CanalMagazine
Radio Serranía, la radio pública de la comarca. ¿Lo sientes? ¿Lo sientes? ¿O no momentos? el sonido del tren símbolo de progreso de rutina de reencuentros pero a veces ese mismo sonido se tiñe de tragedia en adamud y en barcelona dos accidentes recientes nos han acordado y nos han recordado lo frágil que es la vida en cuestión de segundos lo cotidiano se convirtió en dolor familias que esperaban un mensaje una llamada un abrazo y solo tuvieron silencio La vida tan nuestra y tan efímera puede cambiar con el chasquido de un segundo. Y cuando eso ocurre, cuando se apaga una vida en un transporte público, no basta con las condolencias. Hay responsables, hay fallos y hay decisiones que se toman o se evaden desde los despachos.
Cada víctima nos obliga a mirar más allá de la fatalidad, a exigir explicaciones, a pedir que quienes tienen el poder de prevenir actúen. El Ministerio de Transportes tiene un deber ineludible, garantizar la seguridad de los ciudadanos y los trabajadores. Y eso no se logra con palabras impulsivas o declaraciones en redes sociales.
El ministro Óscar Puente ha hecho de Twitter su altavoz, personal, pero ¿debe un ministro comunicar, opinar o enfrentar críticas por esa vía? Quizá debería anteponer lo institucional a lo espontáneo. La confianza pública no se gana con tweets, se gana con gestión, con soluciones y con respeto por las víctimas.
Mientras tanto, los maquinistas, esos profesionales que conocen el peso de cada viaje, de cada frenada, de cada mirada en el andén, han dicho basta. Su negativa a conducir sin condiciones seguras no es un capricho, es un acto de responsabilidad. Porque cuidar sus vidas también es cuidar las de todos nosotros. Los trenes seguirán pasando, la rutina volverá.
Pero ojalá no olvidemos que detrás de cada vagón hay personas, historias y segundos que pueden cambiarlo todo. Que esas tragedias no se conviertan en simples cifras, sino que sea un punto de partida para reconstruir la confianza, la seguridad en la humanidad que aún deben guiar nuestras vidas.
Cada víctima nos obliga a mirar más allá de la fatalidad, a exigir explicaciones, a pedir que quienes tienen el poder de prevenir actúen. El Ministerio de Transportes tiene un deber ineludible, garantizar la seguridad de los ciudadanos y los trabajadores. Y eso no se logra con palabras impulsivas o declaraciones en redes sociales.
El ministro Óscar Puente ha hecho de Twitter su altavoz, personal, pero ¿debe un ministro comunicar, opinar o enfrentar críticas por esa vía? Quizá debería anteponer lo institucional a lo espontáneo. La confianza pública no se gana con tweets, se gana con gestión, con soluciones y con respeto por las víctimas.
Mientras tanto, los maquinistas, esos profesionales que conocen el peso de cada viaje, de cada frenada, de cada mirada en el andén, han dicho basta. Su negativa a conducir sin condiciones seguras no es un capricho, es un acto de responsabilidad. Porque cuidar sus vidas también es cuidar las de todos nosotros. Los trenes seguirán pasando, la rutina volverá.
Pero ojalá no olvidemos que detrás de cada vagón hay personas, historias y segundos que pueden cambiarlo todo. Que esas tragedias no se conviertan en simples cifras, sino que sea un punto de partida para reconstruir la confianza, la seguridad en la humanidad que aún deben guiar nuestras vidas.
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