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Es una ruta perfecta para hacer en cualquier época del año -excepto en invierno que se vuelve más peligrosa-, puede hacerse en familia, con niños, solo o en pareja, y disfrutar de un entorno espectacular.

Los Pirineos conforman uno de los paisajes más impresionantes que tiene el territorio español, con pueblos únicos que dejan con la boca abierta a cualquiera. Es una cadena montañosa que cubre una superficie de en torno a 55.000 kilómetros cuadrados entre Francia, España y Andorra. Dentro de España, hay parte en Guipúzcoa en País Vasco, Navarra, Huesca y Zaragoza en Aragón y Lleida y Gerona en Cataluña.

Los montañistas suelen decir que es prácticamente imposible recorrer todo este vasto territorio, porque además cuenta con cientos de picos altísimos a los que es muy difícil o inviable acceder. Pero hay otras muchas rutas verdaderamente asequibles. No diré que cualquiera puede hacerlas, pero sí todo aquel que tenga un mínimo de capacidad física y muchas ganas por descubrir el entorno.
Una servidora decidió cambiar la playa por la montaña este verano y hacer una de las rutas más sencillas -pero no por ello menos bonita- del Pirineo aragonés. Se llama la ruta de los Ibones Azules, está en Huesca y no te arrepentirás si te decides a hacerla en algún momento de lo que queda de este año 2025 o si, como yo, organizas unas vacaciones diferentes a las que acostumbra la mayoría de personas.
La ruta de los Ibones Azules
Puedo prometer que es una ruta verdaderamente sencilla, aunque tiene sus tramos más difíciles y, por supuesto, no deja de ser cansada en todo momento. Era mi primera vez haciendo una ruta de senderismo en montaña y, desde luego, no será la última. Esta comienza en la Casa de Piedra de Panticosa, un refugio donde es posible pasar la noche y despertar con unas vistas impresionantes.

A partir de aquí comienza el ascenso por el GR 11 dejando a la derecha el río Caldarés. Este primer tramo, aunque corto, es de los más empinados, por lo que notarás el cansancio muy pronto, pero después hay una pequeña tregua para reponer fuerzas. Al poco tiempo se alcanza el mirador de la Reina y a partir de aquí se inaugura el camino por bloques graníticos y entre preciosas cascadas.

Primer ibón: Bachimaña Bajo
Después hay que seguir subiendo por la Cuesta del Fraile para encontrarnos con el primer ibón, el de Bachimaña Bajo. El entorno es absolutamente espectacular durante todo el trayecto y merece la pena hacerlo con mucha calma, deteniéndose para sacar fotografías -serán las mejores de tu galería-, respirar aire puro de verdad y contemplar la maravilla que tenemos alrededor.

Segundo ibón: Bachimana Alto
Tras unos tres kilómetros de ruta alcanzamos el refugio de Bachimaña, junto al ibón de Bachimaña Alto. Aquí podemos parar a comer o continuar el camino. Partimos del refugio hacia la derecha, donde indican las flechas, y vamos caminando por un sendero pedregoso pero fácil. Llegamos a una llanura donde hay un poste indicando por la derecha el puerto de Marcadau. Tomaremos la otra dirección.

Tercer y cuarto ibón: Azul Inferior y Azul Superior

La vuelta puede hacerse por el mismo camino o tomando una senda balizada con hitos de piedra por el lado izquierdo del barranco para que la ruta sea circular. En todo caso, es un sendero de alrededor de 16 kilómetros con 1.010 metros de desnivel positivo que puede hacerse en unas cinco horas y media. No hay palabras para definir la belleza de este lugar y quien se atreva a visitarlo sabrá por qué.
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