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La mejor forma de adentrarse en el crisol de culturas de Melilla, que aúna comunidades cristianas, judías, musulmanas e hindúes, es a través del paladar. Su cocina mediterránea incorpora notas de la bereber, así como sabores algo más fuertes de las especias africanas o indias.
Como ciudad marítima lo que más abundan en la mesa son los pescados y el marisco, de ahí a que su plato estrella sea el rape a la Rusadir: una cazuela de rape troceado bañado en un sofrito de tomate con especias batidas, fumet, pimientos morrones y guisantes.

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