanca. Su etapa en Orobianco, en Calpe, le dio una estrella Michelin, pero Casa Bernardi es el proyecto en el que ha podido juntar todas sus referencias de una manera mucho más personal. Hoy cuenta también con Estrella Michelin y con un Sol Repsol. Es una maravilla.
La idea es tan sencilla de contar como complicada de ejecutar porque Ferdinando cocina Italia utilizando Alicante como despensa. Agricultores y pescadores cercanos suministran buena parte del producto y el restaurante trabaja también con su propia huerta. La pasta fresca, los risottos y los sabores italianos junto a pescados del Mediterráneo, verduras locales…. Todo encaja.
Los dos menús que propone -pasta lovers y a modo mío- te permiten recorrer esa relación entre ambas cocinas a través de elaboraciones como cappellacci de berenjena asada, risottos, carnes a la brasa (como el agnolotti, un pato con un escabeche, sublime) o pescados acompañados de ingredientes profundamente italianos. El tortellone de rodaballo te dejará en shock. El pan tiene además entidad propia: la casa elabora una selección artesanal que forma parte de la experiencia y prolonga esa obsesión por controlar desde dentro buena parte de lo que llega a la mesa.
Pero Casa Bernardi entra en nuestra selección por algo más que su cocina y sus premios. La finca, la terraza, la huerta y la hospitalidad consiguen que una experiencia gastronómica de nivel muy alto siga teniendo el tono relajado que pide esta parte del mundo. Al final, la pregunta ya no es si Ferdinando ha traído Italia a Benissa o si Benissa terminó convirtiendo su cocina en algo distinto. No importa. Te vienes y lo descubres. Saldrás con una gran sonrisa, te lo prometemos.
Dirección: Partida Pedramala, 60C, Benissa
Teléfono: 622 30 86 25
Web: https://casabernardi.es/IG: @casa_bernardi_
El Rall
El plan empieza en Cala Fustera (la única playa de arena de la zona) pero sería un error pensar que esa playa es lo mejor que va a ocurrir ese día. A pocos pasos del agua está El Rall, uno de los proyectos más jóvenes de esta selección y una dirección que permite enlazar baño, comida y sobremesa sin convertir el cambio de escenario en una operación demasiado complicada.
Abrió hace solo dos años con una estética natural y relajada que encaja perfectamente con el entorno. La terraza tiene mucho protagonismo, la vegetación y los materiales cálidos marcan el tono y todo mantiene esa distancia justa entre el chiringuito informal y el restaurante elegante. Puedes llegar después de la playa sin sentirte fuera de lugar, pero la cocina tiene suficiente entidad como para venir expresamente, aunque no tengas ninguna intención de pisar la arena.
Producto de proximidad, temporada y mercado en una carta donde los pescados y los mariscos comparten protagonismo con dos de los grandes argumentos de la casa: las brasas y los arroces. Secos, melosos y fideuàs recorren combinaciones clásicas y otras algo menos previsibles. ¿Una sugerencia? Pues, por ejemplo, su sepia “bruta” con romesco, los canelos caseros de mar o sus costillas de atún rojo. Y entre los arroces, el arroz “prohibido” de morena y pichón, la combinación más transgresora que probarás en toda la Costa Blanca.
Y te queda todavía la sobremesa. El restaurante cuenta con bar y coctelería y su cercanía a Cala Fustera convierte la terraza en un lugar peligroso para cualquier compromiso previsto después de comer. Esa es quizá su mejor baza porque llegas pensando en un arroz prohibido, junto al mar, y unas horas después descubres que el día entero ha terminado organizándose alrededor de esa mesa. Tampoco parece un problema especialmente grave. Apaga el teléfono para no saber la hora y evitar llamadas y... déjate llevar.
Dirección: Navegant Josep Ribes 3, Cala de la Fustera. Benissa
Teléfono: 626 50 41 11. Web: https://www.elrall.comIG:
Ca Aleix
Que una ballena de hierro de más de treinta metros te dé la bienvenida ya permite intuir que esta comida no va a ocurrir en un sitio convencional. Se llama Antonia y marca desde la carretera la entrada a Art al Camp, el espacio en el que se encuentra Ca Aleix. A partir de ahí aparecen palmeras, olivos, jardines y esculturas monumentales que convierten el camino hasta la mesa en parte de la experiencia.
El proyecto que te trae hasta aquí está íntimamente ligado a un conocido escultor de Xàbia, Toni Marí, que convierte arte, paisaje y gastronomía en una misma visita. Las piezas de gran formato aparecen entre la vegetación y hacen que te convenga llegar un poco antes de la reserva para recorrer el espacio sin prisas. El restaurante es luminoso y contemporáneo, aunque la terraza se lleva buena parte de las miradas cuando el tiempo acompaña. Vamos, que el escenario vale tanto como la gastronomía.
Vamos al grano. Las tapas se actualizan, las cocas de la Marina cuentan con su propio espacio (maravillosa la de cebolla y sangacho) y los arroces (¡18 variedades distintas!) tienen un peso muy importante dentro de la carta. Entre las propuestas te sugerimos el meloso de gamba y calabaza y una fideuà de figatell y garbanzos que no olvidarás fácilmente. La carta amplía el recorrido con platos pensados para compartir como las mollejas de ternera ahumadas o las pipas de mar, es decir sus tellinas.
El espacio podría convertirse fácilmente en el único protagonista. Lo dicho, no ajustes demasiado la hora de llegada. Art al Camp merece un paseo, la terraza merece tiempo y probablemente acabarás haciendo alguna fotografía incluso aunque lleves todo el verano jurando que no vas a sacar el móvil cada vez que encuentres un sitio bonito. Ca Aleix tiene esa capacidad de hacer memorable el lugar antes incluso de que llegue el primer plato. Un viaje gastronómico que va mucho más allá.
Dirección: Camí Cabanes, 205, Xàbia
Teléfono: 629 26 89 00
Web: restaurantecaaleix.comIG: @caaleixrestaurant
Chola Gastro
En Chola puedes empezar a cenar en Xàbia y acabar, plato a plato, bastante lejos del Mediterráneo. Perú, México, Japón o Vietnam entran y salen de una carta que convierte esta dirección del casco urbano en la propuesta más viajera y mestiza de nuestra selección. También es una de las más jóvenes en espíritu por ser la más desenfadada, colorista y pensada para compartir.
El interiorismo acompaña muy bien la idea. Materiales cálidos, vegetación, estampados y una estupenda terraza exterior que crean una atmósfera bohemia que funciona especialmente bien en tus noches de verano. No hay aquí referencias marineras obvias ni necesidad de recordarte constantemente que estás en la costa. Chola prefiere mirar bastante más lejos y utilizar Xàbia como punto de partida para una cocina abierta a influencias de medio mundo.
Latinoamérica tiene un peso importante, aunque no exclusivo. Aparecen estupendos ceviches (un punto dulzón) y sabores peruanos, pero también elaboraciones asiáticas y combinaciones que se permiten cruzar fronteras con bastante libertad. La carta tiene algunos platos sublimes como el tuétano de vaca con tartar de atún rojo o las croquetas de ají de gallina. El formato menú de 8 platos (por 60 euros) te invita desde el minuto cero a que coloques varios platos en el centro, los pruebes (casi) todos y renuncies durante un rato a esa estructura de primero, segundo y postre que aquí tendría bastante poco sentido.
Chola es precisamente el golpe de aire diferente que necesita una ruta por una comarca donde el arroz, el pescado de lonja y la cocina mediterránea tienen, lógicamente, muchísimo protagonismo. Después de varios días comiendo estupendamente cerca del mar, descubrir que alguien quiere llevarte a Sudamérica o Asia sin salir de Xàbia puede parecer una idea todavía mejor.
Dirección: Av. d’Alacant, 13, Xàbia
Teléfono: 665 57 94 77Web: cholagastro.comIG: @chola_cacao
Volta i Volta
La próxima vez que alguien te diga que en un pueblo de costa hay que comer necesariamente mirando al mar, mándalo a esta pequeña calle del casco antiguo de Xàbia. Volta i Volta ocupa una antigua vivienda en la calle Santa Teresa, lejos de las sombrillas y del paseo del Arenal, en una parte de la localidad que merece por sí sola abandonar durante unas horas la playa.
El restaurante conserva detalles de la casa original y los mezcla con un interiorismo sencillo, cálido y contemporáneo. Nada parece colocado para convertir el edificio en una caricatura de vivienda tradicional. La rehabilitación respeta lo que había y deja que la arquitectura forme parte del restaurante. Destaca precisamente esa combinación entre la antigua casa y una propuesta gastronómica mediterránea con influencias italianas y de otras latitudes. Todo fluye.
Detrás están Margherita, italiana, y Carlos, valenciano, que después de viajar por diferentes lugares decidieron echar raíces en Xàbia. No les ha salido mal la jugada porque ha terminado dando forma a lo que ellos llaman “nuevas tradiciones”, una manera bastante acertada de definir una cocina muy personal. Italia aparece, naturalmente, pero también las experiencias acumuladas durante esos años de viaje.
Tienes una carta no muy amplia, pero estupenda. Lo breve si bueno... Pídete, ahora que aún están en temporada, sus clotxinas al horno con pesto de pistacho y algas o su pata de pulpo del Mediterráneo rellena de ibérico a la brasa con garbanzo lechoso. El pescado llega de la lonja de Xàbia, compran a pequeños productores de la zona y en la propia cocina elaboran encurtidos, marinados, conservas y otros elementos que después entran en los platos. Ahí están el rape, el rodaballo o el calamar con alubias que quitan el hipo.
Dirección: C. Santa Teresa, 3, Xàbia
Teléfono: 965 04 28 23
Web: voltaivoltarestaurant.comIG: @restaurante_voltaivolta

