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Este año está de celebración porque cumple 300 años, ya que lleva abierto desde 1725.

Los restaurantes no han existido siempre, han tenido un origen, como todo, y en este caso se encuentra en Madrid. Aparece en el Libro Guinness de los Récords como el más antiguo del mundo y, a pesar de estar celebrando este año su 300º aniversario, sigue estando lleno hasta las trancas como si acabara de inaugurarse. Su especialidad son los cochinillos y los corderos asados, así es desde 1725, cuando Madrid era tan solo una pequeña villa.
Casa Botín es historia viva de España, aunque fue fundada por un francés, Jean Botín, que estaba casado con una mujer asturiana. Aquel día encendieron por primera vez el horno de leña y desde entonces no ha habido un día en el que se haya apagado. En el siglo XIX se reformó la planta baja y se añadió el friso de madera policromada con pan de oro de la entrada, los escaparates y el mostrador, donde exponían bartolillos, suizos, pestiños y glorias de crema.
El término restaurante llegó después, porque en aquella época solo unos pocos establecimientos muy exclusivos se autodenominaban así, por lo que este lugar era una casa de comidas. Con la entrada del siglo XX, la familia González entró en juego, adquirió el edificio y lo convirtió en lo que es hoy. Pasó de ser un negocio familiar con siete empleados -cinco eran de la familia Botín- a ser un negocio próspero y cada vez más famoso.
De los Botín a los González
Pero entonces llegó la Guerra Civil y las ilusiones de Amparo Martín y Emilio González se desvanecieron, dejando Casa Botín como un comedor de milicianos. Cuando se dio por finalizada la contienda, los hijos varones del matrimonio, Antonio y José, tomaron las riendas del restaurante y fueron dándole forma hasta el día de hoy. Como curiosidad, se dice que Francisco de Goya trabajó como friegaplatos hacia 1765, cuando era solo un adolescente.

Casa Botín, en la calle Cuchilleros número 17, se compone de cuatro plantas con un ambiente del siglo XVIII perfectamente conservado. En la página web del restaurante se puede leer una descripción muy acertada: "Cocina de autor respetando la esencia de las mejores materias primas para presentarte las costumbres e historia de Madrid en cada bocado. Como decía Gaudí, 'la originalidad es volver a los orígenes'".
Uno de sus mayores emblemas es el cochinillo, que proviene de Sepúlveda, Aranda y Riaza, en Segovia. "Poco a poco, lentamente, corderos y cochinillos se van dorando a los calores y la respiración solemne del viejo horno, alimentado con leña de encina. Un horno que ha permanecido en funcionamiento desde su fundación, bajo la atenta mirada de los maestros horneros y los expertos cocineros que llevan toda la vida en la casa", explican.
Madrid y Casa Botín en la realidad y en la literatura
La historia de Madrid y de Casa Botín están íntimamente ligadas, se entretejen y convergen en diferentes puntos. Y no solo en la mente de todas las personas, sino también en la pluma de un gran número de literatos que, de una forma u otra, amaban aquel Madrid. De hecho, existe un dicho castizo relacionado con el lugar: "Desde que era pequeñín y me gustaba el lechón, siempre quise ir a Botín a comer como un cebón".

Mariano de Cavia, Benito Pérez Galdós, Carlos Arniches, Ramón Gómez de la Serna, Alfonso Reyes, Indalecio Prieto, Arturo Barea, Ernest Hemingway o María Dueñas han escrito sobre él. Pero quizá, de todos ellos, el que mejor entendió la esencia fue Gómez de la Serna que, paradójicamente, lo plasmó en algunas de sus greguerías: "Botín parece que ha existido siempre y que Adán y Eva han comido allí el primer cochifrito que se guisó en el mundo".
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