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Mis Noticias y las de mi Barrio la Barceloneta
ElPeriodico

La Unión Sindical de Controladores Aéreos (USCA) y CC OO han realizado un preaviso de huelga indefinida para los controladores aéreos de las torres de control gestionadas por Saerco que comenzaría en 17 de abril a las 00.00 horas y afectaría a 14 aeropuertos en España, entre ellos los gallegos de Vigo y A Coruña.
En concreto, la compañía es la encargada de la gestión del control de tráfico aéreo de los aeropuertos de Madrid-Cuatro Vientos, Lanzarote, Fuerteventura, La Palma, El Hierro, La Gomera, Castellón, Burgos, Huesca, Ciudad Real, Vigo, A Coruña, Jerez y Sevilla.
En un comunicado, los sindicatos han indicado que su decisión de convocar la huelga está destinada a denunciar la falta de plantilla, el deterioro de las condiciones laborales y su impacto en la seguridad operacional.
Los sindicatos sostienen que el conflicto "no responde a incidencias puntuales", sino a un "problema estructural derivado de años de reducción de personal, sobrecarga de trabajo, improvisación organizativa e incumplimientos en materia de descanso, conciliación y planificación del servicio".
Según el preaviso registrado este 6 de abril, la empresa ha ido disminuyendo efectivos "sin reponer adecuadamente las salidas".
Entre las causas de la huelga, USCA y CCOO citan la cancelación de vacaciones ya aprobadas, el uso "abusivo" de las disponibilidades, cambios de turno comunicados "con escaso margen", falta de claridad en los cuadrantes sobre los descansos obligatorios y prácticas organizativas irregulares en varias dependencias.
Las organizaciones convocantes advierten además de que la seguridad aeronáutica "no puede sostenerse sobre una plantilla sometida a fatiga, estrés e incertidumbre permanente".
USCA y CCOO aseguran también que, antes de convocar la huelga, intentaron abrir una vía de negociación con la empresa, pero las reuniones previstas fueron aplazadas o canceladas "de forma reiterada" por parte de Saerco.
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Con esta convocatoria, los sindicatos reclaman plantillas suficientes en todas las torres, respeto a los descansos aeronáuticos y condiciones laborales compatibles con la seguridad operacional y la dignidad profesional. El preaviso señala además que, con carácter previo, se ha solicitado la mediación obligatoria ante el Servicio Interconfederal de Mediación y Arbitraje (SIMA).
CanalLiterario

¿No sabes qué libro regalar por Sant Jordi 2026? Faltan tres semanas para Sant Jordi y las librerías ya se preparan para la fiesta del libro. ¿No sabes qué título o autor elegir? Estos son los títulos más vendidos entre el 23 y el 29 de marzo de 2026, según los datos de 178 librerías de todo el territorio recogidos por el Gremio de Editores de Cataluña.
Palomitas de Madrugada, de Regina Rodríguez (Club Editor), se estrena esta semana y entra directamente en la primera posición del ranking semanal de libros más vendidos. Le siguen Prometeo de mil maneras, de Carles Rabassa (Universo), y El juego del silencio, de Gil Pratsobrerroca (La Campana).
Donde nace la luz, de Oriol Mitja (Columna), se mantiene como el libro más leído en no-ficción en catalán. Le siguen Anatomía de la esperanza, de Francesc Torralba (Destino), y La última vez que te digo adiós, de Natza Farré (Angle).
Comerás flores, de Lucía Solla Sobral (Libros del Asteroide), lidera la ficción en castellano. Le sigue La ciudad de las luces muertas, de David Uclés (Destino), el mismo autor que en catalán ocupa la sexta posición, y Maite, de Fernando Aramburu (Tusquets).
Instrucción de novicias, de Ana Garriga (Blackie Books), sube hasta la primera posición. El segundo puesto es para Viaje a un nuevo mundo, de Enric Juliana y Esteban Hernández (Arpa), y el tercero es para Atlas de Grecia, de Pedro Olalla (Eclecta), que baja posiciones respecto a la semana pasada.
En catalán, Em dic Goa 1, de Miriam Tirado (B de Blok), ocupa la primera posición en categoría infantil y juvenil en catalán. Por detrás está Tito. Excursión con dinosaurios, de Cristina Jiménez, y Ticniks 3 Vampi, de Martí / Salomó. En castellano lidera el ranking Si fuéramos eternos, de Emma Gil, seguido de Godeik 1. Godeik y la gema maldita (Destino) y Kpop Demon Hunters: ¡Por los fans! (Montena).
Beteve
Las obras forman parte de un plan del gobierno para impulsar la movilidad sostenible de 25 estaciones en toda CataluñaLa estación de autobuses de Fabra i Puig, una de las más concurridas de Barcelona y actualmente la única de la ciudad incluida en el plan de mejoras del gobierno, estará en obras a partir del mes de junio. La intervención llega en un momento en el que la estación se ha convertido en un nudo de movilidad clave, ya que actualmente se concentran todos los autocares del plan alternativo de Renfe mientras se realizan las obras de desdoblamiento del R3 de Cercanías.
La Generalitat invertirá 65.000 euros para rehabilitar la estación con el objetivo de mejorar el estado de las instalaciones, reforzar los sistemas de información a los usuarios y renovar la señalización de identificación. También se prevé modernizar algunos elementos del servicio para hacer el espacio más cómodo y funcional para los viajeros. Las obras tendrán una duración aproximada de seis meses.
La actuación forma parte de un plan más amplio para impulsar el transporte público y la movilidad sostenible. En total, la Generalitat destinará 10 millones de euros a la mejora y rehabilitación de 25 estaciones de autobuses por toda Cataluña durante este 2026.
"El gobierno tiene el transporte público entre uno de sus principales ejes de actuación para facilitar la movilidad de la ciudadanía; una movilidad, además, sostenible", ha señalado la consejera de Territorio, Silvia Paneque.
Beteve
David Navarro, patrón de embarcación, los ha grabado con el móvil: "En abril y mayo es muy normal verlos"
Ver delfines en las playas de Barcelona no es un hecho insólito, pero siempre genera mucha expectación entre los afortunados que pueden observarlos. Eso es lo que le pasó este domingo, 5 de abril, al David Navarro, patrón de una embarcación turística cuando navegaba por el litoral barcelonés. Eran las dos del mediodía cuando justo enfrente de la playa de la Barceloneta se encontró con un grupo de una decena de delfines. "No es un hecho puntual", explica, y añade que justamente ahora, entre los meses de abril y mayo, "es muy normal verlos" en el litoral de la ciudad. Lo atribuye a que sube la temperatura del agua del mar y que los delfines encuentran "más alimento".
David lleva más de 20 años trabajando en el mar. Es hijo de la Barceloneta. "Vivíamos en un cuarto de piso", explica, y asegura que en la ciudad "hay bastante fauna pero la gente lo desconoce". "He visto de todo: tortugas, mantas, peces luna... Este lunes mismo había un grupo de atún en la playa del Somorrostro", añade.
ecoticias

¿Te imaginas abrir el paraguas en la Antártida? Allí lo normal sigue siendo la nieve, el viento y un sol que rebota en el hielo. Pero en la Península Antártica, la franja que apunta hacia Sudamérica, la lluvia empieza a aparecer con más frecuencia.
Un análisis reciente sobre esta región advierte de un giro clave. Con temperaturas más altas, una parte de la precipitación pasa de nieve a lluvia. Parece un matiz, pero cambia las reglas del juego para glaciares, hielo marino y fauna.
La Antártida es un desierto polar. En promedio recibe el equivalente a unos 150 milímetros de agua al año y casi todo llega en forma de nieve. Por eso la lluvia ha sido, durante décadas, una rareza ligada a la costa.
La Península, sin embargo, se calienta más rápido que el resto del continente. El estudio revisa escenarios de emisiones y concluye que habrá más días por encima de 0 ºC, sobre todo en verano. En el escenario de emisiones muy altas, los días sobre cero podrían pasar de unos 20 al año a cerca de 48 hacia finales de siglo.
Nieve y lluvia no se llevan bien. Un manto blanco puede aguantar días, hasta que llega agua templada y se deshace en horas. En la Península Antártica, la lluvia aporta calor y además puede “lavar” la nieve reciente que alimenta y protege a los glaciares.
El agua también puede colarse hacia la base del hielo y actuar como lubricante, facilitando que el glaciar se deslice más deprisa hacia el mar. El resultado suele ser más pérdida de hielo y más desprendimiento de icebergs.
En las plataformas de hielo flotantes el riesgo va por otro lado. El agua líquida puede acumularse en charcos, absorber más energía solar que la nieve y abrir grietas hacia abajo, debilitando la estructura. Este proceso se ha vinculado a colapsos como los de Larsen A y Larsen B a comienzos de los años 2000.
Una parte del aire cálido y húmedo llega en forma de “ríos atmosféricos”, corredores estrechos que transportan mucha humedad y descargan de golpe cuando alcanzan el continente. Cuando coinciden calor y lluvia, la fusión superficial puede dispararse. El análisis recuerda un episodio de fusión récord en 2022 asociado a uno de estos eventos.
Hay más señales recientes. El trabajo menciona que en julio de 2023 se observó lluvia y temperaturas de hasta 2,7 ºC en el norte de la Península en pleno invierno. Y la Organización Meteorológica Mundial verificó en 2021 un máximo de 18,3 ºC medido el 6 de febrero de 2020 en la base argentina de Esperanza.
La lluvia puede inundar zonas de cría y empapar a los pollos de pingüino, cuyo plumón no es impermeable. En un lugar pensado para un “desierto frío”, un chaparrón a destiempo puede marcar la diferencia entre salir adelante o no.
A esto se suma el retroceso del hielo marino, que funciona como hábitat y como “colchón” frente al oleaje. En escenarios de emisiones altas, el estudio proyecta reducciones alrededor de la Península cercanas al 20% en invierno hacia finales de siglo. Menos hielo significa más calor absorbido por el océano y más presión sobre el kril, base alimentaria para muchas especies.
Los autores también esperan cambios de distribución. Las especies más dependientes del hielo, como el pingüino de Adelia o el barbijo, podrían perder terreno frente al pingüino papúa, más adaptable y ya en expansión hacia el sur.
La logística antártica está diseñada para nieve, no para lluvia persistente. Si el agua se congela sobre pistas de aterrizaje o deja capas de hielo, los vuelos se paran y el trabajo científico se frena. Y sin datos, prever lo que viene se vuelve más difícil.
Además, la Península concentra buena parte de los “Historic Sites and Monuments” protegidos por el Sistema del Tratado Antártico, un listado que supera las 90 ubicaciones entre refugios y estructuras históricas. Más humedad y deshielo del permafrost aumentan el desgaste y obligan a mantener más y mejor en un lugar donde todo cuesta el doble.
“Changes in the Antarctic do not stay in the Antarctic”, resume la glacióloga Bethan Davies, autora principal del trabajo. Si la región cambia, afecta al nivel del mar y a la forma en la que se reparte el calor en los océanos.
Curiosidades
Cuando pensamos en el final del planeta, imaginamos algo rápido y espectacular, un gran impacto o una explosión. La ciencia, sin embargo, también habla de finales silenciosos, de esos que avanzan a ritmo de eras geológicas.
Un estudio revisado por pares y divulgado por la NASA plantea un escenario así, la atmósfera podría dejar de ser rica en oxígeno en unos 1.000 millones de años y eso haría inviable la vida compleja tal y como la conocemos. ¿Qué significa esto en la práctica para nosotros hoy? Da perspectiva.
Los investigadores Kazumi Ozaki y Christopher T. Reinhard han estimado cuánto podría durar la “ventana” de una atmósfera oxigenada en la Tierra. Para ello usaron un modelo que combina clima y procesos biogeoquímicos y lo ejecutaron más de 400.000 veces.
La cifra clave es esta. La atmósfera mantendría niveles de oxígeno por encima del 1% del nivel actual durante unos 1,08 ± 0,14 mil millones de años, y después se produciría una desoxigenación rápida en términos geológicos. La NASA destaca que, en ese horizonte, el oxígeno podría caer a menos del 10% de la concentración actual.
Hay otro detalle importante sobre el orden de los cambios. El estudio sugiere que esta caída del O2 se desencadenaría antes de que la Tierra entre en un escenario de invernadero húmedo (cuando el aire se carga de vapor de agua y retiene más calor) y de pérdida intensa de agua.
El “motor” de este cambio no es un choque cósmico, sino la evolución normal de una estrella como el Sol. A escala geológica, el Sol va aumentando su luminosidad de forma lenta pero constante, y eso empuja a la Tierra hacia un planeta más cálido.
Aquí entra un detalle que suele sorprender. Los autores explican que el sistema tendería a una biosfera limitada por CO2 (con tan poco “alimento” para la fotosíntesis que plantas y algas rendirían peor), y eso terminaría reduciendo la fabricación natural de oxígeno.
Dicho de forma cotidiana, la Tierra se quedaría sin “fábricas” suficientes de oxígeno antes de quedarse sin océanos. No es poca cosa.
En este escenario, el oxígeno no desaparece de un día para otro, pero el salto final hacia un estado pobre en oxígeno sería rápido comparado con los ritmos de millones de años. Y eso se nota.
Según el comunicado del equipo, la atmósfera tras esa gran desoxigenación tendría más metano, poco CO2 y sin capa de ozono. Ozaki lo resume así «The atmosphere after the great deoxygenation is characterized by an elevated methane, low-levels of CO2, and no ozone layer».
Para cualquier organismo que necesite oxígeno, la cuenta está clara. Plantas, animales y la inmensa mayoría de seres pluricelulares quedarían fuera del tablero, mucho antes de que el Sol entre en su fase de gigante roja.
Llegados a este punto conviene separar dos historias. El calentamiento que describe este estudio juega en la liga de los cientos de millones de años y está impulsado por la evolución natural del Sol.
La crisis climática actual se mide en décadas y tiene otra causa. NASA recuerda que el Sol influye en el clima, pero no explica el calentamiento de las últimas décadas, demasiado rápido y grande para atribuirlo a la actividad solar.
El IPCC también lo cuantifica. En el balance desde la era preindustrial hasta 2010 a 2019, los factores naturales aportan un cambio pequeño, mientras que el calentamiento atribuible a la actividad humana domina.
Esta investigación no solo habla del futuro de la Tierra, también toca un tema clave en astronomía. El oxígeno y el ozono se usan como señales potentes cuando intentamos detectar vida en exoplanetas.
El problema es la ventana de tiempo. Si un planeta puede ser habitable durante miles de millones de años pero solo mantiene oxígeno alto durante una fracción (el estudio sugiere del 20% al 30% de su historia como mundo habitado), podríamos estar mirando planetas vivos en el momento equivocado.
Por eso los científicos piden ampliar el “catálogo” de señales. La idea es no depender solo del O2 cuando se estudian atmósferas con poco oxígeno o incluso sin oxígeno.
Nada de esto cambia las prioridades inmediatas en la Tierra, porque no estamos ante una amenaza para nuestra generación. Pero sí da perspectiva sobre lo frágil que puede ser el equilibrio que sostiene un planeta habitable.
La idea de fondo es simple. La habitabilidad no es un interruptor que se apaga de golpe, es un proceso, y depende de cadenas de equilibrio que a veces parecen invisibles, como el ciclo del carbono y el papel de la fotosíntesis. Y en esa cadena, la biosfera mantiene el oxígeno alto.
Curiosidades
Durante décadas, estudiar el pasado remoto ha sido como intentar reconstruir un libro del que faltan casi todas las páginas. Los restos se degradan, el ADN se fragmenta y los ecosistemas desaparecen sin dejar un registro completo. Pero, en ocasiones muy raras, la naturaleza hace algo distinto: conserva.
Eso es lo que acaba de ocurrir con el hallazgo de una cápsula del tiempo natural de casi un millón de años de antigüedad, preservada en el interior de una cueva en Nueva Zelanda. No es una cápsula construida por humanos, sino un entorno que ha permanecido aislado, protegido de la luz, el oxígeno y las alteraciones externas durante cientos de miles de años.
Y ese aislamiento lo cambia todo porque, en lugar de restos dispersos, un equipo de científicos de la Universidad de Flinders ha podido analizar un conjunto coherente de evidencias que funcionan como una instantánea del pasado. Un ecosistema antiguo que no ha sido reconstruido a partir de fragmentos, sino observado de forma mucho más directa.
Para entender la magnitud del hallazgo, conviene situarse en ese momento. Hace cerca de un millón de años, el planeta atravesaba ciclos glaciares e interglaciares, con cambios climáticos que transformaban lentamente los paisajes. Los humanos modernos aún no existían, y muchas de las especies que habitaban la Tierra eran distintas a las actuales o antecesoras de ellas. Es, en cierto modo, un mundo anterior al nuestro.
Uno de los grandes desafíos para estudiar este tipo de restos ha sido siempre el ADN. Con el paso del tiempo, el material genético se degrada hasta volverse prácticamente irreconstruible. Por eso, durante años, parecía imposible obtener información fiable de muestras tan antiguas.
Sin embargo, las nuevas técnicas genéticas han cambiado ese límite. Métodos avanzados permiten recuperar fragmentos diminutos de ADN y recomponerlos, separándolos incluso de la contaminación acumulada durante milenios. Lo que antes era ruido, ahora empieza a convertirse en información útil. Y esa información no solo permite identificar especies, permite entender relaciones.
Los responsables del avance, liderados por Trevor Worthy, han desenterrado restos de fauna antigua en una cueva cerca de Waitomo, en la Isla Norte de Aotearoa. Es la primera vez que se encuentra un gran número de fósiles de millones de años, incluyendo un ancestro del gran loro no volador Kākāpō.
Esto indica que la fauna antigua de Nueva Zelanda se vio significativamente afectada por cambios climáticos catastróficos y erupciones volcánicas, lo que provocó extinciones frecuentes y reemplazos de especies mucho antes de la llegada de los humanos, según los análisis publicados en Alcheringa: An Australasian Journal of Palaeontology.
“Se trata de una avifauna recientemente identificada en Nueva Zelanda, que fue reemplazada por la que los humanos encontraron un millón de años después – explica Worthy -. Este extraordinario hallazgo nos lleva a concluir que nuestros bosques antiguos fueron el hogar de un grupo diverso de aves que no sobrevivieron al siguiente millón de años”.
El hallazgo también aporta una perspectiva distinta sobre el cambio. Ese ecosistema no desapareció de forma abrupta, sino que forma parte de un proceso largo y continuo de transformación. Las especies evolucionan, los entornos cambian y, con el tiempo, surgen nuevas formas de vida mientras otras se extinguen. En algún punto de esa transición, mucho después, apareceríamos nosotros. Los resultados sugieren que entre el 33 % y el 50 % de las especies se extinguieron durante el millón de años previos a la llegada de los humanos a Aotearoa.
“Estas extinciones fueron provocadas por cambios climáticos relativamente rápidos y erupciones volcánicas catastróficas – concluye Paul Scofield, coautor del estudio -. Gracias a nuestras excavaciones en St Bathans, en Central Otago, a lo largo de muchos años, tenemos una imagen de la vida en Aotearoa entre 20 y 16 millones de años atrás. Estos nuevos hallazgos arrojan luz sobre el periodo de 15 millones de años comprendido entre entonces y hace un millón de años, un periodo prácticamente ausente del registro fósil de Nueva Zelanda. No se trataba de un capítulo perdido en la historia antigua de Nueva Zelanda, sino de un volumen entero que faltaba”.
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