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Entre arenales infinitos y atardeceres de fuego, el país tico despliega auténticos santuarios naturales para quienes buscan una verdadera desconexión.

En un mundo donde gobiernan la productividad y la hiperconexión, desconectar resulta casi imposible. Pero Costa Rica, con su filosofía Pura Vida, invita a hacerlo sin esfuerzo.

En las costas del Pacífico, al oeste del país, lejos de los tradicionales itinerarios turísticos, se despliegan playas ajenas a las prisas y al ruido. “Cuando necesito reencontrarme conmigo misma, cierro los ojos y me traslado allí mentalmente” explica Alejandra Laborda a Viajar recordando su experiencia en una playa remota cuyo nombre guarda con recelo como uno de sus mayores secretos. Esta madrileña vivió un tiempo en el país, donde trabajó como voluntaria en un proyecto de protección de nidos de tortuga. “Allí amé mi profesión” asegura. Si tú también quieres tener tu propia experiencia en Costa Rica,
Playas que curan
“En esa playa también viví el mejor atardecer de mi vida” cuenta Alejandra. Una imagen que recuerda con nostalgia y asombro postergado. Contemplar el mar en movimiento, vaciar la mente y centrarse en el momento presente. A menudo pensamos que la desconexión es un lujo inaccesible, pero en Costa Rica la meditación viene sola. Además, el país cuenta con diversos centros de bienestar y retiros de yoga para terminar de sumergirse en la paz más absoluta.

“La labor de proteger los huevos de tortuga de posibles depredadores y saqueadores fue uno de los momentos más especiales de mi estancia”. Aquí el tiempo lo marca el ciclo de la vida. Por lo que, si deseas febrilmente sentir algo parecido

Costa Rica es uno de los lugares con mayor diversidad de tortugas marinas del planeta, muchas en peligro de extinción. En sus playas anidan especies como la baula, la verde o la carey que se acogen a programas de conservación donde los turistas pueden participar como voluntarios para así conectar con un tipo de turismo más consciente y transformador. El contacto con las tortugas tiene algo místico. Desde verlas salir del mar para enterrar sus huevos en la arena a observar cómo las crías llegan al mar. “Es una forma de devolver algo a la naturaleza, de dejar una huella positiva”.

Para experimentar este tipo de vivencias, existen múltiples asociaciones y organizaciones que operan a lo largo de las costas del Pacífico y del Caribe, requiriendo una estancia mínima de varias semanas. Pero en un viaje al país también es posible participar en el desove de tortugas, por ejemplo, en el Parque Nacional de Tortuguero. Se lleva a cabo, durante los meses de verano, en su kilométrica playa, pudiendo participar tomando ciertas precauciones y guiado por los guardas del parque. Por lo que, si no puedes esperar para vivir una auténtica experiencia costarricense,
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