miércoles, 4 de marzo de 2026

Canal Viajar : El sueño vivo de Gaudí: un recorrido por las visiones del genio modernista en el centenario de su muerte

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La Sagrada Familia es una auténtica cápsula del tiempo que conecta un pasado brillante con un presente extraordinario y un futuro que lo proyecta hacia el infinito como un icono de referencia. Y será una de las grandes protagonistas de este 2026, dedicado al centenario de la muerte de Gaudí.

En el interior de la basílica, el bosque de columnas de troncos deja ver sus ramas inclinadas

El templo expiatorio de la Sagrada Familia es, para mí, un recuerdo intrínsecamente ligado al paisaje urbano de mi infancia. Mi familia paterna vivía a un tiro de piedra de la obra, en lo que entonces era un barrio popular con una cifra irrisoria de turistas y de tiendas de souvenirs. A mi abuela, que no era muy de misa, pero sí muy apegada a las tradiciones, le gustaba llevarnos a mis primas y a mí a los servicios religiosos que se celebraban en la cripta, lo primero que se construyó al iniciarse la magna obra de Antonio Gaudí.

Yo era lo bastante pequeño como para no prestar mucha atención al sermón, pero lo bastante mayor como para dejarme atrapar por la fascinante filigrana del mosaico del suelo, con una serie de vides y referencias al trigo que hoy sé que simbolizan la eucaristía y la fertilidad. Los capiteles y columnas aún eran más sorprendentes, con sus flores y motivos vegetales, parte del lenguaje naturalista que aquel genio desarrolló luego en el resto del templo, porque la naturaleza es expresión de lo divino. Reconozco que lo único que me daba un poco de grima era saber que en la capilla de la Virgen del Carmen reposaba el propio arquitecto, atropellado por uno de esos tranvías que no sé si llegué a ver en activo, o simplemente, creo tener presentes por la de veces que me han contado la historia. Lo que seguro no vi es el inicio de este relato en piedra, ya que empezó a escribirse en 1882, si bien el joven y visionario Gaudí no se hizo cargo del mismo hasta un año más tarde, cuando al desafío arquitectónico se unió el de conseguir los fondos para la construcción, llevado a cabo a partir de limosnas y no de inyecciones de dinero público. La cripta fue, pues, lo primero en lo que trabajó. Hoy oculta bajo el altar mayor y muy cotizada para celebrar bodas, el motivo no era otro que proteger el proyecto: una vez consagrada, no se podía derribar y había que seguir adelante.

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Redacción Viajar

En su origen, el templo se tenía que haber dedicado a San José, un personaje que siempre resulta secundario en la Biblia, pero ante la magnitud del concepto planteado por Gaudí, se decidió elevar las expectativas y ofrecerlo a la Sagrada Familia en conjunto. En contra de los cánones habituales, su planta se orienta de norte a sur, en lugar de este a oeste, de modo que la luz es la protagonista constante de la obra, bien sea iluminando las fachadas por fuera —por la mañana el sol anima la de la Natividad, mientras que los colores del ocaso ensangrientan la de la Pasión— como el interior de la iglesia, con el cambiante juego de colores que componen vidrieras y arcadas. A diferencia de los oscuros centros de culto de otros tiempos, la luz —y su simbología— es la verdadera protagonista de esta construcción. Por ejemplo, en las franjas interiores aparecen escritos en los cristales de colores nombres de santos y santuarios, dando a entender que brillan por la gracia divina. El juego se complementa con un verdadero bosque petrificado de columnas, que se estrechan e inclinan hacia arriba, y que en su esbeltez son capaces de soportar la tremenda carga de torres y agujas. En total habrá 18: doce apóstoles, cuatro evangelistas, la Virgen María y, por encima de todas, Jesús, que con los 172,5 metros previstos convertirá la iglesia en la más alta de Europa.

Imagen actual de la estrella que corona la Torre de la Virgen María de la Sagrada Familia

Y aquí es donde se esconde una de las sorpresas mayúsculas de la Sagrada Familia, que consiste en que el mayor peso se soporta por encima, no en la parte baja; de hecho, la iglesia no tiene cimientos, como si toda su masa flotara por un truco de magia celestial. En la parte del recorrido dedicada a museo, todavía se expone como cuando era un chiquillo un modelo del conjunto acabado que data de la época de Gaudí. Se trata de una maqueta colgante, invertida, hecha de cuerdas y pesos, que sirvió al arquitecto para calcular la forma óptima de la estructura y la geometría de arcos y puntales, suprimiendo la necesidad de muros macizos para soportarlo. Lo hizo por ceder el protagonismo a la luz, sí, pero también por ahorrar costes. No olvidemos que todo salía de las limosnas… La maqueta, así como una modulación precisa de 7,5 metros, repetida como unidad de referencia en todos los elementos de la obra, son la fórmula mágica que ha permitido continuar la construcción tras su muerte, incluso sin planos detallados.

Imagen del interior de la Basílica de la Sagrada Familia

Múltiples detalles siguen atrapando mi imaginación como cuando era un niño, como los ángeles músicos de la fachada de la Natividad, esculpidos con rasgos asiáticos por el artista japonés Etsuro Sotoo, una licencia del escultor jefe del templo desde finales de los años 70. O la figura del Cristo desnudo de la fachada de la Pasión, creada por Subirachs con espíritu provocador, ya que es la primera vez en la historia que se lo representa así. Debajo, una Verónica sin rostro muestra el de Jesús en el paño, recordando que “verónica” era el nombre dado al lienzo —la “vera icona”—, no a la mujer, que permanece anónima.

Y es así, entre la sorpresa y la fascinación, que la Sagrada Familia me devuelve a la infancia, esperando la culminación de la torre de Jesucristo este 2026, centenario de la muerte de Gaudí, en lo que sin duda voy a vivir como un auténtico regreso al futuro.

El sueño de Gaudí sigue vivo

Ironías del destino. El 14 de abril de 2025, fecha en la que se conmemora la proclamación de la Segunda República española, el desaparecido papa Francisco Bergoglio aprobó un decreto que reconocía las “virtudes heroicas” del catalán Antoni Gaudí (1852-1926), conocido como el “arquitecto de Dios”, por su trabajo en el diseño de la Sagrada Familia de Barcelona. Este fue el primer paso de un prolongado y arduo recorrido administrativo que acabará, si todo avanza positivamente, hacia la santidad. En cualquier caso, antes de llegar a ese punto, es necesaria la verificación de dos milagros del candidato. El tiempo dirá si este arquitecto, al que Benedicto XVI definió como “genial y cristiano consecuente”, alcanza o no los altares cristianos. En cualquier caso, el olimpo arquitectónico lo ocupa desde hace tiempo.

En el centenario del fallecimiento de Gaudí, la obra del arquitecto de Reus mantiene una vitalidad envidiable. Más allá de conmemoraciones, el mejor homenaje radica en recordar la faceta humana del creador y en disfrutar de sus edificios.
Imagen actual de los exteriores de la Sagrada Familia

Algunas cifras: en 2025, la Sagrada Familia ha sido el monumento de pago más visitado de España, superando los 4,7 millones de visitantes. De ellos, el 87 % provenía de fuera de España (según datos de 2024). El Park Güell, también de Gaudí, recibió a 4,4 millones. Por poner en contexto: el Museo del Prado de Madrid acogió a más de 3,5 millones —la mayor cifra de su historia—; y la Alhambra de Granada, a 2,7. La conclusión es clara: Antoni Gaudí no solo es un referente cultural internacional, sino que se ha convertido en un potente motor económico para Barcelona. Coincidiendo con el aniversario de su muerte, entidades públicas y privadas preparan numerosas actividades conmemorativas en 2026.

Gaudí no ha habido más que Gaudí y tardarán muchos siglos antes que se produzca otro igual

Tras una andadura académica mediocre, Gaudí finaliza los estudios de arquitectura en 1887. Cuando Elies Rogent, director de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, le entrega el título, realiza una afirmación inquietante: “Qui sap si hem donat el diploma a un boig o a un geni. El temps ens ho dirà” (quién sabe si le hemos dado el título a un loco o a un genio. El tiempo lo dirá). Cien años después de su muerte, esta incógnita parece resuelta.

La fecha exacta de la efeméride se cumplirá el 10 de junio —día en el que se celebrará una misa en su honor en la Sagrada Familia—. “Los temores que se tenían respecto a un desenlace funesto en el estado de D. Antonio Gaudí (...) se han confirmado, desgraciadamente”. Así informaba el diario ABC de 1926 sobre el deceso. Sin embargo, la desgracia se fraguó tres días antes, cuando fue atropellado por un tranvía en la Gran Via de les Corts Catalanes, entre las calles Girona y Bailén.

Imagen de la construcción de la Sagrada Familia

El 12 de junio de 1926, Gaudí fue enterrado en la cripta de la Sagrada Familia, en la Capilla de la Virgen del Carmen. Según explicitó en su testamento, el entierro debía ser lo más sencillo posible. Objetivo fallido... el cortejo fúnebre estuvo formado por un cabo y cuatro individuos montados del Cuerpo de Seguridad, una sección de la Guardia urbana, la Liga espiritual de Nuestra Señora de Montserrat, la Asociación Gregoriana, alumnos de la Escuela de Arquitectura, obreros de la Sagrada Familia con hachas, el clero del Hospital de la Santa Cruz... “El cortejo era numerosísimo”, según describía ABC. Durante el entierro, en la explanada del templo, se congregaron alrededor de 5.000 personas.

Gaudí era un gran artista. Solo aquellos que conmueven el corazón sensible de los hombres quedan y quedarán

Gaudí nació el viernes 25 de junio de 1852 en Reus, en el seno de una familia de artesanos caldereros. Debido a que el embarazo fue difícil y el parto, traumático, la familia decidió bautizar al pequeño Gaudí con tan solo un día de vida para salvar el alma de la criatura en caso de que falleciera. Afortunadamente, Gaudí salió adelante, aunque no sin algún problema de salud. A pesar de que la familia residía normalmente en Reus, poseía una finca llamada Mas de la Calderera en Riudoms, pequeña localidad a apenas cinco kilómetros de Reus. “De Riudoms a Reus, no hi ha sinó una hora; de Reus a Riudoms, la mateixa estona” (de Riudoms a Reus, no hay sino una hora; de Reus a Riudoms, el mismo rato), que dice el refranero local. En la finca, además de un taller, la familia Gaudí tenía un huerto y animales. Durante su infancia, debido a que sufrió de fiebre reumática, Antoni pasó largas temporadas de convalecencia en Riudoms. Una de sus aficiones favoritas era observar la naturaleza, a la cual consideraría siempre su “maestra”. Ya de adulto, siendo un reputado arquitecto, preguntaron a Gaudí por su principal influencia: “Ese árbol que crece ahí fuera, ese es mi mejor libro de arquitectura”.

Park Güell, Barcelona

Cualquiera que haya visto imágenes del Park Güell, la Sagrada Familia, La Pedrera o Casa Batlló habrá percibido la veracidad de esa afirmación. El sistema constructivo de Gaudí se basaba en la observación del entorno natural, donde encontraba estructuras funcionalmente perfectas. Empleaba formas curvas, ya que consideraba que la línea recta no existía en la naturaleza. En sus obras se perciben frecuentemente formas helicoides, tomadas directamente del tronco del eucalipto y de los caracoles marinos. Otra forma recurrente en sus construcciones es la hiperboloide, tomada de la forma del fémur humano. Gaudí asimilaba la forma helicoidal al movimiento y la hiperboloidal, a la luz.

Siete obras de Gaudí han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco

Gaudí logró la culminación de su enfoque naturalista en la Sagrada Familia, al diseñar el espacio interior como si fuera un ser orgánico. Las columnas emulan árboles, que bifurcan hacia el cielo para soportar las cubiertas abovedadas, recreando el modo en que la vegetación distribuye el peso de su follaje. Incidiendo en la importancia de la naturaleza en la arquitectura de Gaudí es posible, incluso, hablar de un bestiario propio que aparece a lo largo de sus obras: dragones, salamandras, serpientes, tortugas...

“Gaudí decía que su maestro era el árbol que tenía delante; yo también pienso que nunca podremos hacer una arquitectura mejor que la de un árbol”
Palacio episcopal de Astorga, León

Curiosamente, los biógrafos de Gaudí apuntan que durante su juventud no mostró interés alguno por la religión. Esto cambió radicalmente a raíz del encargo de construir el Palacio Episcopal de Astorga (León). Este edificio neogótico es una de las pocas obras que realizó fuera de Catalunya, junto a El Capricho (Comillas, Cantabria) y Casa Botines (León). Con poco más de 30 años, Gaudí recibió esta importante petición a través del obispo Juan Bautista Grau, al que conoció años antes en Tarragona. El religioso, también oriundo de Reus, fue clave en la paulatina religiosidad del arquitecto.

Adquirida esa nueva sensibilidad, el arquitecto comenzó a ver la vida como una batalla que requería fuerza moral y cultivo espiritual. Esa trayectoria llegó a su culmen ocho meses antes de su fallecimiento, cuando Gaudí se trasladó a vivir a su taller en la Sagrada Familia, llevando una vida de total austeridad. De ahí que, cuando sufrió el mortal accidente, muchos transeúntes lo confundieron con un mendigo.

A pesar de su atribulado fin, Gaudí es uno de esos casos en los que el genio es reconocido en vida del creador. El primer reconocimiento exterior llegó en 1878 con su diseño de una vitrina expositiva para el Pabellón Español de la Exposición Universal de París. El encargo fue realizado por Esteve Comella, propietario de una lujosa guantería en la calle Avinyó de Barcelona, que deseaba mostrar sus productos en la capital francesa. Además de recibir una medalla de plata en la exposición, esta obra llamó la atención del empresario Eusebi Güell, posterior mecenas y figura clave en la carrera de Gaudí.

Cripta de la Colonia Güell, Santa Coloma de Cervelló

Los historiadores aseguran que en los primeros años del siglo XX ya aparecieron artículos sobre Gaudí en diversas revistas norteamericanas. De ahí que incluso una pareja de empresarios norteamericanos viajara hasta Catalunya para encargarle el diseño de un rascacielos en Manhattan. A pesar de que Gaudí trabajó en unos bocetos iniciales, el proyecto nunca llegó a concretarse.

Desde su fallecimiento, la atracción de Gaudí no ha hecho sino crecer. Y, en su caso, este es un éxito de crítica y público. El público no hace sino acudir en masa a visitar sus obras. Y la crítica habla de él como una figura clave para entender la evolución de la arquitectura en el siglo XX. Un ejemplo significativo: en España hay 50 bienes declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Uno de ellos agrupa siete obras de Antoni Gaudí: Park Güell, Palacio Güell, Casa Milà (La Pedrera), Casa Vicens, Fachada del Nacimiento y Cripta de la Sagrada Família, Casa Batlló y Cripta de la Colònia Güell.

A pesar de haber fallecido hace un siglo, Gaudí sigue vivo. La celebración de este aniversario es evidencia de ello. Pero, más allá de cualquier celebración oficial, el mejor homenaje a Gaudí lo realizan, a diario, los visitantes de la Sagrada Familia, la Casa Batlló, La Pedrera... Millones de personas que, al contemplar sus creaciones, se trasladan a parajes oníricos y fantásticos. Y quizá sea ese el secreto del éxito de Gaudí. Sus obras no son únicamente viviendas, templos o parques, sino escenarios en los que ambientar nuestros sueños.

Detalles de la Villa El Capricho en Comillas, Cantabria

Las 9 visiones de Gaudí que no te puedes perder

Detalles decorativos de El Capricho (1883–1885), Comillas, Cantabria.

Fachada de Casa Batlló (1904–1906), Barcelona.

Fachada de la Casa Batlló, Barcelona

Vista panorámica del Park Güell (1900–1914), Barcelona.

Palacio Episcopal (1883–1893), Astorga, León.

Casa Vicens (1883–1888), Barcelona.

Casa Vicens, Barcelona

Fachada de El Capricho (1883–1885), Comillas, Cantabria.

Vidrieras de la Catedral de Mallorca (1904).

Casa Botines, León

Casa Milà (1906-1912), Barcelona.

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