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Un lugar organizado, bonito y que funciona a la perfección gracias a un plan milimetrado.

En VIAJAR os solemos recomendar que organicéis bien vuestros viajes, pues es la única manera de exprimir el destino al 100%. Y hoy más que nunca, pues hoy os hablamos de un destino que se visita con cita previa, a pie y con alguien que explique lo que se está viendo. Me estoy refiriendo a Os Teixois, una pequeña aldea etnográfica, situada en el concejo de Taramundi, muy cerca del límite con Galicia y a pocos kilómetros del mar Cantábrico. Este destino tan particular es uno de los ejemplos más claros de cómo un territorio rural decidió conservar su memoria productiva sin convertirla en parque temático.
Un conjunto con historia detrás
Os Teixois estuvo habitada hasta mediados del siglo XX, cuando la despoblación rural acabó por vaciar este pequeño núcleo de casas dispuestas en torno al agua. Y es que, en 1989 comenzó un proceso de restauración integral, con el objetivo claro de recuperar los oficios tradicionales tal y como funcionaban, no recrearlos. El resultado fue un conjunto único que hoy está declarado Bien de Interés Cultural y protegido como ejemplo de arquitectura y actividad preindustrial del noroeste peninsular. No se reconstruyó “como era”, sino con lo que quedaba, respetando trazados, materiales y sistemas originales. Dándonos una lección a la sociedad de hoy en día que se cansa rápido y sustituye sin ningún tipo de miramiento.

Por su parte, nada en Os Teixois se entiende sin el agua. El arroyo que atraviesa la aldea es, francamente, la infraestructura principal. Gracias a un sistema de canales, presas y saltos, el agua mueve molinos harineros, mazos hidráulicos, una rueda de afilar y otros ingenios vinculados a la transformación de cereal y metal. Puede parecer trivial, pero es que estos sistemas no están expuestos como piezas de museo, funcionan.
Nada de improvisar
La visita a Os Teixois está restringida a grupos pequeños y siempre acompañados, por una cuestión de puro funcionamiento. Durante el recorrido se ponen en marcha mazos hidráulicos, molinos harineros y sistemas de transmisión movidos por agua que siguen utilizando ejes de madera, engranajes originales y canales abiertos. Francamente, el visitar esta pequeña aldea te proporciona un conocimiento que en pocos lugares puedes adquirir. Por un lado, porque la visita guiada es obligatoria y, por otro, porque aquí hay mucho que enseñar.

El caudal del arroyo se regula manualmente mediante compuertas tradicionales, y un uso continuado sin control alteraría tanto la madera como los ajustes de las ruedas. Por eso las visitas se concentran en determinados días y horarios, y no se permite la entrada libre. El objetivo no es solo proteger el conjunto, sino mostrarlo en funcionamiento, algo imposible con tránsito constante. Este sistema de visitas es el que ha permitido que, más de 30 años después de su restauración, los ingenios sigan operativos. Así que, funcionar funciona.
Os Teixois depende directamente del concejo de Taramundi, un municipio de algo más de 500 habitantes que desde finales de los años ochenta apostó por la recuperación de su patrimonio etnográfico como proyecto de territorio. La restauración iniciada en 1989 se apoyó en carpinteros, canteros y herreros locales, muchos de ellos conocedores directos de estos sistemas porque habían trabajado con ellos en su infancia. Aquí no hay discursos sobre sostenibilidad, más bien hay ejemplos prácticos. Me refiero a energía renovable, aprovechamiento de recursos, producción local y consumo ajustado existían porque no había alternativa. El interés de Os Teixois está precisamente en eso, pues muestra un sistema completo, con sus ventajas y sus fragilidades, sin reinterpretaciones modernas.
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