Cerdeña es conocida por sus playas de aguas cristalinas y sus paisajes mediterráneos, pero la isla italiana esconde también un importante patrimonio industrial, una larga tradición vinícola y una gastronomía con personalidad propia. Una combinación que permite descubrir una cara menos conocida de este destino turístico.
Esta semana, en "Los Placeres de la Vida" de Radio Coruña Cadena SER, Alejandro Paadín nos propone viajar al suroeste de Cerdeña, donde está recorriendo una ruta que une antiguas explotaciones mineras, paisajes naturales, pequeñas bodegas y productos gastronómicos tradicionales.
Un itinerario que permite conocer cómo la minería y el vino han marcado durante siglos la economía, la cultura y la vida cotidiana de los habitantes de esta región mediterránea.
Las minas de Cerdeña: un viaje al pasado industrial de Italia
Una de las grandes protagonistas de esta experiencia es la Fundación Cammino Minerario di Santa Barbara, que impulsa la recuperación y puesta en valor del patrimonio minero del suroeste de Cerdeña.
La ruta permite visitar antiguas minas, complejos industriales y grutas de extraordinario valor geológico, algunas con formaciones de hasta 500 millones de años de antigüedad.
Durante el siglo XIX, esta región fue uno de los grandes centros de extracción minera de Italia. Según relata Paadín, las explotaciones llegaron a abastecer una parte fundamental de la demanda italiana de plomo, además de producir zinc y plata.
Actualmente, muchas de estas instalaciones han dejado de funcionar y están siendo recuperadas como espacios turísticos y culturales. El turismo industrial se ha convertido así en una nueva oportunidad económica para territorios históricamente vinculados a la minería, siguiendo experiencias desarrolladas en otros países europeos, como Alemania.
Entre los lugares que forman parte de este recorrido destaca la mina de San Giovanni, uno de los enclaves que permiten comprender la importancia de esta actividad para las comunidades locales.
La ruta del vino de Cerdeña: la uva Cariñena como protagonista
El recorrido no se limita al patrimonio industrial. También permite descubrir la tradición vitivinícola de Cerdeña, especialmente a través de la variedad Carignano, conocida en España como Cariñena y también como Mazuelo en La Rioja.
Se trata de una uva tinta extendida por distintas regiones mediterráneas que ha encontrado en Cerdeña un territorio especialmente adecuado para su cultivo.
En el suroeste de la isla, la producción se mantiene principalmente en pequeñas bodegas que conservan una identidad muy vinculada al paisaje y a las tradiciones locales.
"No es una zona productiva particularmente grande, pero sigue manteniendo esa genuinidad de carácter mediterráneo, con vinos de cierta estructura", señala Paadín.
Aunque los tintos elaborados con Carignano siguen siendo protagonistas, los productores también están explorando nuevas elaboraciones para adaptarse a las preferencias actuales de los consumidores.
La relación entre el vino y las familias mineras
Uno de los aspectos más interesantes de esta ruta es descubrir cómo la minería y la viticultura convivieron durante generaciones en las mismas comunidades.
Las familias combinaban frecuentemente el trabajo en las explotaciones mineras con las labores agrícolas. El vino no era únicamente un producto comercial, sino también un elemento fundamental de la alimentación y de las relaciones sociales.
Paadín explica que una de las guías del recorrido, hija de un antiguo minero, les ha permitido conocer cómo era la vida cotidiana en estas comunidades.
Los trabajadores compartían comidas, experiencias y conocimientos, formando grupos muy unidos en los que los productos del territorio tenían una importancia esencial.
En muchas familias, algunos miembros trabajaban en las minas mientras otros se ocupaban del campo y de los viñedos. Una organización económica y social que también encuentra paralelismos en regiones españolas como Valdeorras, El Bierzo o Asturias, donde la actividad minera y la producción agrícola han convivido históricamente.
"Estamos viendo el arraigo cultural del vino y la gastronomía en zonas donde había otro tipo de producciones industriales", destaca el colaborador de Radio Coruña.
Qué comer en Cerdeña: quesos, cochinillo, pasta y productos del mar
La gastronomía constituye otro de los grandes atractivos de este viaje. Cerdeña cuenta con una cocina propia, influida por su carácter insular y por la importancia histórica de la ganadería, la agricultura y la pesca.
Entre los productos y platos más representativos destacan los quesos pecorino y ricotta, el cochinillo asado, las pastas tradicionales y los dulces locales, además de una amplia variedad de verduras y hortalizas.
Paadín destaca especialmente la calidad de las materias primas y la autenticidad de las recetas que ha podido degustar durante su estancia.
La cocina sarda también concede un lugar destacado a los productos del mar. Las ensaladas de pulpo y otras preparaciones marineras forman parte de una tradición gastronómica que convive con los platos más característicos del interior.
En las zonas montañosas, el cordero y el cabrito adquieren especial protagonismo. La presencia de rebaños de ovejas y cabras explica también la importancia de los quesos tradicionales en la identidad culinaria de la isla.
La pasta, como sucede en otras regiones italianas, cuenta con especialidades propias que reflejan las particularidades de cada territorio.
Un destino para descubrir otra cara de Cerdeña
Más allá de sus conocidas playas, el suroeste de Cerdeña ofrece una alternativa turística basada en la historia, la naturaleza, el vino y la gastronomía.
La recuperación de las antiguas minas y su integración en rutas culturales permite conservar la memoria de las comunidades que vivieron durante generaciones de la extracción de minerales.
Al mismo tiempo, las pequeñas bodegas y los productores gastronómicos mantienen vivas tradiciones que forman parte de la identidad de la isla.
Para Alejandro Paadín, la experiencia permite comprender hasta qué punto el vino puede explicar la historia de un territorio, incluso en lugares donde la principal actividad económica fue durante décadas la minería.
Una propuesta de turismo diferente que combina patrimonio industrial, paisajes mediterráneos y experiencias gastronómicas, y que demuestra que Cerdeña tiene mucho más que ofrecer que sus famosas playas.