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Recorre este magnífico pueblo repleto de monumentos y con un casco histórico del que no querrás irte nunca.

Las joyas de España se traducen en preciosos pueblos que, en muchas ocasiones, son menos conocidos de lo que deberían. Su riqueza histórica, cultural y patrimonial hacen de ellos destinos repletos de belleza y tradiciones excepcionales que los convierten en lugares únicos. Muy próximo a la Sierra de Francia se abre paso un pueblo de menos de mil habitantes con un pasado medieval y un casco histórico declarado Bien de Interés Cultural.
Candelario se ubica en lo alto de la Reserva de la Biosfera de las Sierras de Béjar y Francia, en Salamanca, y pertenece a la prestigiosa lista de los Pueblos Más Bonitos de España además de ser Capital Española de las Montañas 2023 -título otorgado por la Asociación Española de Municipios de Montaña-. Sus callejuelas cuentan historias de un pasado tan remoto y atractivo como desconocido en el que hoy nos adentramos profundamente.
Una historia inagotable
Sus orígenes como pueblo se remontan a la Edad Media, época en la que se creó el trazado urbano en torno a la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Fue entonces cuando comenzaron a construir casas de madera, adobe, granito y ladrillo, en calles que se asemejaban más a un laberinto que a un pueblo. Los materiales utilizados y esa forma de las callejuelas se concibieron para proteger a los vecinos de las inclemencias de un tiempo caprichoso en mitad de la sierra.

Como los tiempos cambian, también lo hicieron las viviendas de Candelario cuando el ganado porcino se convirtió en la principal actividad económica del pueblo. Esto sucedió en el siglo XVIII, cuando las casas empezaron a tener un primer piso para la elaboración de embutidos, el segundo como vivienda y el tercero como secadero. Aunque lo que verdaderamente llama la atención de las casas son las batipuertas, medias puertas inferiores añadidas a las originales.
Calles llenas de monumentos
Poco a poco, las casas chacineras fueron aumentando en número hasta sobrepasar las cien. Los embutidos de Candelario, desde jamón hasta chorizo o lomo, llegaron a la Corte, a manos de Carlos IV y Alfonso XII. El Tío Rico era el proveedor más famoso del pueblo. Tanto es así, que lo plasmaron en un tapiz que hoy se expone en la Sala de Embajadores de El Escorial y también en una de las paredes de la Ermita del Cristo del Refugio de Candelario.


Más allá del patrimonio arquitectónico e histórico, existe el natural. Su entorno está repleto de paisajes con cascadas como la de la Mangá, la Dehesa de Candelario o senderos como el Camino de Monte Mario, el de la Garganta del Oso, el del Llano Alto o el del Tremendal, salpicado por espectaculares castaños y robles. Candelario se convierte en un gran ejemplo de que no es necesario contar con miles o millones de habitantes para esconder un riquísimo patrimonio.
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