sábado, 4 de octubre de 2025

Canal Curiosidades : Los templos del pollo a l'ast en Barcelona

 ElPeriodidco


¿Un kiki rápido? Hablamos del kikirikis, mal pensado. Estos son los templos que bordan los pollos a l'ast, los de toda la vida. Apechuga con ellos

El clásico de Rooster & Bubbles.

Huevos Benedict, 'smash burgers', rámenes…, da igual de dónde venga el ataque, porque a Barcelona siempre le quedará el pollo a l’ast, una tradición de espíritu dominical y calado popular que ni siquiera la fiebre del pollo frito coreano podrá liquidar. Pocas cosas más ‘nostradas’ para el dominguero barcelonés que zamparse medio pollo a l’ast, regalarse unas croquetitas y bajarlo todo con la obligatoria copa de cava. Los espetones no han dejado de girar. La tradición no se ha tocado en los últimos 60 años y, todavía hoy, el pollo a l’ast genera entusiasmo. De hecho, a la Barcelona de 2025 no le faltan templos que bordan la receta. Apechuga con ellos.

1. Medio y copita

Abuelo legendario

Pollo histórico el que ha montado Rooster & Bubbles (Pla de Palau, 12/ París, 177). Histórico porque es, pues eso, historia viva de esta movida. El abuelo del propietario, el ilustre señor Joan Casas, introdujo la máquina de asar pollos en Barcelona a principios de los 60. Su mítica 'rostisseria' Kikiriki fue la primera piedra de una larga tradición que sigue vivísima en los dos Rooster & Bubbles de su nieto; el primero, en el Born, tuvo tan buena acogida que acaba de abrir otro en el Eixample.

La máquina con pollo, cordero y cerdo a l'ast de Rooster & Bubbles.

La idea es respetar la esencia del ritual en un entorno desenfadado y cómodo, y ofrecer al cliente el tradicional combo “copa de cava-pollo a l’ast”, un dúo que, por cierto, también salió de la mente del señor Casas. El pollo es un ‘groc català’ esplendoroso que se asa con tiento y sin muchos añadidos, solo sal y pimienta. Confían en la jugosidad del producto. Y lo acompañan de un alioli suave y patatas horneadas. La carta esconde más cositas: bocadillos, croquetas (riquísimas), fingers (para los niños) o un cordero asado que no deja indiferente.


2. La calle del pollo

Comer, beber, asar

Los espetones callejeros de Los Caracoles (Escudellers, 14) deberían ser patrimonio histórico de Barcelona. Los pollos giran y giran a la vista de la fauna que transita la calle Escudellers. Los bichos tienen la piel tostadita, como Julio Iglesias; la leña surte su efecto, les da un tono y les arranca un perfume al que ningún ser humano con sangre en las venas puede resistirse.

Los Caracoles es una pirámide barcelonesa que se levantó en 1835, se dice pronto, y hoy en día sigue siendo un símbolo irrompible de la vieja BarcelonaCaracoles y pollos a l’ast, sus señas de identidad. Para los amantes del salseo, ha sido y es un imán para celebridades del calibre de Mark Knopfler, Robert De Niro o Ava Gardner. Hace poco, el mismísimo Pep Guardiola felicitó al restaurante por sus 190 añazos. Los espacios de leyenda atraen a las leyendas.


3. Plumíferos tostados

Pollos hermanos

Cuando el cocinero y empresario Eugeni de Diego se puso serio con el pollo a l’ast, surgió Apluma (Gran de Gràcia, 7/ Santaló, 39), un fenómeno que arrasó hace siete años merced a la calidad del producto. La tradición desde un prisma gourmet. De Diego abandonó el negocio, que cambió de manos, pero la mandanga se ha mantenido más o menos en el mismo nivel de excelencia hasta hoy.

Pollo ‘groc català’, mezcla de especias más secreta que la fórmula de la Coca-Cola, un asado concienzudo de hora y media en su juguito… ¡y que Dios nos asista! Está realmente bueno y, si quieres contentar al novio Tiktotker de tu hija, también hay pollo frito, unas piezas con un rebozado más crujiente que las vértebras de Joe Biden. Muy recomendable acudir al local de Gran Gràcia, más cómodo que la pequeña trinchera que tienen en Sant Gervasi y que provee a todo el vecindario con su fantasía avícola.


4. Pollo incombustible

Kiki rápido

Un respeto para los dos restaurantes de Los Pollos de Llull (Nàpols, 272/ Ramon Turró, 13), que aquí hay galones y veteranía a cascoporro. Estás en el lugar equivocado si tu intención es colgar un reel poniendo caritas de asombro cada vez que llega un plato. En este clásico de Barcelona se estila el pollo l’ast de toooda la vida, sin tonterías, en perfil bajo, bien asado y vigorizado con hierbas, y con diferentes gradaciones de calidad a diferentes precios.

Tienes el pollo estándar, el pollo de crianza en libertad y el pollo ecológico certificado. El que nos interesa es el básico, porque medio pollo con acompañamiento (manzana y hierbas) te sale por menos de 10 €. Por cierto, las croquetas y los canelones de pollo, aterrizados en manteles de cuadros vintage, te harán mejor compañía que cualquier ser humano. Además, Los Pollos de Llull tiene dos restaurantes, uno en Sagrada Família y otro en la Villa Olímpica, y juega con un menú del día entre semana de lo más inspirador: lo llaman ‘kiki ràpid’ y por menos de 14 € te zampas un primero, el medio pollo de la casa y postre. El cigarrito del final ya es cosa tuya.


5. En la cresta

Pollo pionero

No hay barcelonés de bien que no asocie la mañana del domingo con el perfume de una 'rostisseria'. Y la culpa la tiene esta iglesia. Los pollos rotan en las máquinas de Kikiriki (Sant Roc, 15) como si fuera 1962, año de su apertura.

Fueron los primeros en utilizar el asador giratorio que todos conocemos y aseguran que siguen las mismas pautas de la receta original. Un pollo extraordinariamente jugoso, con la piel trabajada en la llama y un simple combo de sal y pimienta a modo de maquillaje. Llévate un libro o El Periódico si decides ir en domingo, porque te tocará hacer cola.


6. Chicken’s house

Honor y leña

'Rostisseria' honesta, familiar, conducida con amor, y, vamos a lo que importa, con unos pollos a l’ast para llevar trabajados a la leña de encina que hacen salivar a todos los seres vivos que pasan por delante del local. En Can Pollastre (Villarroel, 136) se toman muy en serio la tradición y emplean un pollo nacido y criado en granjas del Prat de Llobregat, bajo criterios de bienestar animal. Todos los detalles cuentan para que la pieza salga perfecta.

Aunque se llame Can Pollastre, también tocan con mimo otros platos de cocina catalana y tienen espacio en su asador para otros bichos, como el cerdo.


7. Pechuga internacional

De Perú a México

El restaurante peruano La Turuleca (Arizala, 5) es una de las joyas de Sants-Badal que hay que descubrir. Practica una cocina tradicional y honesta, con unos precios más que razonables en esta carísima ciudad. En la carta, los de siempre, espléndidamente ejecutados y en raciones generosas: lomo saltado, ceviche, anticucho, arroces… Todo rico, pero el ítem que gana por goleada en esta casa es el pollo a la brasa: jugoso, sabroso, con un tono de piel seductor y un pelotón de adeptos que no lo cambiarían por nada del mundo. Acompáñalo con las salsas de la casa y no te dejes ni una patata frita en el plato. Y no vayas solo a la Turuleca, en esta brasa peruana se come en comunidad o no se come.

En la otra punta de la ciudad, el restaurante mexicano Cresta Colorada (Còrsega, 244) triunfa gracias a sus pollos al horno de brasa para taquear. Medio pollo de lo más apetitoso con tortillas de maíz caseras, salsas y guarnición de calidad, para que lo devores a la mexicana. Una experiencia que hay que vivirla como una sesión de ouija: siempre en compañía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Canal Viajar : Todo lo que necesitas saber para viajar a Nueva Orleans: qué ver, dónde comer y los mejores sitios para escuchar música

 CanalRViajar Y si visitas la ciudad del Misisipi justo en febrero, cuando celebra su Mardi Gras, la experiencia será total. Entre todas las...