Situado en una de las zonas costeras más bellas de España, donde las rocas se unen a las olas en un magnetismo único, el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar esconde diversos rincones que, por sí solos, ya merecen su propia escapada. Más allá de las salinas, uno de los ecosistemas más interesantes de Andalucía, de la tradición artesana y pesquera de sus pueblos blancos y de sus miradores y playas, un secreto emerge de las aguas frente al espacio protegido, cubriéndolo de leyendas.
Hace 15 millones de años comenzó la actividad magmática en el mar de Alborán, que acabaría por formar el Cabo de Gata tal y como lo vemos ahora. Sin embargo, solo una pequeña parte de esa gran área volcánica está sobre la superficie del mar. Bajo ella, la mayor parte de los fondos está cubierto por roca volcánica, y en un segundo episodio de erupciones, hace 9 millones de años, algunos edificios volcánicos emergieron: los domos y las calderas.
El Arrecife de las Sirenas es uno de los lugares más emblemáticos de Almería. Localizado en el punto geográfico exacto del Cabo de Gata, este conjunto de rocas que salpican el Mediterráneo no son otra cosa que los restos de antiguas chimeneas volcánicas que surgieron de las profundidades en aquel proceso eruptivo. Una visita al Ecomuseo Casa de los Volcanes, en Rodalquilar, ayuda a comprender más sobre la formación de este espacio. Pero, ¿por qué el arrecife se bautizó así?¿y qué leyendas le envuelven?
SIRENAS CON BIGOTE
El arrecife que se extiende ante el Cabo de Gata es de una belleza única, pero también llegó a ser mortal. Se cuenta que fueron muchos los marineros que perdieron la vida en este paraje al conducir hacia este sus embarcaciones, obnubilados por la silueta y el canto de las sirenas que creían ver y escuchar en el arrecife.
También dicen las leyendas que un rey moro enterró su tesoro en una cueva bajo la Vela Blanca, una característica roca blanca del acantilado, y que pidió a aquellos seres místicos que lo custodiaran. Lo que sí es cierto es que aquellos cantos de sirena eran, en realidad, una gran colonia de focas monje que vivían en la zona hasta mediados del siglo XX, pero que muchos de sus habitantes llamaban sirenas o lobos marinos.
MIRADORES Y CALAS
El bello Arrecife de las Sirenas tiene un mirador de su mismo nombre ideal para disfrutar de una panorámica del lugar donde captar todo su esplendor. Ubicado sobre un promontorio rocoso conocido como Morrón de Cabo de Gata, este es el punto más sudoriental de la península y el que le probablemente le dio nombre al cabo en el siglo XIV, ya que antaño se le denominaba Promontorio de las Ágatas por las gemas de sus alrededores.
La atalaya permite ver las aguas arremolinándose y chocando con la formación y, dependiendo de la luz, éstas adquieren un tono turquesa que embellece la escena. Cerca, el emblemático Faro de Cabo de Gata, del siglo XIX, se erige en lo que fue el patio del castillo de San Francisco de Paula, muy importante para evitar naufragios en esta complicada costa, donde una roca en particular, la Laja del Cabo, causó importantes perjuicios a los marineros.
Desde el choque de la Patrona Real en 1613 hasta el vapor checo Arna en 1928 - cuyo pecio es todo un atractivo para los buceadores - han sido muchos los barcos que se ha cobrado esta roca, de la que se sugirió su voladura. Desde 1978, el Faro de Cabo de Gata incluye un sector rojo en la linterna que señala la dirección en la que se encuentra el bajo para que no se cobre más víctimas.
Con la panorámica en la retina, es recomendable descender también por el camino que lleva a la cala de las Sirenas, un arenal tan pequeño que ni la marea baja permite más de diez personas. Las aguas transparentes que bañan las rocas de alrededor, imponentes a pie de costa, enamoran a bañistas y buceadores por igual. Para los inquietos, una recomendación: el sendero Arrecife de las Sirenas - Cala Rajá, que atraviesa paisajes desérticos, playas y calas vírgenes y acantilados de película.


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