Beteve
El antropólogo Josep Fornés explica las raíces y la evolución de esta celebración vinculada a Semana Santa
El pastel: del tortillo con huevos duros al chocolate
La mona tradicional, conocida como la mona Cristina, es un pastel en forma de tortilla, de coca azucarada, con huevos duros. El número de huevos viene determinado por la edad del niño, debe haber tantos como años tenga. La tradición se mantenía, históricamente, hasta que los hijones recibían la primera comunión.
La presencia de chocolate en la mona es una incorporación moderna, introducida en Barcelona en torno a 1930 por el pastelero Lluís Santapau que la Confitería Mora comenzó a adornar el pastel con figuras de este producto.
Las referencias más antiguas a la mona las encontramos en el siglo XIV, donde esta tradición está documentada en el principado de Cataluña, Murcia y el País Valenciano. Posteriormente y en otros formatos también está presente en las islas Baleares y Aragón. El origen de la palabra "mona" no está claro; podría proceder del árabe, el latín o el griego; pero en cualquier caso se refiere a un "regalo" u "ofrenda".
La importancia de la figura del padrino
El encargado de regalar la mona es el padrino, una figura que se mantiene vigente, pero que tenía aún más relevancia en el pasado. En épocas en que la medicina no estaba avanzada ni existían sistemas públicos de protección, el padrino ejercía de garante de la supervivencia y bienestar del niño en caso de necesidad o muerte de sus progenitores. Era habitual escoger como padrino a un abuelo o a un tío y se tenía en cuenta su capacidad económica. Como explica Josep Fornés, el ritual de la mona es "la renovación anual del compromiso del padrino con su hijito o hijuela".
La mona dentro de la celebración de Semana Santa
La Pascua es el momento más relevante del calendario cristiano, que conmemora la resurrección de Cristo, tras su pasión y muerte por crucifixión. Es el momento con el que culmina Semana Santa y termina la prohibición de comer carne, leche y huevos que rige la cuaresma. Para los cristianos, es un momento de joya y alegría que también coincide con la celebración de la llegada de la primavera. En un sentido más profundo, pues, representa la fertilidad y el inicio de un nuevo ciclo de vida.
El día de celebración de la mona varía año tras año en Cataluña por coincidir con Lunes de Pascua.


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