Viajar20M

De norte a sur, Italia es uno de los países de Europa con más gancho para los turistas de España. Y aunque es difícil quedarse con un solo destino porque está lleno lugares increíbles, nosotros hemos planificado un road-trip que recorre algunas de las joyas rurales más desconocidas y encantadoras del país de la bota. Durante esta incursión en el Valle de Aosta haremos paradas en localidades rodeadas de espectaculares paisajes (de las que posiblemente nunca hayas oído hablar) y donde la protagonista indiscutible será la fascinante naturaleza que encontrarás tanto al llegar a los pueblos alpinos como durante el trayecto.
Lillianes, el pueblo de las castañas
Comenzamos nuestro recorrido por el Valle de Gressoney, al este del Valle de Aosta y cerca de la frontera con el Piamonte. En un radio de unos 25 kilómetros iremos descubriendo pequeños pueblos que te permitirán disfrutar de una Italia diferente. Nuestra primera parada será en Lillianes, una tranquila localidad de menos de 500 habitante situada entre montañas y con un pintoresco puente de piedra (siglo XVIII) sobre las aguas del río Lys que divide el pueblo en dos. Tiene cuatro arcos y es el único de su tipo en el Valle de Aosta. De su patrimonio destaca también la Iglesia de San Roque del siglo XVIII y un museo dedicado a la castañas, producto local que además de estar muy presente en el paisaje, lo podrás disfrutar también en la gastronomía de la zona. Las encontrarás tanto en los aperitivos, como en salsas y en los postres
Qué ver en los alrededores: a poco más de un kilómetro y en medio de un bosque que parece encantado se encuentra la cascada del arroyo Bouro con un caudaloso salto de agua. Es una excursión muy recomendable si te apetece desconectar y escuchar por unas horas tan solo el sonido de la naturaleza.
Gressoney-Saint-Jean, ejemplo de elegancia alpina

Tan solo hay que recorrer 20 kilómetros de paisajes montañosos para adentrarnos en Gressoney-Saint-Jean, nuestro siguiente destino. Con sus casas de piedra y antiguas fuentes de madera al refugio de las imponentes montañas, es uno de los pueblos imperdibles del Valle de Gressoney. Una de las joyas de este pueblo es el Lago Gover, que se convierte en una pista de patinaje durante el invierno. Está rodeado de pinos y abetos y ofrece una preciosa vista del Monte Rosa.

Uno de los lugares más destacados es el castillo Saboya, la que fue residencia de la reina italiana Margarita de Saboya, quien eligió esta elegante localidad para sus vacaciones de verano. Construido en estilo lombardo con piedra gris, cuenta con cinco torres neogóticas que sobresalen en medio del frondoso bosque ofreciendo una imagen que bien podría haber sido sacada de un cuento infantil. Cuenta también con un jardín botánico con especies típicas del entorno alpino.
Actividad que te recomendamos: si te apetece una interesante combinación de naturaleza y patrimonio puedes hacer una pequeña excursión desde el lago Gover. Tomando el sendero la Passeggiata della Regina y atravesando el bosque, en media hora estarás en el castillo.
Fontainemore, la típica postal del Valle de Aosta

Toca ponerse de nuevo al volante para recorrer los 17 kilómetros que nos llevan hasta este pueblito del valle de Greessoney. Con casas de piedra y literalmente rodeado de bosques, además cuenta con espectaculares vistas a los Alpes. Uno de sus principales atractivos es el puente medieval de una sola arcada que se alza sobre el río Lys y conduce a la Iglesia de Sant´Antonio Abate, que fue construida en el siglo XV y reconstruida un par de veces después. A pesar de su pequeño tamaño, Fontainemore cuenta con otros dos templos más: la cappella di San Rocco (siglo XVII) y la cappella di Niana, dedicada a la Madonna delle Nevi.
Por qué te lo recomendamos: desde este pueblo sale una carretera que conduce hasta la Reserva Natural del Mont Mars, donde se pueden realizar interesantes rutas de senderismo y disfrutar de espectaculares vistas del lago Vargno desde arriba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario