lunes, 24 de febrero de 2025

Tierra Bomba: la isla del otro Caribe colombiano

 CanalViajar


Un pedacito de Colombia que, además de unas imponentes aguas azules, también aguarda una historia que debes conocer.

Unas islas que, además de bonitas, guardan una peculiar historia.

El barco avanza despacio. Atrás quedan las luces de Cartagena, que tiemblan en el agua como si dudaran de su brillo. Delante, Tierra Bomba aparece sin ruido. No es el Caribe de postal, con playas de arena blanca y palmeras perfectas. Aquí, las historias no tienen filtros. El azul del mar se mezcla con cicatrices de años de abandono, pero también con una resistencia que late en cada marea.

En la playa de Bocachica, las embarcaciones de madera descansan como si esperasen al tiempo. Los isleños tienen la mirada serena, y revisan sus redes junto al agua. Tierra Bomba es así: un lugar atrapado entre la pomposidad de Cartagena de Indias y la realidad del litoral colombiano. La isla fue un bastión estratégico durante la época colonial, defendiendo a Cartagena de piratas y flotas enemigas. Sus fortalezas aún están allí, cubiertas de musgo y leyendas. Pero ahora, la batalla es otra. Los habitantes luchan por que su isla no desaparezca, devorada por el turismo masivo o, peor, olvidada.

Estas islas están muy cerca de Cartagena de Indias.

Las calles de Punta Arena están hechas de tierra y sombra. Los árboles se arremolinan sobre los caminos como si quisieran protegerlos del sol. Los niños corren descalzos detrás de una pelota mientras las mujeres cocinan pescado fresco en fogones improvisados. Todo tiene su ritmo, un ritmo lento.

Sin embargo, la calma es una máscara. A pocos kilómetros, el turismo se despliega con una fuerza incontenible. Hoteles, clubes de playa, muelles privados, todos construidos como una ola que avanza, reclamando un territorio que, aunque no lo grite, parece resistirse. Los turistas llegan, disfrutan de las playas, y parten sin mirar a la isla.

Más allá de las aguas azules del Caribe...

Al atardecer, todo se transforma. El sol desciende y el cielo adquiere tonos que el agua refleja para guardarlos en nuestros ojos. Desde lo alto de una de sus fortalezas, la vista hacia Cartagena contrasta con la realidad inmediata. Las luces del continente son una promesa que nunca llega. El brillo de la ciudad parece burlarse del abandono que pesa sobre esta isla, tan cercana y, sin embargo, tan ajena.

El regreso al continente se siente como un deslizamiento entre dos mundos que apenas se rozan. Tierra Bomba no es un paraíso perdido ni una tragedia que busca compasión. Es un espacio de tensiones: entre lo que fue y lo que no logra ser, entre el desarrollo que amenaza con arrasar sus orillas y la lucha silenciosa por preservar lo que queda.

Cada ola que rompe en sus costas, cada barco que parte hacia Cartagena, lleva consigo algo de esa resistencia. En este rincón del Caribe colombiano, la lucha no se grita; se vive. Como las mareas, que siempre regresan, Tierra Bomba se aferra a su lugar, en un mundo que parece decidido a olvidarla.

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