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No es un destino para todos, y eso es lo que más gusta a las grandes fortunas, políticos y celebrities que lo eligen para pasar el verano.

Hay un lugar en el sur de Francia que es sinónimo de glamour y alfombras rojas, de vida social y yates de lujo. Un rinconcito en la Costa Azul tan exuberante y exclusivo que es incluso difícil llegar hasta él.
La carretera más directa es sinuosa y secundaria; y la estación de tren de alta velocidad que pasa por aquí se queda a unas decenas de kilómetros. Eso hace que el acceso en barco sea casi lo más idóneo. Y ese es, posiblemente, el primero de los motivos que hacen que este destino sea tan atractivo, al menos para ese tipo de clase social que puede permitírselo.
El paraíso de la Riviera Francesa favorito de las celebrities
El lugar al que nos referimos está en esa zona de Francia bañada por el Mediterráneo conocida como la Riviera Francesa, en la región Provenza-Alpes-Costa Azul. Y bajo el paraguas de la exclusividad, podríamos estar hablando de Cannes, la meca del séptimo arte, o incluso Mónaco, la minúscula pero esplendorosa ciudad-estado de los casinos.

Sin embargo, la ciudad provenzal favorita de la élite española para pasar el verano es un rinconcito mucho más pequeño. Un destino abierto al mar en el que apenas hay 5.000 habitantes, aunque según las estadísticas en verano puede superar los 80.000.
Cuesta creer que a comienzos del siglo XX este lugar fuera solo una pequeña villa marinera, con un coqueto centro histórico. Hasta los años 50 vivió un periodo de decadencia, hasta que los artistas de la Nouvelle Vague comenzaron a llegar de manera generosa hasta su costa, atraídos precisamente por su carácter diferente y alejado de los focos, y huyendo de otros destinos del momento que hoy calificaríamos como ‘mainstreams’.

Lo curioso es que tras ellos, llegaron los yeyés de los años 60 y, en los 70, la jet set, haciendo que lo que era un sitio recóndito y perdido en la Costa Azul se convirtiera en refugio de las grandes fortunas. Ellos fueron quienes lo pusieron de moda, algo que no ha cambiado desde entonces en Saint-Tropez, el destino de lujo y glamour preferido por las élites para pasar el verano.
Qué hay que ver en Saint Tropez
Tras el maquillaje, los diamantes, los yates de lujo y los coches de alta gama, Saint-Tropez esconde un coqueto centro histórico, de calles adoquinadas y fachadas románticas entre las que se cuela alguna construcción medieval (las poquitas que quedaron en pie tras la II Guerra Mundial) e incluso anterior, de cuando era una ciudad romana.

La Torre Guillaume (del siglo I), el edificio más antiguo de la ciudad, o la Ciudadela, con restos de la muralla que rodeaba la ciudad, son sus mejores ejemplos. Dos construcciones arquitectónicas que recuerdan aquella época en la que Saint-Tropez era un importante puerto comercial y tenía que defenderse de los piratas que llegaban por mar.
El Vieux Port de los yates de lujo
Hoy los que llegan son los yates de lujo que atracan sus barcos en el Vieux Port (el puerto viejo) frente a las costas del golfo de Saint-Tropez. Es posiblemente el lugar desde el que se tienen las mejores vistas de las villas y casas provenzales que salpican la ciudad, y epicentro de la vida social: es el sitio favorito de restaurantes de lujo, boutiques de diseño y cafés a precios prohibitivos.

La playa de Saint-Tropez a la que van todos los famosos
Entre la multitud de calas que salpican su costa, la mayoría solo accesibles por barco, hay grandes playas de arena fina y dorada, como la de Pampelonne. Es la playa urbana favorita de la élite y la gente de bien para darse un baño (cuando no están en el yate). Está a solo diez minutos en coche del centro de la ciudad, un gran arenal de casi cinco kilómetros que Brigitte Bardot puso de moda. Y desde entonces, el trasiego de rostros famosos en verano es incontable. Como una alfombra de arena en la que hay que dejarse ver, que para eso se viaja hasta Saint-Tropez.
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