sábado, 27 de junio de 2026

Canal Noticias : Desalojan de un hospital a cuarenta familiares de un enfermo por no respetar los horarios y llevarse sillas

  CanalNoticias


Alrededor de 40 personas de una misma familia han tenido que ser desalojadas del Hospital Clínico San Cecilio de la ciudad de Granada tras provocar altercados en el centro sanitario durante la tarde-noche de este pasado miércoles y la madrugada del jueves.

Así, y según la noticia que ha avanzado el diario 'Ideal', el suceso ha tenido lugar en la séptima planta del referido hospital, y a consecuencia del mismo hubo identificaciones por parte de la Policía Nacional, pero ningún detenido.

Fuentes policiales han confirmado que recibieron un primer aviso en torno a las 20,30 horas por parte del servicio del control de seguridad del Clínico que requería al cuerpo nacional por altercados provocados por una familia de en torno a 40 personas «que estaba provocando problemas en el hospital».

Hasta el lugar se desplazaron varios indicativos policiales de seguridad ciudadana y de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) y la Unidad de Intervención Policial (UIP). Esta presencia de los agentes resultó disuasoria y la familia acabó saliendo del hospital. Tan solo levantaron un acta por falta de respeto.

El suceso tuvo una segunda parte cuando en torno a las 1,30 horas ya del viernes, el servicio de seguridad volvió a requerir de urgencia a la Policía Nacional de nuevo por alteración del orden por parte de la familia, al parecer, porque un familiar había fallecido.

En este caso fueron seis los agentes de seguridad ciudadana del cuerpo nacional los que llegaron al Clínico San Cecilio, donde apenas media hora después estas personas fueron abandonando el lugar «más tranquilos» tras una presencia policial que, de nuevo, resultó ser disuasoria, y en esta ocasión sí que se realizó la identificación de varias personas, pero no hubo detenidos.

Desde el Hospital Universitario Clínico San Cecilio de Granada han mostrado su «rechazo y condena» a cualquier comportamiento violento, intimidatorio o incívico que pueda alterar el normal funcionamiento de la actividad asistencial o comprometer la seguridad y el bienestar de pacientes, familiares y profesionales.

«Un hospital es un entorno especialmente sensible, concebido para el cuidado, la recuperación y el acompañamiento en momentos de especial vulnerabilidad, por lo que situaciones de tensión o agresividad resultan incompatibles con estos principios», han trasladado desde el centro a Europa Press.

El hospital ha agradecido la labor y rápida actuación de los profesionales de seguridad del centro y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y han señalado al hecho de que su intervención «resulta fundamental para preservar un entorno seguro».

«Hacemos un llamamiento al respeto de las normas de convivencia y funcionamiento del hospital, apelando a la responsabilidad individual y colectiva para garantizar una atención sanitaria adecuada y un clima de respeto hacia quienes cuidan y hacia quienes están siendo cuidados», concluyen.


Canal Curiosidades : Conmoción entre los geólogos: encuentran 3 km bajo el hielo de la Antártida una estructura geológica procedente del supercontinente Gondwana

  CanalCuriosidades


Un equipo internacional de geólogos ha identificado una gigantesca estructura geológica oculta bajo el hielo de la Antártida Oriental, a unos tres kilómetros de profundidad. La formación, bautizada como Provincia de Cuencas en Abanico de la Antártida Oriental (EAFBP), tiene dimensiones semicontinentales y converge en un punto situado cerca del Polo Sur.

El hallazgo, publicado en la revista Nature Geoscience, aporta la evidencia geofísica más directa hasta la fecha sobre los mecanismos que desencadenaron la fragmentación del supercontinente Gondwana.

El estudio lo firman Egidio Armadillo, Daniele Rizzello, Pietro Balbi, Alessandro Ghirotto y otros investigadores de universidades e institutos europeos, junto a Martin Siegert.

Los científicos identificaron 30 cuencas subglaciales con forma de V que se extienden radialmente desde un punto pivote situado a 86,4° de latitud sur. La estructura se extiende desde la bahía de Prydz hasta las Montañas Transantárticas, una distancia de más de 1.500 kilómetros en sus cuencas principales.

Cómo es la estructura en abanico hallada bajo el hielo de la Antártida y qué revela sobre Gondwana

La Antártida Oriental cubre más del 99% de su superficie con hielo, lo que impide el acceso directo al lecho rocoso. Los investigadores utilizaron datos de sondeo de eco de radio y análisis gravimétrico y sísmico para mapear la topografía subglacial con un nivel de detalle sin precedentes. Los datos confirmaron que las 30 cuencas identificadas forman un patrón radial coherente a escala continental, como un abanico que se abre desde un punto pivote cerca del Polo Sur.

El equipo propone que esta estructura se formó por extensión rotacional intraplaca antes de la ruptura de Gondwana, el supercontinente que existió entre el Neoproterozoico y el Jurásico y del que se derivaron Sudamérica, África, la Antártida, Australia, Arabia e India.

El proceso habría tenido tres consecuencias a escala continental: hacia el oeste, generó la compresión que elevó las Montañas Gamburtsev; hacia el este, rotó las Montañas Transantárticas unos 20 grados en sentido horario; y hacia el norte, creó la línea de debilidad litosférica que controló la separación entre la Antártida y Australia.

Los investigadores señalan que la estructura también habría influido en el desarrollo posterior de la capa de hielo de la Antártida Oriental, que nucleó hace unos 34 millones de años. Las cuencas subglaciales controlan hoy la localización de los principales glaciares de salida del continente, como el glaciar Totten, el Denman y el Amery, lo que implica que procesos geológicos iniciados hace unos 150 millones de años condicionan directamente la dinámica del hielo antártico en la actualidad.

Qué implica este hallazgo para entender la tectónica de placas y el futuro del hielo antártico

La región identificada como EAFBP alberga aproximadamente la mitad de la capa de hielo de la Antártida Oriental, con un equivalente en nivel del mar de 28 metros. El estudio señala que las cuencas subglaciales, al encontrarse en algunos puntos por debajo del nivel del mar moderno, pueden aumentar la sensibilidad y vulnerabilidad de la capa de hielo ante el calentamiento global. La geometría tectónica heredada de Gondwana influye, por tanto, en los modelos de proyección del nivel del mar.

Desde el punto de vista de la tectónica de placas, el hallazgo obliga a revisar las reconstrucciones del encaje entre Australia y la Antártida, ya que algunos modelos actuales presentan solapamientos anómalos de corteza continental que este nuevo marco geológico podría explicar.

Los investigadores también apuntan que la extensión rotacional detectada en la Antártida no tiene continuación en Australia, lo que confirma que el proceso fue exclusivamente antártico y no una



Canal Curiosidades : Unos geólogos islandeses explican por qué los volcanes siguen siendo el fenómeno más impredecible de la Tierra

 CanalCuriosidades


A pesar de la actual monitorización constante de los volcanes, siguen existiendo dos incógnitas muy difíciles de despejar en tiempo real, según explican unos científicos en un artículo publicado en Science.

Un reciente estudio científico publicado en la revista Science, que ha sido elaborado por investigadores de la Universidad de Islandia y el Instituto de Estudios Avanzados de Dublín, evidencia lagunas que impiden la anticipación para detectar cuándo despertará un volcán, durante cuánto tiempo durará una erupción volcánica y con qué violencia lo hará.

¿Por qué es tan difícil predecir una erupción volcánica?

A pesar de que la ciencia ha mejorado de forma relevante su capacidad para detectar señales precursoras en las erupciones volcánicas, el nuevo estudio recalca que el impacto social de una erupción volcánica depende de su ocurrencia, pero también de su ubicación, estilo de actividad y especialmente, de su escala.

Las pequeñas erupciones son frecuentes y más localizadas, pero las supererupciones, de magnitud 8 en el índice de explosividad volcánica, son extremadamente raras y capaces de alterar el clima global.

Además, el impacto social de una erupción volcánica es devastador y multifacético, provocando el desplazamiento forzado de poblaciones enteras, la destrucción de viviendas e infraestructuras críticas como carreteras y escuelas, pérdidas económicas severas por la destrucción de la agricultura y el turismo, así como graves riesgos para la salud debido a la caída de ceniza y gases tóxicos.

Sin embargo, frente a estos riesgos, sólo tenemos una imagen aproximada de los sistemas volcánicos. Ni siquiera se puede saber cuánto magma hay disponible debajo de una estructura volcánica, incluso con los datos de mayor calidad que se obtienen actualmente.

Aunque los seísmos precursores a una erupción o la deformación del terreno previa sí se detectan casi siempre, a veces solo se hace tan sólo unas horas antes y sólo si existen sistemas de vigilancia.

Es la complejidad del sistema lo que hace imposible que virtualmente se pueda predecir un resultado preciso del momento exacto, tamaño y duración de una erupción, porque a menudo su respuesta es no lineal. Se puede decir que una erupción es muy probable, pero no existen herramientas para decir cómo de grande será y cuáles serán sus efectos.

¿Cuáles son las posibles soluciones?

La mayoría de las grandes erupciones volcánicas se originan en sistemas cerrados, en los que la presión aumenta internamente y al estar los conductos sellados, llegan al colapso. Los volcanes empiezan a emitir señales antes de alcanzar este punto, pero los signos visibles como el vapor no ocurren en la mayoría de casos, por lo que es necesaria la instrumentación técnica.

No obstante, según los investigadores el problema no se resolverá sólo con más sensores. En el estudio se propone una estrategia híbrida que combina modelos físicos de predicción con aprendizaje automático o ML (machine learning) aplicado a modelos de IA (inteligencia artificial).

La inteligencia artificial es una herramienta que permite encontrar tendencias a través de la exploración de grandes conjuntos de datos. Será muy valiosa a medida que se vaya reuniendo mayor cantidad de datos sobre ciclos eruptivos, complementando a la física, la química y el mapeo geológico.

Es fundamental disponer de datos para entrenar los modelos de IA, especialmente ejemplos de los eventos más grandes que a su vez son los más raros y menos frecuentes. En la actualidad, no se dispone de datos sobre los eventos precursores y no hay datos con los que entrenar el machine learning.

Según el estudio, se debe realizar una combinación de una mejor recolección de datos sobre la estructura subterránea, porque la capacidad para estimar el volumen de magma bajo los volcanes todavía es limitada; y de un estudio profundo de los restos de grandes erupciones pasadas para disponer de mayor cantidad de datos reales.

viernes, 26 de junio de 2026

Canal Curiosidades : Un terremoto de magnitud 9.0 desplaza toda una isla desde el centro de la Tierra

 CanalCuriosidades


Durante mucho tiempo se pensó que los terremotos solo desataban su poder destructivo de forma directa y unidireccional. Sin embargo, un nuevo hallazgo geofísico ha revelado que la energía generada en la superficie puede viajar hasta las profundidades del planeta, rebotar en el núcleo y regresar con fuerza suficiente para alterar la corteza terrestre. Este fenómeno, una especie de "eco sísmico", se ha documentado por primera vez gracias al análisis de los datos posteriores al terremoto de magnitud 9.0 que asoló Japón en marzo de 2011.

El estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Chicago y publicado en la revista Science, documenta que las potentes ondas generadas por la fricción de las placas tectónicas viajaron más de 5.800 kilómetros hacia el interior de la Tierra. Una vez allí, chocaron con el núcleo externo, compuesto de metal líquido, y rebotaron en un viaje de regreso a la superficie. Todo este proceso duró apenas 15 minutos.

La energía que retornó fue equivalente a la de un terremoto independiente de magnitud 7.5, lo suficiente como para mover a Japón seis milímetros hacia el este de forma permanente. Según explican los autores, este es el primer evento documentado en el que el eco de un terremoto logra desplazar placas tectónicas enteras.

ScS-triggered slip on megathrust interfaces after the 2011 MW 9.0 Tohoku-Oki earthquake. Sunyoung Park et al. Science, 18 Jun 2026; Vol 392, Issue 6804, pp. 1297-1301. DOI:10.1126/science.aec4190

El despertar de las fallas dormidas

Hasta ahora, los sismólogos asumían que un terremoto principal agotaba la mayor parte de su energía en los primeros compases del sismo, dejando tras de sí solo réplicas de menor intensidad causadas por los reajustes locales de la corteza. Lo que los científicos han descubierto con este evento altera esa percepción: la energía rebotada fue capaz de reactivar los límites de las fallas que estaban aparentemente en reposo tras el impacto inicial.

De hecho, este fenómeno sísmico rebotado afectó a un área enorme de aproximadamente 3.000 kilómetros e involucró el movimiento de cuatro grandes placas tectónicas: la del Pacífico, la de Ojotsk, la del Mar de Filipinas y la Euroasiática. Es, con diferencia, el evento de esta naturaleza más amplio jamás registrado.

Ruido sísmico

El motivo por el cual este acontecimiento había pasado inadvertido durante más de una década reside en la abrumadora cantidad de "ruido" sísmico que siguió al terremoto de Japón, con miles de réplicas que enmascaraban cualquier otra señal subyacente. Sin embargo, al estudiar anomalías en los registros de la densa red de estaciones de GPS repartidas por todo el territorio nipón, los investigadores identificaron un patrón de movimiento continuo que no encajaba con el de las réplicas comunes, lo que destapó la verdadera historia.

Este hallazgo subraya que las grandes fallas pueden permanecer desestabilizadas y moverse horas o días después de que la sacudida principal haya terminado. Eso significa que los expertos deberán incorporar estos potentes "ecos sísmicos" en sus modelos de riesgo, abriendo una nueva ventana de estudio sobre cómo la energía generada en la superficie de la Tierra interactúa con el corazón líquido de nuestro planeta.

Canal Fin Semana Barcelona : Puertas abiertas en la Fàbrica Moritz

 CanalFeriaElPeriodico

Puertas abiertas en la Fàbrica Moritz

Degustación de cerveza

Aleja el calor a base de tragos: la Fàbrica Moritz está de puertas abiertas. Dos días con visitas guiadas exprés y degustaciones de diversas cervezas de la marca cervecera de Barcelona por excelencia. La experiencia es gratuita pero requiere reserva

 previa.


Dónde: Fàbrica Moritz Barcelona (ronda de Sant Antoni, 41).


Cuándo: 27 y 28 de junio.

Canal Fin Semana Barcelona : La Fiesta del Tour

 CanalFiestasElPeriodico

La Fiesta del Tour

Dale la bienvenida al Tour de France

Barcelona celebra la llegada del Tour de France con la Fiesta del Tour, una propuesta cargada de actividades por toda la ciudad. Destacan los conciertos de este fin de semana, con un cartel con nombres como Ladilla Rusa, Sexenni, Doctor Prats, 31 FAM, Suu o Sidonie.

Dónde: plaza de la Catedral y plaza Margarida Xirgu.

Cuándo: del 26 al 28 de junio.

Canal Curiosidades : El deshielo era la mayor preocupación de los científicos pero acaban de confirmar que hay algo mucho peor: el culpable del aumento del nivel del mar

 CanalCuriosidades


Cuando se habla de la subida del nivel del mar, la imagen mental casi siempre es la misma. Un glaciar que se rompe, bloques de hielo cayendo al agua y costas cada vez más amenazadas. Todo eso forma parte del problema, pero no lo explica por completo.

Un nuevo estudio internacional publicado en Science Advances pone el foco en un proceso mucho menos visible. El agua del mar se calienta, se expande y ocupa más espacio. Según la investigación, esa expansión térmica explica el 43% del aumento del nivel medio global del mar desde 1960. No es poca cosa.

El dato que cambia el foco

La subida del mar no se debe a una sola causa. El deshielo de los glaciares de montaña, Groenlandia y la Antártida sigue siendo clave, pero el océano calentado por el cambio climático aparece como el mayor contribuyente desde 1960.

La explicación es sencilla. Cuando el agua se calienta, sus moléculas se mueven más y el volumen aumenta. No hace falta ver caer un iceberg para que el mar suba unos milímetros cada año. A veces, el cambio más importante ocurre sin hacer ruido.

El estudio calcula que los glaciares de montaña explican el 27% del aumento, Groenlandia el 15%, la Antártida el 12% y los cambios en el almacenamiento de agua en tierra el 3%. La pieza principal, aun así, es la expansión térmica del agua marina.

Un océano que se dilata

El océano funciona como una enorme reserva de calor. Absorbe parte del exceso de energía atrapado por el calentamiento global y, al hacerlo, cambia físicamente. En la práctica, el agua caliente necesita más espacio que el agua fría.

Esto no significa que el deshielo sea secundario o que haya dejado de importar. Significa que la subida del mar tiene una parte escondida bajo la superficie, difícil de ver en una fotografía y muy difícil de frenar de un día para otro.

¿Y qué implica esto para una persona que vive cerca de la costa? Implica más riesgo en temporales, mareas altas más dañinas y una presión creciente sobre puertos, paseos marítimos, playas, viviendas y sistemas de saneamiento. Y eso se nota.

La subida se acelera

Los investigadores han calculado que el nivel medio global del mar aumentó a un ritmo de 2,06 milímetros al año entre 1960 y 2023. Pero el dato más preocupante llega al mirar las últimas décadas.

Entre 2005 y 2023, el ritmo subió hasta 3,94 milímetros al año. Es decir, casi el doble. Puede parecer poco si se mira con una regla, pero acumulado durante años cambia mapas, encarece defensas costeras y complica la vida en zonas bajas.

El trabajo también señala que la aceleración no procede de un único factor. Desde 1993, la pérdida de hielo en glaciares, Groenlandia y la Antártida ha ganado peso, pero el calentamiento del océano sigue siendo una pieza central del rompecabezas.

El vacío que faltaba cerrar

Durante años, los científicos tenían un problema incómodo. Las mediciones mostraban que el mar subía, pero al sumar las causas conocidas no siempre encajaba todo con la precisión deseada. Faltaba cerrar el llamado presupuesto del nivel del mar.

Ese presupuesto es, básicamente, una cuenta. Por un lado está lo que se observa que sube el océano. Por otro, lo que aportan la expansión térmica, los glaciares, los casquetes de hielo y el agua almacenada en tierra. La pregunta era simple. ¿Cuadra la suma?

Según el nuevo análisis, ahora cuadra mucho mejor. El estudio incorpora avances en observaciones, correcciones en datos de satélite, mejoras en mediciones costeras y estimaciones más afinadas de pérdida de hielo. Ahí está la diferencia.

Mejores instrumentos, menos dudas

John Abraham, profesor de la Universidad de St. Thomas y coautor del trabajo, resume la importancia del avance con una frase clara. «Podemos explicar el aumento del nivel del mar con mayor confianza».

La clave no está solo en tener más datos, sino en tener datos más limpios. Los satélites permiten medir la altura del mar con enorme precisión, los mareógrafos ayudan a reconstruir series largas y los modelos actuales corrigen sesgos que antes podían pasar desapercibidos.

También influye la red de observación del océano, que permite entender mejor cómo se reparte el calor en distintas capas de agua. Porque el mar no se calienta de forma uniforme. Algunas zonas absorben más energía que otras, y eso complica la lectura global.

Lo que viene ahora

El estudio advierte de algo importante. Aunque se estabilizaran los gases de efecto invernadero, el nivel del mar seguiría aumentando durante mucho tiempo por la inercia del océano y del hielo terrestre. El sistema no se detiene como quien apaga un interruptor.

Esto tiene consecuencias directas para las ciudades costeras. No basta con mirar cuánto subirá el mar este año o el próximo. Hay que planificar décadas por delante, porque carreteras, puertos, viviendas y redes de agua no se adaptan de la noche a la mañana.

En España, como en otros países con mucha costa, el mensaje es claro. La adaptación ya no es una discusión lejana. Es una cuestión de seguridad, economía y sentido común ante un mar que sube despacio, pero sin pedir permiso.

Una amenaza silenciosa

La expansión térmica no tiene la fuerza visual de un glaciar partiéndose en dos. No deja una imagen espectacular para abrir un informativo. Pero es una de las razones principales por las que el océano ocupa cada vez más espacio.

El fondo de la noticia es sencillo y bastante serio. El deshielo importa, el calentamiento global importa y el océano está respondiendo a ambos. La novedad es que ahora los científicos pueden repartir mejor las responsabilidades y cerrar una duda que llevaba años abierta.

El estudio completo ha sido publicado en Science Advances.


Canal Curiosidades : La Tierra entera temblaba misteriosamente cada 90 segundos: el motivo

 CanalCuriosidades



A las 12:35 UTC del 16 de septiembre de 2023, los sismógrafos repartidos por todo el planeta registraron una perturbación que se repetiría cada 90 segundos con la precisión de un metrónomo. No era un terremoto, ni la vibración de una explosión nuclear, ni el estertor de un volcán. Era un pulso sísmico de baja frecuencia, casi imperceptible para los sentidos humanos, pero lo bastante intenso como para hacer ondular la corteza terrestre en todos los continentes. Durante nueve jornadas consecutivas, aquella señal rítmica viajó desde Groenlandia hasta la Antártida, desconcertando a los geofísicos que jamás habían visto nada parecido.

Un mes más tarde, el 11 de octubre, el fenómeno volvió a registrarse, esta vez de forma más breve pero igual de enigmática. La comunidad científica se preguntaba qué clase de mecanismo podía martillear el planeta entero con semejante cadencia. Hoy, casi tres años después, el misterio está resuelto: fue el eco planetario de dos megatsunamis desatados por sendos deslizamientos de tierra en un remoto fiordo del este de Groenlandia. La investigación, publicada en Nature Communications, combina datos sísmicos, observaciones satelitales sin precedentes y modelos numéricos para reconstruir lo que ocurrió en el fiordo Dickson, donde una ola atrapada convirtió la geografía en un instrumento de percusión de escala global.

El fiordo Dickson, un escenario remoto y extremo

El fiordo Dickson es un brazo de mar encajonado en la costa noreste de Groenlandia, un lugar tan aislado que apenas aparece en los mapas turísticos. Sus paredes rocosas se elevan casi verticales desde el agua, creando una geometría cerrada que, como se descubriría después, resultó crucial para el fenómeno. Las temperaturas en la zona rara vez superan los cero grados, y la vida humana se reduce a patrullas ocasionales de la armada danesa que vigilan la región en nombre del reino de Dinamarca. En septiembre de 2023, esas patrullas no detectaron nada fuera de lo común, a pesar de que estaban a escasos kilómetros del epicentro del misterio.

El glaciar que alimenta el fiordo llevaba décadas retrocediendo, mermado por el calentamiento global. El adelgazamiento progresivo del hielo había desestabilizado las laderas, compuestas por una mezcla de roca y permafrost. El 16 de septiembre, una masa de aproximadamente 25 millones de metros cúbicos de material se desprendió y cayó al agua, generando una ola de una altura estimada de hasta 200 metros, la clase de tsunami que los científicos denominan megatsunami porque supera los 100 metros de altura. Menos de un mes después, el 11 de octubre, una segunda ladera colapsó de forma similar. La magnitud de los desprendimientos ya era extraordinaria, pero lo verdaderamente asombroso sucedió a continuación.

La ola que se negaba a morir

Cuando un tsunami se adentra en mar abierto, la energía se disipa con relativa rapidez. Pero en el fiordo Dickson no había mar abierto. La ola, en lugar de expandirse, se encontró con las paredes verticales del fiordo y comenzó a rebotar de un lado a otro. Este fenómeno, conocido como seiche, es el equivalente a lo que ocurre cuando se agita una bañera: el agua oscila de un extremo al otro a un ritmo marcado por las dimensiones del recipiente. En el fiordo, la oscilación alcanzó una altura de casi ocho metros y se prolongó durante días, porque la geometría del lugar atrapaba la energía cinética en un bucle imparable.

«Imaginen un tambor», explica Thomas Monahan, autor principal del estudio. «Cada vez que la masa de agua golpeaba el final del fiordo, enviaba una onda de presión al subsuelo, como un mazo golpeando un parche.» Esa es la analogía que mejor captura lo que ocurrió: el agua se convirtió en el percutor, y la corteza terrestre en una membrana que vibró durante nueve jornadas completas, con un período exacto de 90 segundos entre impacto e impacto. La fuerza horizontal generada se ha calculado en 500 giganewtons, una cifra que equivale a millones de toneladas golpeando la roca cada minuto y medio.

El satélite SWOT, la mirada que faltaba

Durante meses, la hipótesis del seiche se manejaba como la explicación más plausible, pero faltaban pruebas directas. Los sensores terrestres en Groenlandia son escasos, y en el fiordo Dickson no había instrumental alguno. La armada danesa no observó nada anómalo en el paisaje, porque la superficie del agua, pese a las oscilaciones internas, no mostraba las crestas de un oleaje convencional. La pieza que transformó la conjetura en certeza llegó desde el espacio, a bordo de un satélite lanzado apenas nueve meses antes del suceso.

En diciembre de 2022, la NASA y la agencia espacial francesa CNES pusieron en órbita un satélite llamado SWOT (Surface Water and Ocean Topography), diseñado para medir con una precisión sin precedentes la altura del agua en océanos, lagos y ríos. A diferencia de los altímetros tradicionales, que solo toman mediciones justo debajo de la trayectoria del satélite, SWOT barre franjas de 50 kilómetros de ancho, generando mapas bidimensionales de alta resolución. «Es como si antes miráramos a través de una pajita, y ahora tuviéramos una ventana panorámica», comenta uno de los investigadores. Esa ventana permitió observar directamente las variaciones del nivel del agua dentro del fiordo Dickson.

La firma inconfundible del seiche

Al analizar las imágenes de SWOT correspondientes a aquellas fechas, el equipo de Monahan encontró exactamente lo que esperaba pero que nadie había visto todavía: pendientes transversales en el agua que se alternaban en direcciones opuestas cada pocos días, sincronizadas con la señal sísmica de 90 segundos. Era la huella digital del seiche. Los mapas mostraban cómo la masa líquida se inclinaba hacia un costado del fiordo, luego se nivelaba y se inclinaba hacia el otro, en un balanceo rítmico que imprimía su cadencia sobre la corteza terrestre. Mediante técnicas de aprendizaje automático, los científicos pudieron estimar la fuerza y la duración exactas del fenómeno, y cruzarlas con los registros sísmicos obtenidos a más de 1.300 kilómetros de distancia, en estaciones de Islandia y el norte de Europa.

La coincidencia era perfecta. No solo se explicaba el pulso de septiembre, sino también el más breve de octubre. La capacidad de SWOT para capturar este tipo de eventos en zonas remotas y sin instrumentación tradicional supone un salto cualitativo en la vigilancia planetaria. «Sin SWOT, probablemente seguiríamos discutiendo hipótesis alternativas», escriben los autores en el artículo. Su resolución espacial permitió incluso distinguir la pendiente del agua en los días previos al colapso, lo que sugiere que el glaciar ya estaba mostrando signos de inestabilidad.

Un cataclismo silencioso

A pesar de su violencia oculta, el seiche del fiordo Dickson no causó destrucción visible en el entorno inmediato más allá de los tsunamis iniciales. No hubo olas gigantes que barrieran pueblos costeros, ni ríos desbordados, ni deslizamientos adicionales fuera de la zona del glaciar. Fue, en palabras de los investigadores, un cataclismo silencioso: resonó a escala planetaria, hizo vibrar continentes, y sin embargo solo pudo ser apreciado con los sensores adecuados. En la superficie, el fiordo parecía en calma.

Esta naturaleza escurridiza plantea una pregunta incómoda: ¿cuántos otros eventos similares habremos pasado por alto en el pasado reciente, simplemente porque no disponíamos de las herramientas para verlos? La respuesta, dada la velocidad a la que retroceden los glaciares en latitudes polares, podría ser mayor de lo que nos gustaría admitir. El Ártico es una región especialmente huérfana de sensores terrestres, y fenómenos como el seiche de Groenlandia pueden haberse producido sin que nadie los detectase, disfrazados de ruido sísmico o de anomalías inexplicables que quedaban archivadas en cajones virtuales.

El cambio climático como detonante

El estudio no deja lugar a dudas sobre el origen último del suceso: el adelgazamiento del glaciar que desestabilizó las laderas es una consecuencia directa del calentamiento global. Las temperaturas en el Ártico están aumentando al menos el doble de rápido que la media planetaria, un fenómeno conocido como amplificación ártica. En los últimos cuarenta años, la extensión del hielo marino en verano se ha reducido en más de un 40%, y los glaciares groenlandeses han acelerado su ritmo de fusión. El glaciar que colapsó en el fiordo Dickson llevaba años debilitándose, con el hielo perdiendo espesor y capacidad para contener las masas de roca adheridas a sus flancos.

Los científicos advierten de que este tipo de eventos, que catalogan como una «nueva clase de extremos», pueden volverse más frecuentes a medida que el cambio climático acelera el colapso de glaciares en zonas abruptas. No se trata solo de Groenlandia: fiordos de características similares existen en Alaska, en la Patagonia chilena, en la costa noruega y en la isla de Svalbard. Todos ellos albergan glaciares que están retrocediendo. Un deslizamiento comparable en una zona más cercana a núcleos habitados, como los fiordos de Noruega, podría tener consecuencias muy distintas, porque un megatsunami que no encontrara una geometría tan perfecta para atrapar la energía podría, sin embargo, dirigir una ola destructiva hacia localidades costeras.

La importancia de anticipar lo invisible

El caso del fiordo Dickson demuestra que en regiones remotas como el Ártico, donde la vigilancia humana es casi nula, los satélites como SWOT se están volviendo imprescindibles para comprender lo que está ocurriendo. La combinación de altimetría de alta resolución, análisis sísmico y modelos numéricos ofrece una ventana a fenómenos que de otra manera permanecerían ocultos. Y, como señalan los autores, la tecnología ya está madura: SWOT sigue operativo, y nuevas misiones están en desarrollo para mantener la continuidad de las observaciones.

Más allá de la anécdota científica, el hallazgo plantea interrogantes profundos sobre nuestra capacidad para detectar los nuevos sonidos de un planeta en transformación. ¿Cuántos otros seiches o fenómenos extremos estamos ignorando simplemente porque carecemos de las herramientas adecuadas para verlos? ¿Podría un evento similar producirse en otro fiordo del planeta, más cerca de zonas habitadas, y pasar desapercibido hasta que sea demasiado tarde? ¿Estamos preparados para anticipar —y mitigar— los efectos en cascada de un mundo que se calienta?

Un planeta que late en silencio

Quizá la lección más inquietante del seiche de Groenlandia es que la Tierra está cambiando de formas sutiles pero profundas, muchas veces invisibles hasta que alguien logra escuchar. En septiembre de 2023, el planeta latió cada 90 segundos durante nueve días. No fue un latido metafórico: fue un pulso físico, medible, provocado por una masa de agua que golpeaba la corteza terrestre con la fuerza de millones de toneladas. Y no lo causó ninguna fuerza geológica profunda, sino el derretimiento de un glaciar en un rincón perdido del mapa.

Los investigadores han logrado reconstruir aquel acontecimiento con un grado de detalle que habría sido impensable una década atrás. Han demostrado que la tecnología actual puede seguir la pista de fenómenos efímeros a miles de kilómetros de distancia, y que la combinación de satélites, sismógrafos y algoritmos de aprendizaje automático es capaz de extraer señales casi imperceptibles del ruido ambiental. Pero, sobre todo, han puesto sobre la mesa una evidencia incómoda: el cambio climático no solo sube el nivel del mar o intensifica las tormentas; también activa mecanismos que nunca antes habíamos observado, y que quizá aún no somos capaces de imaginar.

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