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El pueblo catalán donde comes con sentido y en un entorno espectacular.

En Cataluña se come bien casi siempre, eso es una realidad. Pero no en todas partes se come con memoria y con tanto respeto al producto como aquí. En Tossa de Mar la cocina no nace de una tendencia ni de una reinterpretación moderna, que a menudo peca en caer en los mismos patrones de siempre, sino que nace de haber vivido siglos mirando al mar.

Y es que, en una época en la que estamos acostumbrados a raciones minimalistas sin sentido, aquí los platos siguen teniendo su función original, la de alimentar. Y esa diferencia se nota desde el primer bocado. Porque cuando un lugar no ha tenido que forzar su identidad, el resultado suele ser más honesto.
La última villa medieval fortificada junto al mar
La Vila Vella de Tossa de Mar no es solo el casco antiguo del pueblo, es una excepción histórica. Se trata de la única villa medieval fortificada que se conserva junto al mar en toda Cataluña, algo que no ocurre ni en el resto de la Costa Brava ni en el litoral mediterráneo catalán. Sus murallas comenzaron a levantarse en el siglo XII y se reforzaron entre los siglos XIII y XIV.

El recinto cuenta con siete torres cilíndricas, un trazado defensivo claramente reconocible y un entramado urbano que apenas ha cambiado. ¿Lo mejor? Que no es un conjunto musealizado, ni mucho menos, sino que un lugar en el que se vive, se pasea y se come dentro de una estructura medieval real, no reconstruida. Y es que, Cataluña rebosa autenticidad.
El mar como despensa histórica
Durante siglos, Tossa fue un pueblo de pescadores. Esa condición marcó su cocina mucho antes de que existiera el ya famosísimos concepto de “producto de proximidad”. El pescado de roca, el pulpo, la sepia o el calamar eran (y siguen siendo) la base de muchas recetas locales. No por romanticismo o por seguir la moda Mediterránea, sino por pura lógica; por mucho que sorprenda a los más modernos.
Restaurantes como Can Carlus representan bien esta tradición; cocina catalana y marinera, producto reconocible y recetas que no necesitan explicación. Aquí el pescado manda y el plato se entiende solo.
El guiso que define al pueblo
Si hay un plato que explica Tossa de Mar sin palabras, ese es el cim i tomba. Se trata de un guiso marinero tradicional elaborado con pescado de roca, patatas, ajo, tomate y alioli. Nació a bordo de las barcas, cuando los pescadores cocinaban con lo que no se vendía en la lonja. Hoy sigue siendo el plato identitario del municipio y se mantiene más vivo que nunca en restaurantes como Can Sophia, situado dentro de la Vila Vella. Allí se respeta la receta original, ¡demostrando que no todo necesita reinterpretarse para seguir teniendo sentido!
Casas de comidas que han resistido al turismo
Uno de los grandes aciertos de Tossa es que muchos de sus restaurantes no nacieron para la horda de turistas que está acostumbrada la Costa Brava, sino para el pueblo. El Romani es un ejemplo vívido de ello; cocina de mercado, carta corta y producto que cambia según la temporada. Nada de discursos, ni de comidas de cabeza, aquí se cocina lo que hay y se cocina bien.

Y es que, en Tossa de Mar no se come bien porque alguien lo haya decidido en una estrategia turística. Se come bien porque siempre se ha comido así, porque el mar sigue marcando la despensa, porque las murallas siguen en pie y porque nadie ha tenido prisa por cambiar lo que funciona. ¿No pensáis que ahí radica la magia?
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