jueves, 24 de septiembre de 2026

Canal Gastronomia : 14 Comidas típicas de Cádiz que tienes que probar

 Canal Gastronomia

La gastronomía y comida típica de Cádiz se compone de platos muy variados y de una gran exquisitez, basados sobre todo en sus productos del mar como el famoso atún rojo de almadraba, la mojama de atún o los pescados y mariscos que se extraen de sus costas.

De entre las muchas recetas tradicionales, te mostramos los platos más típicos de Cádiz que tienes que probar si visitas esta provincia de Andalucía, tanto la capital como si visitas alguna de sus localidades costeras o de interior de la provincia.

Platos típicos de Cádiz

Tortillita de camarones

El camarón, conocido también como quisquilla, es un crustáceo con una coraza poco consistente y una cola larga, de color gris o transparente. Es parecido a la gamba, pero mucho más pequeño, y es muy abundante en la zona de Cádiz, siendo uno de los platos más típicos de la ciudad gaditana.

Comida típica de Cádiz

Una de las recetas más típicas de esta provincia son las tortillitas, que se hacen tomando como base una masa hecha de harina de trigo, harina de garbanzos, cebolla, perejil, agua, sal, y, por supuesto, camarones, generalmente vivos. Con esta masa se hacen unas pequeñas tortillas en la sartén, friéndolas en aceite de oliva muy abundante, y se comen recién fritas, resultando muy exquisitas y crujientes.

Papas con chocos

Como su nombre nos indica, se trata de un guiso hecho con patatas y choco, conocido también como sepia. La receta se complementa con otros ingredientes como tomates, guisantes, cebolla, pimiento verde, ajo, laurel y vino blanco.

Papas con Choco Cádiz

Pescaíto frito

El pescaíto frito es uno de los platos que podemos probar en la mayoría de bares y restaurantes que puedes encontrar por Cádiz.

Pescaíto frito Cádiz

Para este plato se usan pescados pequeños y que tengan poca espina, como el boquerón, acedías, pijotas, salmonetes o el chanquete. Se pueden añadir algunos moluscos como el calamar, el choco cortados a trocitos o el adobo de varios pescados.

Se sirve recién hecho, muy caliente, y se suele tomar también como aperitivo.

Urta a la Roteña

La urta a la Roteña, es uno de aquellos platos en los que encontramos muchas variedades a la hora de prepararlo.

Urta a la roteña Cádiz

La urta es un pez que pertenece a la misma familia que la dorada y que cuando es joven recibe el nombre de “catalineta”, con una carne muy apreciada, blanca y compacta

Básicamente se trata de un guiso hecho con este pez, que se deja cocer en una cazuela junto a una serie de ingredientes, como vino, patatas, tomates, cebollas y pimientos verdes.

Cazón en adobo

Se trata de un plato cuya base es el cazón, que se adoba y seguidamente se reboza.

Cazón en adobo

El adobo se prepara con ajos, comino, pimentón, orégano y vinagre blanco. Con todos estos ingredientes se hace una mezcla donde se dejan unas rodajas de cazón entre 6 y 8 horas. Pasado este tiempo, dichas rodajas se enharinan y se fríen en abundante aceite de oliva, acompañadas de un trocito de limón.

Se comen bien calientes, para que estén crujientes.

Atún rojo

El atún rojo de almadraba es un pescado muy apreciado por su exquisito sabor y muy abundante en las costas gaditanas.

atún rojo cádiz

Se trata de un producto que da mucho juego en la cocina, ya que ofrece un sinfín de posibilidades a la hora de cocinarlo. No solamente se pueden elaborar con él platos con el atún crudo como el tataki, el tartar o el sashimi sino que también se puede preparar con sabrosos guisos acompañados de diversas verduras, o simplemente a la plancha ya constituye un plato muy apetitoso.

Mojama

La mojama es una salazón muy típica de la zona de Cádiz, y cuyo origen surgió para poder conservar los alimentos durante mas tiempo sin que se estropearan. Normalmente se aplica a los lomos de los atunes y consiste en eliminar el agua que contiene para que pueda conservarse más tiempo.

mojama de atún cádiz

Para elaborar la mojama se ponen los lomos de atún en sal gorda durante un día o dos, pasados los cuales se quita la sal. Seguidamente se envuelven en sacos húmedos, en los que permanecen un par de días más. Pasado este tiempo se lavan muy bien y se dejan al aire, para conseguir que se sequen.

La mojama se corta en lonchas muy finas, adereza con aceite de oliva y suele acompañarse de frutos secos, especialmente de almendras.

Caballa con piriñaca

Se trata de un plato de caballa a la plancha, que se asa una vez limpio el pescado y abierto por la mitad. Simplemente tenemos que asarla echándole sal y un buen chorro de oliva.

caballa con piricaña cádiz

Se acompaña con la piriñaca, para cuya elaboración se necesitan tomates, cebollas, perejil, limón, aceite de oliva y vinagre de Jerez. Sencillamente se deberán cortar las verduras y mezclarlas, aderezándolas después con el vinagre y sal gorda.

Huevas y Ortiguillas

Una receta muy típica de la provincia de Cádiz, y que encontraremos en todos los bares de tapas, son las huevas aliñadas, que generalmente son de merluza.

ortiguillas fritas cádiz

Se elaboran cociendo las huevas y una vez frías se cortan a medio centímetro. Seguidamente se les añade pimiento, cebolla y tomate, todo ello bien picado. Para terminar se añade una vinagreta con aceite de oliva, vinagre y sal.

En cuanto a las ortiguillas, se trata de unas anémonas que se fijan en las rocas del mar o en los arrecifes de coral. Aunque su aspecto no es muy agradable su sabor es exquisito, y se suele consumir simplemente enharinado y frito en aceite de oliva. Se sirve en la mayoría de bares de Cádiz como tapa.

Atún en tomate

Se trata de una receta cuya base es el atún fresco, cortado en dados grandes. Se empieza friendo primero el atún, añadiendo seguidamente a la cazuela pimientos verdes y ajos. Todo ello se dejará pochar, cociendo durante unos 20 minutos.

atún en tomate cádiz

Pollo a la canilla

Este plato se hace con pollo cortado en trozos pequeños, usándose muy frecuentemente para ello el contramuslo.

pollo a la canilla cádiz

Se elabora poniendo en una cazuela una capa de ajos y laurel, y encima de ella, otra capa, en esta ocasión de pollo. Se van colocando capas, alternándolas y añadiendo a cada una un trocito de guindilla, hasta que hayamos puesto todo el pollo. Seguidamente, se echa por encima vino amontillado, de manera que cubra todas las capas, y se deja así durante por lo menos 4 o 5 horas.

Una vez pasado este tiempo, se fríe una cabeza de ajos en una sartén con aceite de oliva bien caliente. Cuando estén dorados se retiran y en el mismo aceite se fríen los trozos de pollo.

Cuando el pollo está bien frito, se echa en el mismo aceite el vino con el que hemos cubierto las capas de pollo anteriormente, dejando cocer unos 5 minutos, tras lo cual se vierte por encima del pollo frito.

Cabrillas en tomate

La cabrilla es una variedad de caracol, algo menor que los caracoles comunes.

cabrillas en tomate cádiz

El plato se elabora en una cacerola en la que se ponen las cabrillas, que habremos dejado ayunar durante un día y a las que habremos realizado varios enjuagues.

El resto de ingredientes para este guiso son los siguientes: cebollas, pimientos, ajos, tomates, pimienta, pimentón, vino fino, agua, aceite de oliva y sal. Se dejarán cocer todos estos ingredientes en la cazuela junto a las cabrillas durante media hora.

Sangre en tomate

Este plato, muy típico de la provincia de Cádiz, necesita para su elaboración de los siguientes ingredientes: sangre cuajada de pollo, ternera o cerdo, cebollas, ajos, pimientos, salsa de tomate, aceite de oliva y sal.

sangre en tomate cádiz

En una sartén se fríe la sangre en rodajas gruesas, junto con los ajos, las cebollas y los pimientos. Seguidamente se riega con la salsa de tomate y se deja cocinar nuevamente todo junto a fuego lento durante 15 minutos.

Potaje de tagarninas

Se trata de un potaje muy típico de la provincia de Cádiz, cuya base son las tagarninas, una verdura conocida también como cardillo.

Potaje de tagarninas Cádiz

Para elaborar el plato, echaremos en una olla llena de agua y bien honda, garbanzos, un trozo de tocino, un trozo de carne, que puede ser de ternera o de cerdo, cebolla y tomate. Mientras cuece todo, se prepara un majado con ajo, pimentón dulce, pimentón picante, comino y pimienta en grano.

Una vez empiezan a estar blandos los garbanzos, se añade chorizo, morcilla, patatas y las tagarninas, y se deja cocer todo hasta que veamos que la carne y los garbanzos están bien tiernos.


Canal Podcast Youtube Historia : DUÉRMETE CON LA HISTORIA QUE NADIE CONOCE DE VALENCIA | MISTERIOS Y LEYENDAS DE ESPAÑA

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🌙 ¿Cuánto conoces realmente de Valencia? Más allá de las Fallas, sus playas y la Ciudad de las Artes y las Ciencias, existe otra Valencia llena de historias sorprendentes, antiguas leyendas, tragedias y secretos que se remontan a más de dos mil años. Esta noche recorreremos la ciudad desde la antigua Valentia romana hasta nuestros días. Entraremos en su catedral para conocer la historia del Santo Cáliz, considerado por la tradición como el Santo Grial; descubriremos por qué un murciélago terminó convertido en uno de los grandes símbolos de Valencia y conoceremos la extraña leyenda del dragón del Turia. Pero también viajaremos por algunos de los episodios más duros de su historia: la Inquisición, la expulsión de los moriscos, la gran riada de 1957, la Guerra Civil y, finalmente, la devastadora DANA de 2024, recordando a sus víctimas con el respeto que merece una tragedia todavía reciente.

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Canal Gastronomia : Gachas, ajoarriero, zarajos... Las 5 mejores recetas de Cuenca que gustan a todos los españoles por su sabor casero

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Cuenca es una de esas tierras donde la cocina sabe a tradición pura. Platos contundentes, recetas de aprovechamiento y sabores intensos que nacen de la vida rural y del producto de temporada. Aquí no hay florituras: hay cuchara, horno y mucha historia en cada bocado.

Hoy te traemos un recorrido por las 5 mejores recetas conquenses que tienes que probar (o preparar) al menos una vez en la vida. Prepárate para platos que reconfortan, que llenan y que, aviso, piden pan sin ningún tipo de vergüenza.

Gachas conquenses: un plato de los de siempre

Si hay un plato que evoca la nostalgia de las casas de Cuenca y de Castilla-La Mancha, son las gachas. Esta receta, humilde y reconfortante, se ha transmitido de generación en generación, especialmente en tiempos de posguerra, y sigue siendo un clásico en desayunos, meriendas o incluso cenas ligeras. Cremosas, suaves y con un puntito dulce, son un ejemplo perfecto de cómo los ingredientes más sencillos pueden convertirse en un manjar.

Gachas conquenses
Para 4 personas
Ingredientes
  • 150 gramos de panceta ibérica curada
  • 1 chorizo para guisar
  • 200 gramos de harina de almortas (apta para el consumo) o harina de garbanzos
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • 1 litro de caldo de carne
  • 3 dientes de ajo
  • Aceite de oliva
  • Sal
Paso a paso
  1. Dora la panceta y el chorizo

    Corta la panceta en tiras no demasiado finas. Pon una cazuela al fuego sin aceite y dora la panceta, removiendo constantemente, hasta que esté crujiente y dorada. Añade el chorizo troceado y sofríelo brevemente. Retira ambos y reserva. Calienta el caldo por separado.

  2. Sofríe los ajos

    Pela y pica finamente los ajos. En la misma cazuela, añade un par de cucharadas de aceite de oliva y rehoga los ajos un minuto hasta que tomen un ligero color dorado. Espolvorea el pimentón y remueve bien para que se integre.

  3. Prepara las gachas

    Incorpora la harina de almortas y remueve constantemente para que se tueste ligeramente. Vierte el caldo caliente poco a poco, sin dejar de remover, hasta obtener la textura deseada. Ajusta de sal al gusto y sirve las gachas recién hechas acompañadas de la panceta crujiente y el chorizo.

Ajoarriero conquense: sencillo pero lleno de sabor

Con un nombre que ya despierta curiosidad, el atascaburras (también conocido como ajoarriero) es uno de esos platos que demuestran cómo la cocina de aprovechamiento puede ser pura delicia. A base de patata, bacalao, ajo y aceite, se consigue una mezcla cremosa, intensa y muy reconfortante. Un clásico de los inviernos en Castilla-La Mancha que merece mucha más fama de la que tiene.

Ajoarriero conquense
Para 4 personas
Ingredientes
  • 500 gramos de patatas variedad Monalisa
  • 200 gramos bacalao desalado
  • 2 dientes de ajo
  • Un huevo
  • Nueces peladas
  • Agua de la cocción del bacalao
  • AOVE
  • Sal
Paso a paso
  1. Cuece las patatas y el huevo

    Pon una olla con agua y sal al fuego y añade las patatas enteras y con piel junto con el huevo. Cuando el agua empiece a hervir, cuece el huevo durante unos 12 minutos, retíralo y enfríalo en agua fría. Deja las patatas cocer hasta que estén tiernas. Luego pélalas y resérvalas.

  2. Prepara el bacalao

    Una vez desalado, retira posibles restos de piel y desmiga el bacalao. Cuécelo durante unos minutos en agua, escúrrelo y reserva por separado tanto el bacalao como el agua de cocción.

  3. Machaca el ajo y la patata

    Pela los ajos, trocéalos y machácalos en un mortero. Pásalos a un bol, añade las patatas cocidas y aplástalas bien hasta obtener una mezcla uniforme.

  4. Incorpora el bacalao

    Agrega el bacalao desmigado y sigue trabajando la mezcla para integrarlo. Añade un chorrito de aceite de oliva y mezcla de nuevo. Prueba y ajusta de sal si es necesario. Incorpora un poco del agua de cocción para aportar jugosidad.

  5. Consigue una textura cremosa

    Sigue machacando y mezclando, añadiendo poco a poco más agua de cocción hasta obtener un puré suave y cremoso.

  6. Sirve y decora

    Reparte la preparación en cazuelitas individuales. Decora con el huevo cocido cortado en gajos, algunas nueces peladas y un chorrito de aceite de oliva virgen extra antes de servir.

Zarajos de cordero: un clásico de Cuenca

Puede que no sea el plato más conocido fuera de Cuenca, pero el zarajo de cordero es todo un clásico de su gastronomía. Este aperitivo, sencillo en apariencia, es puro carácter: tripa de cordero enrollada, bien dorada y con ese punto crujiente que engancha desde el primer bocado. De esos que se disfrutan mejor con una bebida fría y buena compañía. Crujientes, intensos y con mucha personalidad.

Zarajos
Para 4 personas
Ingredientes
  • 4 zarajos
  • 1 limón
  • Sal
  • Aceite de girasol
  • Para la picada
  • 1 vaso de caña de aceite de oliva
  • 2 dientes de ajo
  • Un manojo de perejil
  • Una pizca de sal
Paso a paso
  1. Prepara la picada

    Lava el perejil y pela los ajos. Colócalos en el vaso de la batidora junto con el resto de ingredientes de la picada y tritura hasta obtener una mezcla homogénea y bien ligada. Reserva.

  2. Fríe los zarajos

    Corta los zarajos a lo largo y calienta abundante aceite de girasol en una sartén. Cuando esté bien caliente, introdúcelos, tapa la sartén y cocínalos a fuego medio durante unos 3 minutos. Dales la vuelta con ayuda de unas pinzas, vuelve a tapar y fríelos otros 3 minutos por el otro lado, hasta que estén dorados. Retíralos y déjalos escurrir sobre papel absorbente.

  3. Emplata y sirve

    Coloca los zarajos en una fuente, acompáñalos con una guarnición de patatas y decora con unos gajos de limón. Riega por encima con la picada de perejil y sirve de inmediato.

Alajú: el dulce con historia

Si hay un dulce que representa la tradición conquense, ese es el alajú. Una receta de origen antiguo, elaborada con ingredientes sencillos como miel, almendra y pan, que demuestra que no hace falta horno para conseguir un postre espectacular. Es fácil, rápido y tiene ese sabor de toda la vida que engancha desde el primer bocado. Dulce, aromático y muy tradicional.

Alajú
Para 4 personas
Ingredientes
  • 200 gramos de miel
  • 100 gramos de pan rallado
  • 125 gramos de almendra cruda
  • Ralladura de naranja
  • Obleas para turrón
Paso a paso
  1. Calienta la miel

    Pon la miel en un cazo a fuego medio y caliéntala durante unos minutos, hasta que se vuelva más líquida y manejable.

  2. Incorpora la almendra

    Añade la almendra cruda, ya sea entera o picada, y remueve bien para que se mezcle con la miel y se impregne de su sabor.

  3. Agrega el pan rallado y aromatiza

    Incorpora el pan rallado de una sola vez y mezcla hasta que quede bien integrado. Añade también la ralladura de naranja y cocina todo junto unos minutos, removiendo, hasta obtener una masa densa y homogénea.

  4. Rellena las obleas

    Coloca una oblea sobre una superficie plana, extiende una capa del relleno por encima y cúbrela con otra oblea. Presiona ligeramente con una tabla o con las manos para que el relleno se distribuya de manera uniforme y las obleas queden bien unidas. Deja enfriar.

  5. Corta y sirve

    Una vez frío, corta cada pieza primero por la mitad y después en porciones triangulares. Sirve y disfruta.

Lomo de orza al estilo de Cuenca: fácil y delicioso

Si hay algo que define a la cocina conquense es la capacidad de transformar lo sencillo en exquisito. El lomo de orza es uno de esos ejemplos: un plato tradicional, lleno de sabor y con un toque casero que conquista a cualquiera. Perfecto para preparar con antelación y disfrutar en cualquier momento, este lomo se conserva en aceite y se puede acompañar con pan o como tapa.

Lomo de orza
Para 4 personas
Ingredientes
  • 800 gramos de Lomo De Cerdo
  • 4 Dientes De Ajo
  • 1 cucharadita de Orégano seco
  • 1 cucharadita de Comino en grano
  • 1 cucharadita de Pimienta En Grano
  • 2 cucharaditas de Pimentón
  • 100 mililitros de Vinagre De Vino Blanco
  • Encurtidos variados
  • Aceite
  • Sal
  • Cebollino
  • 2 hojas de Laurel
Paso a paso
  1. Prepara el adobo

    Pela los ajos y colócalos en el vaso de la batidora junto con laurel, orégano, pimienta, comino, pimentón, sal y vinagre. Tritura todo hasta que quede una pasta homogénea. Añade un poco de agua y vuelve a triturar para integrar los líquidos.

  2. Marina la carne

    Limpia el lomo retirando el exceso de grasa y córtalo en tacos gruesos. Colócalos en una fuente con tapa y vierte el adobo sobre ellos. Cubre la fuente, deja reposar en la nevera de 2 a 3 días y remueve la carne una vez al día para que se impregne bien.

  3. Fríe y confita la carne

    Escurre los tacos de carne y sécalos ligeramente. Fríelos en una sartén con abundante aceite hasta dorarlos. Luego, cúbrelos con más aceite y termina la cocción en el horno, confitándolos a baja temperatura durante aproximadamente una hora. Retira la carne y reserva en un recipiente hermético.

  4. Prepara el aceite

    Calienta el aceite usado para confitar hasta que hierva ligeramente y se evapore cualquier líquido que haya soltado la carne. Cuando esté limpio y sin humedad, vierte el aceite sobre los tacos, asegurándote de que queden bien cubiertos. Deja enfriar, tapa y guarda en la nevera.

  5. Sirve el lomo

    Corta el lomo en lonchas finas y sírvelo acompañado de encurtidos, cebollino picado, un poco de pimentón y su propio aceite.

Cuenca en tu mesa

Estas cinco recetas conquenses son un reflejo de una cocina sincera, sin artificios, donde lo importante es el sabor y la tradición. Platos que nacen de la necesidad, pero que han sabido mantenerse vivos gracias a su carácter único.

Si te animas a prepararlas, descubrirás una gastronomía diferente, intensa y muy auténtica. Y ya sabes: aquí no se come con prisas… se disfruta, se comparte y se repite.


Canal Podcast Youtube Historia : DUÉRMETE CON LOS MITOS Y LEYENDAS DEL PARQUE DEL RETIRO DE MADRID QUE NADIE CONOCE

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¿Qué secretos se esconden realmente en el Parque del Retiro de Madrid? ¿Por qué existe una estatua dedicada al Ángel Caído? ¿Qué queda bajo sus jardines del antiguo Palacio del Buen Retiro? ¿Y qué historias se esconden detrás de sus palacios, estanques y monumentos? 🏰 Esta noche viajaremos por casi cuatro siglos de historia del Parque del Retiro, desde los tiempos de Felipe IV y el conde-duque de Olivares hasta el Madrid actual. 😈 Descubriremos la inquietante historia del Ángel Caído y la famosa leyenda de los 666 metros, las antiguas batallas navales celebradas en el Estanque Grande, la desaparecida Real Fábrica de Porcelana, los secretos de la Casa de Fieras y la sorprendente historia del tesoro encontrado en la Montaña de los Gatos. 💎 También conoceremos el pasado del Palacio de Cristal, las guerras que convirtieron el Retiro en escenario militar, los refugios de la Guerra Civil, sus árboles centenarios y la increíble historia del Guernica de Picasso, que permaneció durante años protegido bajo cristal blindado en pleno Retiro.

https://youtu.be/p3aeEjhYbhI?si=Z_u0MBGDRSQvF3fn

Canal Gastronomia : El bar de Málaga que regala sus tapas gratis con cada bebida: "La comida es totalmente casera, con buenas cantidades y barata"

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La búsqueda de bares con comida casera y contundente que regale sus tapas con la bebida es una de las actividades favoritas y más difíciles de conseguir para los amantes de la gastronomía de calidad y los precios bajos. Pero esto es lo que ofrece Mamá Susana, un bar situado en Los Boliches, Fuengirola, que regala sus tapas con cada bebida, disponible por apenas 2 euros.

Este negocio abrió sus puertas el pasado mes de abril y, desde entonces, se ha convertido en el establecimiento imprescindible para quienes buscan comida casera recién hecha sin que el bolsillo se resienta en exceso.

Cocina mediterránea con sabores gallegos y argentinos en este bar de Málaga

Así, Mamá Susana ofrece cada jornada una amplia variedad de tapas, además de platos de cocina mediterránea y especialidades propias de la tradición culinaria gallega, argentina y uruguaya.

Una mezcla de culturas y sabores que han nacido de la mano de Pablo, chef y dueño de Mamá Susana, que ha decidido abrir este negocio en homenaje a su madre Susana, una argentina que emigró a Galicia hace 25 años y con la que siempre ha trabajado en la hostelería.

Tapas caseras gratis en este bar de Fuengirola

Fue hace poco más de un año cuando Pablo se trasladó a Fuengirola y decidió abrir su propio negocio, pero sin olvidarse de la persona que le había inculcado su pasión por la cocina y la gastronomía, su madre, de lo que surgió Mamá Susana.

Ahora, este negocio situado en Los Boliches ha conseguido enamorar a vecinos y visitantes con su oferta de tapa gratis con cada bebida, que tiene un precio en torno a los 2 euros.

Albóndigas, pinchitos y boquerones, entre las tapas de este negocio

Entre la amplia variedad de tapas que se pueden encontrar en este negocio, y que varía en función del día, se encuentran las albóndigas, pinchitos, lagrimitas, tortilla de patatas, boquerones fritos, boquerones en vinagre y fritura de pescado, entre otros.

Además, este bar también ofrece servicio de desayuno y menú del día, que incluye un primer plato, segundo, postre, bebida, pan y café por 15,50 euros de martes a viernes y 17,50 euros los sábados, domingos y festivos.

Menú del día por 15,50 euros en este establecimiento malagueño

Entre los platos que se pueden disfrutar se encuentra su fritura malagueña, solomillo con patatas, pollo al horno, setas al ajillo, sopa de pollo y el plato estrella de este restaurante, el pulpo a la gallega.

"Tiene bastante variedad y las tapas están más que apañadas para acompañar la cerveza", recalcan sus propios clientes a través de las redes sociales.

Lo mismo se puede leer en las reseñas del establecimiento, donde sus usuarios aseguran: "Tiene precios asequibles y la comida está buenísima".

Comida casera y raciones contundentes en Fuengirola

De igual modo, los clientes indican: "Las raciones son brutales y las comidas, igual. Además, es totalmente casero. De lo mejor que hemos probado en la zona". Además, añaden: "La comida es totalmente casera, con buenas cantidades y muy barato".

Una amplia variedad de platos y tapas de tamaño contundente y bajos precios que se pueden degustar en este bar de la avenida de los Boliches número 36 de Fuengirola de lunes a domingo de 11.00 a 17.00 horas y de 19.30 a 23.00 horas.





Canal Viajar : Islas Marquesas, el último edén de la Polinesia

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Mientras Tahití, Moorea y Bora Bora dan forma al imaginario de paraíso tropical con sus lagunas turquesa, arrecifes coralinos y cabañas sobre el agua, a más de 1.000 kilómetros existe otra Polinesia salvaje donde la naturaleza marca las normas. Entre volcanes arropados por una selva impenetrable, fulguran templos y tikis que narran solemnes tradiciones ancestrales. Viajamos a los confines del Pacífico para descubrir uno de los últimos territorios intactos del planeta.


El murmullo del viento se cuela por las inescrutables raíces aéreas de los banianos. Los gigantescos árboles abrazan el bosque, permitiendo que algunos rayos de luz penetren por la vegetación. Mi guía, Kohu, camina en silencio. Su hijo Kovai, de 12 años, hace sonar un cuerno tallado en hueso y madera. El eco atronador se expande por la selva alejando los malos espíritus y anunciando nuestra llegada a Upeke, uno de los conjuntos ceremoniales más notables de las islas Marquesas, declarado Patrimonio de la Humanidad en 2024. Su nombre viene a traducirse como “ la madre de todos los sacrificios ”, una expresión que eriza mi piel mientras pienso en la historia tan sobrecogedora que esconde este lugar sublime. Avanzo entre las plataformas de piedra que forman el me’ae, el recinto sagrado donde los marquesanos celebraban ceremonias que consolidaban el poder de los distintos clanes. A un lado se abre el tohua, la plaza donde se reunía la comunidad para presenciar danzas y rituales, rodeado por los paepae, las plataformas sobre las que se levantaban las viviendas. Siento que he viajado en el tiempo; y, en cierto modo, así es.

Nos detenemos frente a un tiki y, de pronto, el ambiente cambia por completo. La figura nos observa con su inquietante mirada pétrea. Kohu agarra una pesada maza ceremonial y lanza un grito profundo que retumba entre los árboles. Abre sus ojos al máximo, fijándolos en mis pupilas, y comienza a avanzar lentamente sosteniendo el arma. Soy consciente de que está interpretando un canto de guerra de sus antepasados… ¿o tal vez no? La escena resulta tan convincente que noto cómo mis piernas empiezan a temblar. Intento retroceder sobre mis pasos al mismo tiempo que pienso en los prisioneros de guerra conducidos hasta ese mismo punto para ser sacrificados ante jefes tribales.

El sonido del viento vuelve a apoderarse del bosque. Kohu baja el bastón ceremonial y me explica cómo se utilizaba para asestar un golpe mortal en la cabeza del enemigo. En determinados rituales carnívoros, la sangre y parte del cuerpo simbolizaban la transferencia de su mana, la fuerza espiritual que otorgaba prestigio y poder. Los huesos de los jefes solían depositarse entre las raíces de los banianos. Muchos siguen allí, enterrados bajo las capas que han cubierto estas historias ancestrales con los años. Historias que hoy los marquesanos recuperan con orgullo.

Acabo de aterrizar en Hiva Oa y ya percibo el mana, esa energía invisible que, según antiguas creencias, habita en personas, lugares y objetos. Resulta difícil explicar la sensación, quizá tenga relación con el origen volcánico de las islas, o tal vez se deba a la espiritualidad que sigue emanando de estas tierras de naturaleza desmedida.

Hasta los confines de los Mares del Sur he llegado tras un viaje de 32 horas, tres escalas y dos días completos de travesía. Al aterrizar en el místico fin del mundo, el reloj se ha atrasado 11 horas y media, premiándome con un auténtico viaje en el tiempo donde el pasado sigue latiendo en cada ritual. A mi alrededor, los verdes acantilados esculpidos por volcanes hace millones de años se precipitan en un océano infinito.

Estas ínsulas suponen una nueva conquista en mi mapa del Pacífico; desde las islas Cook a Fiji, pasando por Vanuatu. No puedo sentirme más fascinada por cada horizonte azul de este océano inabarcable. Hace tres años saludaba con el “Kia Orana” de las Cook y ahora lo hago con el “Ia Orana” tahitiano o con el “Kaoha” de las Marquesas mientras sus acogedores lugareños siembran innumerables collares de flores sobre mi cuello.

Hiva Oa es la segunda en tamaño de las Marquesas, el archipiélago más septentrional de la Polinesia Francesa. Compuesto por 12 islas, de las cuales solo seis están habitadas, cuenta con algo menos de 10.000 habitantes. Antes del contacto con occidente y sus epidemias, se estima que eran cerca de 100.000 personas las que vivían en estas tierras remotas. Su aislamiento permitió que se desarrollara una avanzada sociedad donde cada valle funcionaba como un territorio independiente. Los primeros pobladores llegaron alrededor del año 300 en canoas de doble casco, navegando desde Samoa y Tonga. Desde las Marquesas conquistarían Hawái, Nueva Zelanda y Rapa Nui.

“Incluso tuvieron relaciones con Perú ”, cuenta Tepoeaotiu, embajador del Patrimonio de la Unesco, ante una de las piedras basálticas de Me’ae à Puama’u, otro yacimiento escondido en Hiva Oa. En él destaca el grabado de un cuadrúpedo de cuello alargado que recuerda a una llama andina.

Sin embargo, no sería hasta 1595 cuando una expedición española comandada por Álvaro de Mendaña situara estas islas en el mapa. El célebre navegante las bautizó como “ islas Marquesas de Mendoza ” en honor a García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete y virrey del Perú, quien patrocinó el viaje. En 1842, Francia tomó posesión de las Marquesas y las integró en la Polinesia Francesa.

Entre la maraña de raíces de los banianos de Lipona, como también es conocido este conjunto arqueológico, se conservan a la perfección valiosos tikis. Las esculturas, labradas en piedra volcánica, representan ancestros divinizados, jefes de alto rango o espíritus protectores. Muy cerca, otro gigantesco tiki esculpido en una enorme roca custodia el mar.

“El tatau nació aquí.” Durante el día, Tepoeaotiu caza, pesca, compone canciones o guía a los visitantes por los encantos de Hiva Oa y, al caer la tarde, ejerce como tatuador tradicional. El patutiki marquesano es el estilo de tatuaje más complejo de la Polinesia. Cada línea habla del linaje, rango social, hazañas y momentos que han marcado la vida de una persona. El idioma local dejó esta palabra en nuestro vocabulario, llevada por los exploradores europeos a través de sus diarios de viaje junto a tapu (tabú).

A diferencia de lo que pensaron muchos de aquellos exploradores, las mujeres ocupaban un lugar esencial en ese universo cargado de simbología. Dotadas de un gran prestigio, podían tener varios esposos. Esa posición privilegiada se reflejaba a la hora de entender la sexualidad, alejada de códigos morales. En la localidad de Atuona, una “ piedra del placer ” da una muestra de ello. A simple vista puede parecer un monolito colocado por casualidad, pero a la roca, de formas redondeadas, se le atribuye un uso íntimo por parte de las mujeres.

Esta ausencia de convencionalismos atrajo a Paul Gauguin a la pequeña capital de Hiva Oa a finales del siglo XIX, huyendo de la Europa capitalista. En Atuona levantó la provocadora Maison du Jouir (Casa del Placer), donde pintó sus últimas obras mientras se enfrentaba con la administración colonial. Setenta y dos años después de su fallecimiento, el cantautor Jacques Brel abandonó los escenarios y se mudó a Hiva Oa ansiando el anonimato y la libertad. Resulta curioso que por aquí no se le recuerde por su famoso Ne me quitte pas, sino por una encomiable labor altruista a bordo de su avioneta Jojo, con la que transportaba medicinas, correo y pasajeros entre las distintas islas. El Centro Cultural de Atuona homenajea a ambos artistas, exhibiendo la mítica Jojo restaurada. Unos metros más arriba, en una colina con maravillosas vistas a la bahía sobre la que vuelan fragatas, Gauguin y Brel descansan en el cementerio del Calvario, unidos al terreno al que entregaron sus últimos años.


El corazón de las Marquesas

Con aproximadamente 340 km2, Nuku Hiva es la mayor de las Marquesas. En su principal núcleo urbano, abrazado por una espectacular bahía, se intercalan edificios administrativos y comercios. A Taiohae llegaron exploradores, balleneros, comerciantes y misioneros, transformando la vida isleña. Uno de sus célebres visitantes fue Herman Melville, autor de Moby Dick, aunque sería su primer libro Typee, inspirado en su experiencia conviviendo con los habitantes del valle de Taipivai en 1842, el que daría a conocer Nuku Hiva al mundo occidental.

La capital de Nuku Hiva es también la capital del archipiélago. En ella se sitúa la tumba de la última reina marquesana, fallecida en 1834. A sus pies se extiende un amplio espacio arqueológico presidido por varios tikis procedentes de toda la Polinesia. Taiohae es el punto de partida para descubrir la isla, cruzando cumbres que superan los 1.200 metros. Un terreno abrupto perfilado por bosques de pinos que se funden con una espesa selva. En cualquiera de sus rincones resulta fácil cruzarse con caballos salvajes e impetuosos gallos, cuyo canto se anticipa al alba para despertarme rigurosamente a las cuatro de la mañana.

Conduciendo en dirección norte, cruzo dos valles y sus respectivas montañas, de las que cuelgan cascadas como las de Kueenui, cuya fuerza produce energía hidroeléctrica. Helechos gigantes, árboles del pan, bananos, cocoteros y mangos van desfilando tras mi ventanilla hasta dejar atrás el valle de Hatiheu y llegar al mar. Antes de adentrarme en las aguas del Pacífico, visito el complejo de Kamuihei, uno de los sitios arqueológicos mejor conservados, donde las plataformas ceremoniales de más de 600 años de antigüedad han sido engullidas por la vegetación.

Desde la bahía de Haithe’u, una pequeña embarcación me lleva rumbo a Anaho, una de las ensenadas más bellas de la Polinesia, a la que solo es posible acceder por mar o tras una larga caminata. En la solitaria playa, vigilada por una hilera de cocoteros erguidos como soldados, el tiempo se suspende una vez más para entregarme a un paraíso custodiado por mantarrayas. Un ukelele lejano acompaña el amanecer de alguna de las familias que tienen la fortuna de despertar ante este paisaje irreal antes de iniciar la faena de la copra, la recolección y secado de la pulpa del coco.



Las islas de la Sociedad

Tras sucumbir a la fuerza indómita de las Marquesas, doy el salto a las estampas más icónicas de la Polinesia. Bajo las alas del avión empiezan a dibujarse anillos de coral que abrazan lagunas turquesa. Tras recorrer 1.400 kilómetros más en mi periplo por los Mares del Sur, Tahití marca mi entrada al archipiélago de la Sociedad. Su capital, Papeete, concentra el pulso local en sitios como el mercado, con puestos donde se vende vainilla, frutas tropicales y las codiciadas perlas negras que han dado fama a la Polinesia. Al anochecer, varios espacios con food trucks llenan el camino que discurre junto al mar de aromas a leche de coco y carnes a la parrilla.

La verdadera esencia de Tahití se descubre recorriendo la carretera costera hasta llegar a la península de Tahití Iti, la zona más intacta de la isla. Por el camino conviene detenerse en las cuevas de Mara’a, las cascadas de Faarumai o el Faro de Punta Venus, construido en el punto donde el capitán Cook observó, en 1769, el tránsito de Venus. A la vecina isla de Moorea, el explorador llegaría ocho años después, durante su tercer y último viaje a la Polinesia. Curiosamente, la bahía que lleva su nombre no fue en la que fondeó. Sus barcos echaron el ancla en la vecina Opunohu. Separadas por el monte Rotui, ambas bahías penetran en la costa norte formando uno de los paisajes más espectaculares del Pacífico que observar desde el Mirador Belvedere. No es de extrañar que Hollywood se rindiera a su belleza para rodar Motín a bordo, con Mel Gibson.

Pero el epítome del paraíso polinesio es Bora Bora. No obstante, a mi llegada, el mana parece haberme abandonado y llueve sin cesar. La cortina de agua difumina el perfil del monte Otemanu, el volcán que dio origen a la isla hace millones de años. Aun así, me lanzo a explorarla en bicicleta, desde Vaitape, su capital, hasta la impresionante playa de Matira, una larga lengua de arena blanca. Alrededor, el arrecife perfila una laguna salpicada por motus, los islotes sobre los que se alzan algunos de los hoteles más exclusivos del mundo. A la mañana siguiente, abro las cortinas de mi villa y observo el Otemanu iluminado al fin por los primeros rayos de un sol que despega ardiente tras uno de los motus que se extienden frente al exclusivo Conrad Bora Bora Nui, uno de los pocos alojamientos de Bora Bora desde donde el volcán parece enmarcado entre dos islotes. Cuelgo el cartel de “No molestar” y me quedo embelesada con ese paisaje durante horas. Quizá el tiempo ha vuelto a detenerse mientras pienso en las dos Polinesias que acabo de recorrer, la de las Marquesas con su pasado oculto entre banianos, y la de las islas de la Sociedad, donde el océano nunca deja de inventar azules. Dos archipiélagos que componen uno de los últimos santuarios culturales y naturales del planeta.





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