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En pleno invierno, lo que más apetece es pasar unos días en paraísos donde todavía parece que es verano.

Los más nostálgicos del verano estarán ya contando los días que faltan para que llegue el solsticio y se acabe este frío polar que se cierne sobre la Península Ibérica. La espera es mucho más corta de lo que creen, porque todavía hay rincones de España donde queda algún resquicio del estío, con temperaturas que a veces superan los 20 grados, playas paradisíacas y vuelos muy asequibles.
Las islas Canarias se posicionan como un pequeño paraíso donde es verano todo el año. No se trata únicamente de una estación, sino de una manera de vivir. El clima suave y los cielos despejados otorgan la sensación de estar viviendo unas vacaciones constantes que nunca terminan. Esto que podría parecer casi imposible, un sueño, es una realidad en el pueblo de Mogán, Gran Canaria.
La Venecia de Canarias
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ha catalogado como uno de los lugares con mejor clima de todo el mundo, así que no es casualidad que aparezca por todas partes como refugio ante el frío invernal. Al ubicarse al suroeste de la isla y entre montañas, cuenta con una especie de microclima donde hay temperaturas suaves y cielos despejados más de 300 días al año.

Además, es uno de los pueblos más pintorescos del archipiélago, llegando a conocerse como la "Venecia de Canarias". Su variedad patrimonial y de todo tipo se debe a los diferentes pobladores que ha tenido. Los primeros procedían del norte de África. Eran nómadas y se asentaron en los valles cerca del mar, dejando yacimientos arqueológicos como la Cañada de los Gatos.

Los españoles llegaron en el siglo XVI y aquellos territorios comenzaron a formar parte de Telde. En el siglo XX, aumentó su población considerablemente, dejando como recuerdo el pasado pescador con casas multicolores con vistas al mar. Es precisamente eso lo que se observa en un paseo por el casco urbano: imágenes de postal en cada uno de los rincones que se esconden en las callejuelas.
Playas, naturaleza y mucho sol
El tiempo parece detenerse en Mogán, donde es imposible no pararse a contemplar sus playas. Como de la de Puerto de Mogán, pequeña y junto al casco urbano; la de Amadores, de arena dorada y aguas transparentes como las del mismísimo paraíso; o la de Taurito, en un entorno más turístico rodeada de hoteles. Pero no todo aquí es mar, sino que hay una riqueza gigantesca.


Viajar a Mogán en enero o febrero es una idea fantástica, ya que, además de haber vuelos muy asequibles desde 50 euros, los amantes del verano hallarán sol prácticamente todos los días. Las terrazas de los bares se llenan de gente y la esencia del pueblo se mantiene siempre igual, con temperaturas de unos 20 grados en los meses más fríos y de 26 en los más cálidos. Un auténtico paraíso.
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