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De olivos, viñedos, café, té, coco… Desde estos alojamientos, la vista se pierde en la inmensidad de unos campos cultivados que embellecen el paisaje, son fuente de vida y símbolo de la identidad nacional.

Forman parte de la identidad de cada país, esos cultivos que no solo trazan la fisionomía del paisaje en cuestión, sino que son, a su vez, motor y vida, fuente de desarrollo económico, generadores de empleo, productores alimentarios. Las inmensas plantaciones que tapizan de belleza silenciosa los campos, coloreándolos en cada estación de verdes, ocres y rojos, tienen en los suelos y las temperaturas, en la acción del viento y la fuerza del sol, los mejores aliados para pervivir en el tiempo. Pero es sobre todo la mano del hombre la que da sentido a su existencia, en una actividad que se remonta a los orígenes de la historia y con labores tan ancestrales como la siembra, la poda, el riego y la cosecha.

Aquí, en estas vastas extensiones de terrenos cultivados, en la infinitud de las plantaciones que se abren ante los ojos como océanos vegetales, se erigen algunos hoteles que basan su esencia en el contacto con la naturaleza. Hoteles cuya función trasciende al mero alojamiento para sumergirse en la cultura de los campos y sus peculiaridades. Son hoteles que ofrecen recorridos por las fincas, catas de los productos que se cultivan, participación en las tareas de recolección, aprendizaje sobre los procesos de producción. Y, si hay suerte, también ofrecen el placer de degustar estos productos con una oferta gastronómica atenta a la proximidad en el tiempo y en el espacio.
Recorremos el mundo, de punta a punta, en busca de estos hospedajes inmersos en las plantaciones de todo tipo. Empezando por los que se levantan en medio de los olivares, alcornoques y otros tantos cultivos mediterráneos que tan familiares nos resultan. Pero también vamos más allá para colarnos en hoteles cuyo horizonte está trazado de café (en Etiopía, Costa Rica y, especialmente en Colombia, donde todo gira en torno al oro negro en el Eje Cafetero), de té (en los pliegues remotos de China y en las montañas centrales de Sri Lanka), de cocos (en las islas exóticas de Filipinas y Tailandia) y, cómo no, de viñedos (en el Valle de Napa, allí donde reside la más famosa región vinícola de California). Todos ellos, con su integración en el paisaje, su mimo al entorno y su vocación agrícola, hacen del alojamiento una experiencia auténtica.

Naturaleza y tradición en el Eje Cafetero de Colombia
Si hay un país que ha sabido hacer de sus plantaciones todo un reclamo turístico, ese es Colombia, la meca por antonomasia del café. Un producto que, más que un símbolo cultural, es un pilar de la identidad nacional en un territorio reconocido mundialmente por la calidad excepcional de sus granos. Amantes de este oro negro viajan hasta el Eje Cafetero, la mayor región productora, para dormir en las haciendas y hoteles boutique desperdigados por los cultivos y, de esta forma, empaparse de la cultura cafetera: explorar fincas, aprender sobre el proceso de cultivo y disfrutar de catas expertas de lo que para muchos es uno de los mejores cafés del mundo.

Este destino, que está reconocido por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, cuenta con otros muchos atractivos para completar la experiencia: paisajes deslumbrantes que incluyen parques nacionales con majestuosas montañas, cataratas imponentes y bosques nubosos, pueblos como Salento y Filandia trazados con calles empedradas y casas de sabor colonial, gentes cálidas y acogedoras que no solo mantienen el cultivo ancestral del café, sino que desarrollan una reconocida artesanía y una música típica como la guabina y el bambuco, presente en todas sus celebraciones.
Unos cuantos hoteles que merece la pena visitar
A Casa de Estremoz, Portugal
Su posición en el Alentejo, entre vastas extensiones de olivos y de alcornoques, hace de esta hermosa casa rural un refugio perfecto en un entorno natural agreste y auténtico, a tan solo cinco minutos en coche del encantador pueblo de Estremoz.

Aregash Lodge, Etiopía
Enclavado entre inmensos cafetales y exuberante vegetación en la ciudad de Yirgalem, este lodge está construido al estilo de una aldea tradicional etíope, con tukuls (especie de bungalows) con techo de paja de bambú decorados con colores vibrantes.

Amanfayun, Hangzhou, China
A seis kilómetros del Lago del Oeste, Patrimonio de la Humanidad, medio centenar de casitas conforman este resort, rodeado de plantaciones de té, que mantiene el espíritu de un pueblito chino perdido en medio de la naturaleza.
Ceylon Tea Trails, Sri Lanka
Emplazado en las Tierras Altas de Sri Lanka, en medio de ondulantes campos de té, este hotel formado por cinco históricos bungalows de estilo colonial, interconectados por caminos, transporta al viajero a otra época.

Auberge du Vin, Argentina
Una alfombra de infinitos viñedos pone el marco a este hotel en la provincia de Mendoza, que cuenta con una herencia vinícola que se remonta al s. XVI. Desde la terraza privada de las habitaciones se pueden recoger uvas malbec.
Hotel Hideout, Koh Yao Noi, Tailandia
Dicen que Koh Yao Noi es el secreto mejor guardado de Tailandia, una isla libre de resorts gigantescos y fiestas salvajes. Aquí, entre plantaciones de caucho y granjas de coco, se erige este hotel con gastronomía gourmet y programas de bienestar y mindfulness.

Hotel Finca del Café, Colombia
Todo en este hotel de Santa Rosa de Cabal, en pleno Eje Cafetero de Colombia, gira en torno a la bebida más consumida en el desayuno: desde las instalaciones en una finca inmersa en la plantación, hasta experiencias para asistir al proceso de cultivo.
Four Seasons Napa Valley, California, EE. UU.
Perdido entre los viñedos del Valle de Napa, en el corazón de la región vinícola de California, este lujoso hotel combina la excelencia de su servicio con el apasionante mundo de la enología. Destaca la innovadora cocina de su restaurante con estrella Michelin y su spa.
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