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La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) ya lo ha confirmado: existe un 82% de probabilidad de que El Niño surja entre mayo y julio de este año y un 96% de que este fenómeno meteorológico continúe en el otoño y el invierno del hemisferio norte. Pero eso no es todo, ya que los científicos han advertido que podría tratarse de un evento "fuerte o muy fuerte" comparable con los 'SuperNiño' de 2015 y 1997, que provocaron sequías extremas e inundaciones devastadoras. "Existe una probabilidad de entre el 30 y el 40% de que lleguemos al nivel de 'SuperNiño' en los meses finales de este año", indica a 20minutos José Luis Camacho, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).
Aunque la incertidumbre todavía es elevada, algunos científicos apuntan a que, de producirse, este fenómeno meteorológico podría ser uno de los más intensos registrados hasta ahora. "La confianza está claramente aumentando respecto al que podría ser el mayor fenómeno de El Niño desde la década de 1870", afirmó Paul Roundy, profesor del Departamento de Ciencias Atmosféricas y Ambientales de la Universidad Estatal de Nueva York en Albany, en un mensaje en X. De acuerdo con la NOAA, la temperatura habría aumentado entre 2,8 y 3,5 ºC durante el 'SuperNiño' ocurrido entre 1877 y 1878, mientras que en el que tuvo lugar en 2015-2016 el incremento fue de casi 2,3 ºC.
De acuerdo con Camacho, El Niño es un fenómeno que se produce cuando se observa una anomalía de temperatura en la superficie del mar en la zona central del Pacífico ecuatorial y tropical de 0,5 ºC o más, en un periodo de un mes, en la región denominada como El Niño-3.4. Pero no solo implica un calentamiento significativo de las aguas superficiales. Para que se desarrolle también debe producirse un debilitamiento de los vientos alisios del este o la presencia de vientos del oeste en las capas bajas de la atmósfera. Es un fenómeno cíclico que suele aparecer entre cada tres a siete años, pero que no tiene un periodo de repetición fijo y que puede durar entre 12 y 18 meses. Para que se produjera un 'súperNiño', la temperatura del agua tendría que aumentar más de dos grados.
"Este Niño muy fuerte ya está dando señales. Debajo del agua del Pacífico ecuatorial ya hay anomalías cálidas muy intensas, del orden de 2 y 3 grados. Son reflejos indirectos de lo que se nos viene encima", indica por su parte Francisco Martín, físico y divulgador de la Meteored. "Estas anomalías, si se comparan con otros años, se puede decir que son equivalentes a El Niño de 2015-2016 y al de 1997-1998", sostiene el experto antes de explicar que actualmente hay olas de calor muy intensas en las regiones 'no Niño'. Es decir, al norte de la región ecuatorial y al sur. "Esto puede condicionar que la fuerza de El Niño de este 2026-2027 pueda ser una décima de grado más que los años anteriores", subraya y añade que El Niño de este año podría elevar entre 2,4 y 2,8 grados la temperatura.
Camacho matiza, por su parte, que las temperaturas del agua del mar en la zona "aún no pasan del umbral del 0,5 ºC, pero están cerca" y añade que las aguas en el litoral ecuatorial de América del Sur en el Pacífico están un grado por encima de lo esperado. Además, hay "mucho calor acumulado" en aguas profundas de todo el Pacífico tropical. Pero estas no son las únicas señales que indican que este fenómeno estaría por comenzar. "Las lluvias que se producen normalmente en Indonesia o Filipinas se han reducido o han parado. Y las ondas Kelvin con agua más caliente se van trasladando de Asia a América a través del Pacífico. Solo falta que se debiliten los vientos alisios", manifiesta.
Aumento de la temperatura y la humedad
En caso de que las predicciones se cumplan y se produzca este fenómeno, se añadirían una o dos décimas de grado a la temperatura media global, aumentaría la humedad de la atmósfera y debilitaría o intensificaría la temporada de huracanes dependiendo de la zona. Usualmente, El Niño reduce los huracanes en el Atlántico y los incrementa en el Pacífico. De hecho la NOAA ya ha informado que existe un 55% de probabilidad de que la actividad ciclónica en el Atlántico sea inferior a lo normal y un 70% de probabilidad de que esta sea superior a la media en el Pacífico durante la temporada de huracanes, que inicia 1 de junio y termina el 30 de noviembre. Se estima que podrían producirse hasta seis huracanes en el primero de estos océanos, mientras que en el segundo se prevén hasta 14.
Entre las zonas más afectadas por este fenómeno se encontrarían las islas de Indonesia, que podría enfrentarse a una sequía y a un mayor riesgo de incendios en las selvas tropicales. También podrían producirse sequías en muchas zonas de Australia, sobre todo si fallan las lluvias en invierno y primavera y se entra en el verano austral con déficits. Del otro lado del mundo, en la costa oeste de América del Sur, podrían aumentar las precipitaciones a partir de octubre y producirse inundaciones. Aunque en el norte de la cordillera de Colombia podría haber déficits hídricos. En resumen, en caso de producirse, "podría traer sequías a zonas donde llueve mucho y grandes precipitaciones a zonas tradicionalmente secas", sostiene Camacho.
Impacto "mínimo" de El Niño en Europa
A medida que nos alejamos del Pacífico ecuatorial, las repercusiones de El Niño son menores. Esto significa que su impacto en el Viejo Continente es "mínimo", dice Martín. "El tiempo en España y Europa está condicionado por otros patrones atmosféricos y oceánicos. Aquí son más importantes el chorro polar o los anticiclones cálidos de tipo subtropical que están generando la ola de calor que tenemos ahora en Europa que El Niño", agrega. "No podemos acusar a El Niño de lo que pase [en España]", expresa por su parte Camacho.
El experto de Meteored también confirma que España probablemente sí experimentará un verano muy cálido, pero será influenciado por patrones atmosféricos típicos de esta estación en Europa. Camacho, por su parte, también desliga esta predicción del fenómeno de El Niño y añade que el verano será "más cálido de lo normal pero debido al calentamiento global". De hecho, Martín afirma que "la contribución de los gases de efecto invernadero al aumento de la temperatura global es hoy por hoy mayor a [los efectos] de El Niño".
Finalmente, ambos expertos coinciden en que no es posible determinar si los episodios de El Niño se están intensificando con el paso del tiempo. "Hay estudios que dicen que el calentamiento global va a potenciar Niños más intensos y hay otros que dicen que no", señala Martín y añade que hoy en día las previsiones estacionarias nos permiten estar mejor preparados para hacerle frente a estos fenómenos. Sin embargo, destaca que continúa siendo necesario mejorar la predictibilidad. "[A pesar de los indicios] la misma NOAA dice que todavía es alta la incertidumbre a la hora de predecir si va a haber un Niño muy fuerte este año", zanja.















