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Profundos cañones y 350 kilómetros de cavernas subterráneas te están esperando.

Al sureste del estado de Nuevo México, en tierras del árido desierto de Chihuahua y los escarpes de los relieves de las montañas de Guadalupe, existe un complejo entramado de cañones, cuevas y pasajes subterráneos que constituyen uno de los parques nacionales más desconocidos y llamativos de Estados Unidos.

Todo un mundo subterráneo
En el árido corazón del sureste de Nuevo México, donde el sol cae a plomo sobre el desierto, se oculta uno de los secretos geológicos más sobrecogedores de Norteamérica, el Parque Nacional de las Cavernas de Carlsbad.
Este universo subterráneo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es mucho más que una red de cuevas. Es una verdadera maravilla de las entrañas de la Tierra que ha fascinado a espeleólogos, científicos y viajeros desde que fueran descubiertas, como suele ocurrir en tantos casos, a raíz de un hallazgo ocasional.
Hoy en día, el parque nacional cuenta con más de 120 cuevas catalogadas hasta el momento, formando todo un laberinto de cavidades y galerías subterráneas que ocupan decenas y decenas de kilómetros bajo la superficie del desierto.

Un mundo formado a partir de la disolución de la piedra caliza y que ha dado lugar a una riqueza geológica única, formando algunas de las cavidades más grandes de los Estados Unidos. La gruta de Lechugilla, la más famosa y profunda del país, es también una de las más espectaculares del mundo, con sus más de 240 kilómetros de pasajes conocidos.
Mientras, el punto más reconocible e icónico de todo el sistema subterráneo del parque es la Gran Sala (Big Room), una de las cámaras subterráneas más grandes del mundo, con casi 8 hectáreas de superficie. Recorrerla es como caminar por una catedral de piedra natural, con su techo abovedado elevado hasta los 70 metros de altura, desde el que cuelgan estalactitas que parecen órganos barrocos esculpidos por el goteo paciente de millones de años. En el suelo, estalagmitas, columnas, cortinas de piedra y lagos subterráneos conforman un paisaje que parece sacado de un cuento fantástico.

Una experiencia inmersiva en la oscuridad
Visitar Carlsbad no es simplemente caminar por túneles bajo tierra. Es una experiencia inmersiva en todos los sentidos. El parque ofrece distintas rutas según el nivel de aventura del visitante. La más popular es el Sendero de la Entrada Natural, una ruta de más de dos kilómetros que desciende hacia la Gran Sala.
Por otro lado, los más intrépidos puedes disfrutar de recorridos guiados hacia cuevas menos accesibles, donde es necesario arrastrarse por pasadizos estrechos con casco, linterna frontal y el espíritu de explorador bien afilado. Estas expediciones permiten experimentar el parque como lo hizo James Larkin White - llamado cariñosamente Jim White -, el primer explorador de las cavernas.

Pero no todo sucede bajo tierra en Carlsbad. Al caer la noche, uno de los espectáculos más icónicos del parque ocurre en la superficie: la salida de los murciélagos. Cada verano, entre mayo y octubre, cientos de miles de murciélagos emergen al unísono desde la entrada principal de la cueva en busca de insectos.
Además, en superficie, las casi veinte mil hectáreas del parque ofrecen una amplia variedad de maravillas naturales, senderos y formaciones rocosas, ofreciendo una realidad que se mueve en la frontera entre la superficie y las profundidades, entre el sol abrasador del exterior y la oscuridad absoluta del interior de las cavernas.
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