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Este itinerario ferroviario permite cruzar dos continentes enlazando algunas de las rutas más largas del planeta.

Cruzar de Europa al sudeste asiático en tren no es una fantasía, pero tampoco un viaje sencillo. El recorrido de más de 18.000 kilómetros que une el sur de Portugal con Singapur permite algo poco habitual: atravesar dos continentes sin pisar un aeropuerto.

El planteamiento es simple, pero llevarlo a cabo no tanto: implica enlazar trenes durante días (o semanas) hasta pasar de Europa al sudeste asiático. Ya solo cruzar Rusia en el Transiberiano supone varios días seguidos a bordo, lo que te puede dar una idea de la escala del viaje.
En la práctica, es un viaje que requiere planificación y cierta flexibilidad, pero que permite recorrer miles de kilómetros de forma continua y que, a diferencia de otros recorridos largos, aquí el cambio de paisaje es constante, lo que hace que la experiencia sea aún más especial.
De la península ibérica al corazón de Europa
El itinerario comienza en Lagos, en el Algarve. Desde el sur de Portugal, el primer objetivo es conectar con Lisboa y, desde ahí, integrarse en la red ferroviaria europea.
El trayecto atraviesa España, Francia y Alemania, combinando trenes de alta velocidad y líneas convencionales. A medida que se avanza hacia el este, el ritmo cambia y las distancias empiezan a notarse más.
El gran eje: cruzar Rusia en tren

Uno de los tramos que define este viaje es el paso por Rusia a través del Ferrocarril Transiberiano. Este recorrido conecta Moscú con Vladivostok a lo largo de más de 9.000 kilómetros y, por sí solo, ya supone varios días de viaje. Lo dicho: no es un viaje para todo el mundo, pero sí una experiencia inolvidable para cualquiera que la pruebe.
Aventurarse a hacer este trayecto implica atravesar diferentes husos horarios y paisajes muy variados, desde zonas boscosas hasta áreas más abiertas en Siberia.
De Asia oriental al sudeste asiático
Desde el extremo oriental de Rusia, la ruta continúa hacia Mongolia y de ahí a China, donde el recorrido avanza hacia el sur. Las conexiones más habituales enlazan grandes ciudades como Pekín con países del sudeste asiático, aunque la conexión que despertó la curiosidad de los amantes de los ferrocarriles fue la que unía la ciudad china de Kunming con la capital de Laos.

Es importante aclarar que para cubrir algunos tramos, como el de Vietnam a Camboya, es necesario bajarse del tren y recurrir a autobuses y otros medios por carretera.
A partir de ahí, el itinerario sigue por Tailandia y Malasia hasta llegar a Singapur. Este último tramo ha ganado relevancia en los últimos años gracias a la mejora de las conexiones ferroviarias en la región.
¿Se puede hacer realmente en 21 días?
Sí, pero con matices y, sobre todo, paciencia y puntualidad. El tiempo depende de cómo se encadenen los trenes y del margen entre conexiones.
Si consigues reducir al mínimo el tiempo de espera y evitas hacer paradas largas, el recorrido puede completarse en unas tres semanas. Aunque a más de uno le resultará imposible resistirse a bajar en alguna parada para aprovechar a hacer una visita. En la práctica, lo normal es que la mayoría de viajeros alargue el viaje y, si se dispone de tiempo, puedes convertir el trayecto en una experiencia de varias semanas o incluso meses.
Hay que tener en cuenta que, aunque la ruta existe sobre el mapa, no siempre es viable en las mismas condiciones. El paso por Rusia y algunas conexiones internacionales dependen de la situación política y de las restricciones de cada momento. Por eso, muchos viajeros optan por variantes que evitan determinados países o que adaptan el recorrido según las conexiones disponibles. Además, es imprescindible tener en consideración la necesidad de varios visados para cruzar todas las fronteras de esta ruta.
En definitiva, no es un viaje rápido ni sencillo de organizar, pues requiere tiempo y bastante margen entre conexiones, pero sí uno de los más completos que se pueden hacer por tierra.
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