miércoles, 15 de julio de 2026

Canal Curiosidades : Mil millones de personas más sufren ya calor extremo que en los años 70: el estudio que revela por qué las noches son ahora más peligrosas que los días

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Un estudio revela que mil millones más de personas sufren calor extremo y que las noches ya son más peligrosas que los días.

Mil millones de personas más sufren ya calor extremo que en los años 70: el estudio que revela por qué las noches son ahora más peligrosas que los días

El calor extremo ya no es solo una tarde sofocante ni una ola de calor puntual que aparece en los informativos de verano. Un nuevo estudio internacional advierte de que el estrés térmico está aumentando en todo el planeta y que alrededor de mil millones de personas más sufren al menos un día annual de calor extremo en comparación con la década de 1970. No es poca cosa.

La clave está en algo que todos hemos notado alguna vez, ese calor pegajoso que no desaparece ni cuando cae el sol. La investigación, publicada en Nature Climate Change el 22 de junio de 2026, muestra que las noches más cálidas se están calentando más rápido que los días más extremos, lo que reduce el tiempo de recuperación del cuerpo y complica la protección de la salud.

Qué ha descubierto el estudio

El trabajo analiza cómo ha cambiado el calor que realmente siente el cuerpo humano, no solo la temperatura que marca el termómetro. Para ello, los investigadores utilizaron el Índice Climático Térmico Universal, conocido como UTCI, que tiene en cuenta la temperatura, la humedad, el viento y la radiación solar. En la práctica, es una forma más realista de medir el calor que soporta una persona.

El equipo estudió datos globales de 1950 a 2024 y comparó la situación actual, correspondiente al periodo 2015-2024, con la década de 1970. Rebecca Emerton, autora principal e investigadora del ECMWF, resumió el cambio con una frase clara al señalar que el estrés térmico es ahora "más severo, más frecuente y más duradero".

Las noches también queman

Uno de los datos más importantes está en las noches. Según el estudio, las diez noches más cálidas de cada año se han calentado a un ritmo medio global de 0,32 °C por década desde los años setenta, mientras que los diez días más cálidos lo han hecho a 0,27 °C por década. Parece poca diferencia, pero para el cuerpo importa mucho.

Cuando la noche no refresca, dormir cuesta más y el organismo no consigue liberar el calor acumulado durante el día. ¿Qué significa esto en la vida diaria? Más cansancio, más riesgo para personas vulnerables y más presión sobre hospitales, residencias y trabajadores que ya empiezan la jornada con el cuerpo agotado.

El mapa se está ampliando

Los autores indican que las temperaturas de "sensación térmica" extrema son ahora más frecuentes en todos los continentes. En zonas subtropicales, como el sur de Europa, el sur de América del Norte, amplias regiones de África y partes de América del Sur, hay lugares que registran hasta 50 días adicionales al año con estrés térmico fuerte o extremo respecto a los años setenta.

Europa aparece en una posición llamativa. Aunque el estrés térmico extremo sigue siendo menos habitual que en otras regiones, el estudio señala que ahora ocurre 2,5 veces más a menudo que en la década de 1970. En el sur de Europa, norte de África y la península arábiga, el UTCI máximo de los diez días más cálidos del año es hasta 4 °C superior al de entonces, y en partes del suroeste europeo llega a 5 °C.

La población expuesta también ha cambiado. En los años setenta, el 16 % de la población mundial sufría al menos un día anual de estrés térmico extremo. En la última década analizada, esa proporción subió al 22 %. Traducido a personas, son aproximadamente mil millones más.

Más que grados en el termómetro

El estudio insiste en que mirar solo la temperatura del aire puede quedarse corto. Claudia Di Napoli, científica del ECMWF y coautora del trabajo, explicó que el UTCI “puede diferir sustancialmente de la temperatura del aire”. Durante la ola de calor europea de mayo de 2026, ese índice llegó a situarse a menudo 4 °C por encima de la temperatura real en los picos diurnos.

La humedad y la falta de viento pueden convertir una jornada calurosa en una situación mucho más peligrosa. No es lo mismo caminar bajo 35 °C con algo de brisa que hacerlo con aire quieto, asfalto caliente y humedad elevada. Y eso se nota.

Qué significa para España

En España, el problema no es teórico. El Ministerio de Sanidad activó en 2026 el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud, con umbrales revisados y 182 zonas de meteosalud para ajustar mejor las alertas al riesgo local.

Sanidad también informó de que mayo de 2026 registró 101 defunciones atribuibles a las altas temperaturas, la cifra más alta para ese mes desde el inicio de la serie en 2015. Entre 2015 y 2025, el sistema MoMo estimó 27.564 defunciones atribuibles al calor en España. Son cifras que explican por qué el calor ya se trata como un riesgo sanitario de primer orden.

Los grupos más vulnerables son las personas mayores, los menores, las mujeres gestantes y quienes tienen enfermedades crónicas. Pero también hay otro frente importante, el trabajo. Quienes están en la agricultura, la construcción, la limpieza urbana o el reparto sienten el calor en la piel, en la respiración y en la concentración.

Qué se puede hacer ahora

Los autores del estudio apuntan a varias medidas claras. Hacen falta planes de salud frente al calor, sistemas de alerta temprana, refrigeración urbana e indicadores de estrés térmico dentro de las evaluaciones de riesgo climático. No basta con avisar de que hará calor. Hay que explicar cuánto puede afectar al cuerpo.

En las ciudades, eso significa más sombra, más árboles, refugios climáticos, viviendas mejor aisladas y barrios preparados para noches cada vez más cálidas. En casa, Sanidad recuerda medidas sencillas como beber agua con frecuencia, evitar alcohol y bebidas muy azucaradas, reducir la actividad física en las horas centrales y permanecer en lugares frescos cuando sea posible.

El reloj corre más deprisa que la adaptación. El calor extremo ya no está solo en los mapas meteorológicos, también está en la salud, en el trabajo, en el sueño y en la forma en que usamos nuestras ciudades. 



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