miércoles, 10 de septiembre de 2025

Canal Noticias : Los meteorólogos alertan de que este otoño podría traer "un gran evento de lluvias torrenciales" en la cuenca mediterránea

 20Minutos


Previsión del aumento de la precipitación media mensual para noviembre de 2025.

El Mediterráneo vuelve a ser foco de atención este otoño para los meteorólogos españoles, por el riesgo de que puede transformarse de nuevo en escenario de tragedia. La dana (Depresión Aislada de Nivel Alto) que  azotó Valencia y otras zonas del este peninsular en octubre de 2024 dejó lluvias torrenciales, inundaciones y consecuencias materiales y humanas que tardarán años en olvidarse. Estos sistemas tienen el potencial de repetir episodios similares, y la pregunta de si se podría repetir este año sobrevuela las cabezas de los científicos y de la ciudadanía.

El físico y meteorólogo José Miguel Viñas, en su intervención en la conferencia organizada por Meteored Las danas en el otoño de 2025, explicó que las danas son "fenómenos meteorológicos naturales asociados a la dinámica atmosférica de latitudes medias". Se originan cuando una porción de aire frío en altura se desprende de la circulación general del oeste y queda aislada en la troposfera. Este fenómeno, que inicialmente no tiene reflejo en superficie, puede evolucionar hasta convertirse en una borrasca fría aislada, capaz de generar episodios de inestabilidad severa. "Es normal que se formen danas por la propia configuración de rotación de nuestro planeta", subrayó Viñas.

Por su parte, el climatólogo de Meteored Samuel Biener sostiene, en relación con la dana de octubre de 2024, que "es bastante probable que suceda algo similar en algún punto de la cuenca mediterránea en las próximas semanas, quizás no tan extremo, pero con impactos muy importantes sobre la población y el territorio". No obstante, indica que predecir algo así es complicado; y que "solo se pueden anticipar unos pocos días antes de que ocurra".

Condiciones que aumentan el riesgo

Viñas insistió en que estas depresiones aisladas no son excepcionales ni exclusivas del otoño mediterráneo, aunque en esta época del año coinciden con condiciones que aumentan el riesgo: vientos de levante cargados de humedad, relieve montañoso cercano a la costa y un mar cada vez cálido. Este aumento de la temperatura del Mediterráneo, que se calienta a un ritmo de 0,04 grados centígrados al año —“entre tres y cuatro veces más rápido que los océanos a escala planetaria”—, aporta más energía y vapor de agua, el combustible necesario para que estas tormentas puedan dispararse.

El científico incide en la cada vez mayor persistencia de dorsales cálidas —las llamadas “situaciones Omega”— y la interacción creciente entre el chorro subtropical y el polar aumentan la probabilidad de que las danas sean más intensas y peligrosas. “Hay una incertidumbre todavía alta sobre los impactos del cambio climático en las danas del futuro, pero todo apunta a que serán cada vez más explosivas”, concluyó el meteorólogo.

Evolución humana y técnica

El impacto de las danas no depende únicamente de la atmósfera. Para Francisco Martín, físico y meteorólogo de Meteored, los episodios históricos muestran que la combinación de fenómenos meteorológicos con la geografía y la urbanización es clave. Martín recordó cómo la riada del Turia en 1957 y la pantanada de Tous en 1982 impulsaron la construcción de infraestructuras de protección y sistemas de alerta más avanzados. “La pantanada de Tous marcó un antes y un después… pasamos de previsiones sobre papel a una revolución técnica y humana”, recordó.

La DANA de Valencia en 2024 puso de nuevo sobre la mesa la necesidad de actualizar protocolos y mejorar la comunicación con la ciudadanía. Martín planteó una cuestión que aún preocupa a los científicos: “La cuestión fundamental es si esta dana va a provocar, igual, un antes y un después en la forma de predecir y de transmitir el mensaje a la sociedad”. A pesar de los avances tecnológicos, todavía es necesario agilizar la transmisión de alertas y reforzar los sistemas de alerta temprana para convertir la previsión meteorológica en decisiones rápidas y eficaces que eviten catástrofes.

Para Martín, estas experiencias históricas demuestran que el impacto de las danas no depende solo de la atmósfera. La topografía del terreno y la urbanización en zonas de riesgo agravan los efectos de las lluvias torrenciales. A su modo de ver, la dana de 2024 “debe impulsar la cultura del riesgo en España, que ya está en las venas y la mente de la sociedad afectada”.

La previsión para este otoño

Por su parte, Samuel Biener subrayó la importancia de distinguir fenómenos y evitar bulos. "En los últimos años estamos viendo que cualquier tormenta fuerte se asocia automáticamente a una dana, y esto no siempre es así", matizó. Recordó que tragedias recientes, como la del camping de Biescas de 1996, no fueron provocadas por una dana, sino por una gran tormenta en el borde delantero de una vaguada.

El climatólogo repasó también los episodios del último verano como señales de alarma para los próximos meses. Tormentas organizadas con granizo catastrófico en julio en el noreste peninsular, o crecidas súbitas en zonas poco pobladas como el campo de Belchite, muestran un patrón: "Estamos viendo más episodios de granizo extremo y tormentas más virulentas, precisamente por ese aporte de aire muy cálido y húmedo en el Mediterráneo, que está experimentando un proceso de tropicalización", explicó.

Para el otoño, Biener indicó que los modelos del Centro Europeo prevén temperaturas por encima de la media en prácticamente toda Europa, incluida España. Aunque septiembre ha mostrado precipitaciones por debajo del promedio en gran parte del país, los mapas intuyen que en octubre podría haber periodos inestables y húmedos en la vertiente mediterránea, sin que esto implique necesariamente un episodio como el de 2024. “Las lluvias torrenciales de 2024 probablemente tardarán años en repetirse, pero estamos viendo que fenómenos similares se vuelven más frecuentes en otros lugares del Mediterráneo, como Italia, el sur de Francia, Grecia o Libia”, advirtió. De todas formas, Biener señala que este tipo de fenómenos son “muy difíciles de anticipar hasta pocos días antes”.

Los tres expertos coinciden en que el riesgo está ahí y en que la clave ya no es solo predecir, sino comunicar y actuar. Martín lo resume, apelando a reforzar los sistemas de alerta temprana y a acelerar la difusión de mensajes. “Tenemos que aprender de este tipo de situaciones”, afirmó. Con un Mediterráneo cada vez más cálido y condiciones cada vez más propicias para lluvias torrenciales, los expertos  remarcan que el reto no es solo prever estos episodios, sino transformar esa previsión en decisiones rápidas y eficaces que eviten catástrofes como las del pasado.

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