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Un mar interior en mitad de Extremadura con 13.000 hectáreas de agua, playas de interior, deportes náuticos y pueblos llenos de historia.

No hace falta vivir junto al mar para sentir la inmensidad del agua. En mitad de Extremadura, en la provincia de Badajoz, se extiende un horizonte azul que parece no tener fin. Es el Embalse de La Serena, el más grande de España y uno de los mayores de Europa occidental, una masa de agua tan vasta que muchos lo llaman directamente “el mar interior de Extremadura”. Con más de 13.000 hectáreas de superficie y una capacidad que supera los 3.200 hectómetros cúbicos, este coloso hidráulico no solo es una infraestructura clave para la región, sino también un lugar perfecto para disfrutar del verano de una forma distinta, entre dehesas, castillos medievales y deportes acuáticos.
El gigante del Guadiana
El Embalse de La Serena se construyó en la década de los ochenta sobre el curso del río Zújar, afluente del Guadiana, y desde entonces se ha convertido en el gran regulador de aguas del suroeste peninsular. Su magnitud impresiona; al llenar la presa se inundaron valles enteros, dando lugar a un paisaje nuevo en el que el agua se mezcla con colinas y penínsulas que se adentran en el embalse como si fueran islas.

Desde muchos puntos de su orilla, el horizonte acuático engaña al visitante, pues parece el mar, pero estamos en pleno interior de la península. Ese carácter casi marítimo, sumado a la tranquilidad que lo rodea, convierte a La Serena en un destino diferente para escapar del calor veraniego.
Un paraíso para los amantes del agua
El verano aquí no se entiende sin un chapuzón. El embalse cuenta con varias zonas habilitadas para el baño y los deportes acuáticos. En municipios como Campanario o Castuera es fácil encontrar playas de interior, con chiringuitos, áreas de pícnic y aguas tranquilas perfectas para nadar.
Las actividades van desde el piragüismo y el paddle surf hasta rutas en barco turístico que recorren algunas de las ensenadas más espectaculares del embalse. La pesca deportiva también tiene gran tradición: carpas, barbos y lucios abundan en estas aguas, atrayendo a aficionados de toda España. Lo mejor es que, a diferencia de las playas de la costa, aquí nunca hay masificación. El espacio es tan grande que siempre encontrarás un rincón tranquilo para extender la toalla.
Naturaleza en estado puro
El embalse está en el corazón de la comarca de La Siberia Extremeña, declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2019. Eso significa que no solo hablamos de agua y paisaje, sino que también de biodiversidad. En sus orillas habitan aves acuáticas como grullas, garzas y cigüeñas negras, y es frecuente ver rapaces planeando sobre las sierras cercanas. Las dehesas que rodean La Serena, con sus encinas centenarias y pastos, son además el escenario perfecto para rutas de senderismo y observación de fauna. Aquí el silencio solo se rompe por el canto de los pájaros y el sonido del viento en los árboles, y eso, en los tiempos que corren, es todo un lujo.

Pueblos con historia y sabor
El viaje al embalse de La Serena no estaría completo sin descubrir los pueblos que lo rodean. Castuera, cabecera de la comarca, es famosa por su turrón artesano, que se produce de manera tradicional incluso en pleno verano. Muy cerca está Campanario, con su playa de interior junto al embalse y su ambiente familiar.
Uno de los lugares más sorprendentes es Capilla, un pequeño pueblo encaramado a una roca donde se alza un castillo medieval que domina las aguas. La panorámica desde sus murallas es impresionante, el mar interior se extiende hasta perderse en el horizonte. Otros pueblos como Zalamea de la Serena, con su teatro romano y su patrimonio arqueológico, completan un recorrido donde la historia se mezcla con la naturaleza.
Un verano distinto en el interior
El Embalse de La Serena demuestra que el verano en España no es solo mar y costa. Aquí, en pleno corazón de Extremadura, el agua se convierte en protagonista absoluta, ofreciendo un sinfín de planes en un entorno tranquilo y auténtico. Ya sea para remar entre penínsulas que parecen islas, observar buitres desde los cortados o perderse por pueblos donde la historia sigue viva, este mar interior es una de las escapadas más originales que se pueden hacer en la Península.
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