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Una ciudad con viviendas, escuela, fábrica, teatro, cripta, fonda, cooperativa, convento… levantados en clave modernista a finales del siglo XIX.

A Barcelona se la conoce, entre otras muchas cosas, por ser la cuna del Modernismo en España. Y así lo confirma la gran cantidad de edificios que transformaron el aspecto de la ciudad a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX de manos de los arquitectos de la época.
El Modernismo dejó una gran huella en sus calles. Y si hay un nombre que sobresale por encima de todos los demás, ese es el de Antoni Gaudí, el gran arquitecto del Modernismo catalán. A él le debemos obras tan conocidas como la Casta Batlló y la Casa Milá (apodada como La Pedrera), y la Sagrada Familia, considerada como la obra cumbre del modernismo catalán (aunque todavía inacabada).
Sin embargo, fueron muchos otros nombres, más allá de Gaudí, los que resonaban en aquella época y que contribuyeron a la transformación urbana de la ciudad bajo los preceptos del movimiento. Buenos ejemplos son la Casa Terradas (un emblema de ladrillos rojos y tejados puntiagudos inspirados en la Edad Media), levantada por Josep Puig i Cadafalch.

O la Casa Comalat, de Salvador Valeri i Pupurull, con su fachada cargada de detalles y rebosante de cerámica de vivos colores que dibujan líneas curvas, además de esculturas, balaustradas de hierro forjado y vidrieras.
La gran joya modernista a las afueras de Barcelona
Lo curioso es que, a menos de 20 kilómetros de distancia, se encuentra una de las grandes joyas del Modernismo. No es un edificio, ni una fachada, ni una (única) casa. Sino todo un complejo, como una mini ciudad que sirvió de experimento para algunos de los arquitectos de la época, que practicaron allí los conceptos que luego llevaron a sus obras cumbre de la ciudad.

Se trata de la Colonia Güell, uno de los mejores ejemplos de la Cataluña industrial de finales del XIX y principios del XX. Un lugar que, a pesar de los años, parece haberse detenido en el tiempo, transmitiendo la atmósfera de aquellos siglos pasados. Y eso es lo que le hace tan especial.

Un catálogo de estilo del Modernismo catalán
Hoy la Colonia Güell es como un catálogo de estilo de los orígenes del Modernismo. Todo surgió con la creación de la fábrica textil del empresario catalán Eusebio Güell en su finca Can Soler de la Torre, en la localidad de Santa Coloma de Cervelló. Junto a la factoría, levantó casas para que vivieran en ella, cómodamente, sus trabajadores y sus familias. Un lujo para la época, sin duda.

Güell era un amante de la cultura y la arquitectura. Eso explica por qué convirtió su proyecto de colonia de trabajadores en una oportunidad de trabajo, y exhibición, para los arquitectos que en aquel momento estaban despuntando en Cataluña por la originalidad de sus proyectos.
Los edificios más bonitos de la colonia Modernista

Entre los edificios civiles, la cooperativa, el teatro y el ateneo, o la fonda. Aunque sin, duda, el más llamativo de todos, es la cripta, la gran obra de Gaudí en la colonia. No es ni mucho menos una construcción subterránea, sino la planta baja de una iglesia que nunca llegó a construirse pero que sirvió al genial arquitecto para poner en práctica algunos preceptos que después llevaría a la Sagrada Familia. Como si fuera una ‘maqueta’ en pruebas, casi un boceto, de lo que sería después el templo expiatorio. Una maravilla.
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