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No hay que viajar demasiado lejos para sentirse como en un pueblo italiano de la Toscana.

Pueblos con encanto, carácter medieval, un entorno natural único y mucho arte. Quienes han estado en la Toscana ya saben que es la típica región de Italia que lo tiene todo para enamorar de un solo vistazo y querer quedarse a vivir.
Y en España hay una comarca que recuerda mucho (muchísimo) a esta región de Italia situada en el noroeste de la bota, ese pedacito de mapa bañado por el mar Tirreno que queda entre Roma, Génova y Bolonia.
La Toscana española, a diferencia de la italiana, no llega a estar bañada por el mar, pero casi. Porque la comarca del Matarraña, en Teruel, siendo una región de interior, está a solo unos kilómetros del mar, en una región escondida entre Cataluña y Valencia; de ahí la influencia mediterránea.
Dónde está la Toscana española
Esa influencia se percibe no solo en el idioma (a medio camino entre el catalán y el castellano, con un marcado acento maño), sino en el carácter de sus pueblos. Preciosas localidades de calles empedradas y fachadas de piedra que recuerdan su pasado medieval.

Es difícil quedarse solo con uno de los 18 pueblos que forman la comarca del Matarraña (llamada así por el río que la atraviesa), porque todos tienen un encanto especial. Pero si hubiera que quedarse solo con uno, sería Valderrobres, corazón de la comarca, y uno de los pueblos más bonitos de España.
El pueblo más bonito de Matarraña
Se trata de un pueblo amurallado y coronado por un imponente castillo medieval por el que parece que no han pasado los siglos, y los tiene. Se levantó a finales del siglo XII, y supuso el inicio de la construcción de la parte más monumental de Valderrobres, ya en tiempos de señores feudales y casas palaciegas.

La iglesia medieval es otro de los grandes símbolos arquitectónicos de Valderrobres, y todo un icono en la provincia: es uno de los máximos exponentes de la arquitectura gótica de Aragón. Como también lo es el ayuntamiento, un palacete renacentista ubicado en uno de los laterales de la plaza mayor.
Se llega nada más cruzar el puente de piedra (como se le conoce popularmente), un acceso que lleva directo al entramado de callejuelas de casco viejo, tan genuino y bien conservado que está declarado Conjunto Histórico.

Un paisaje de cuento
Y si por dentro es bonito, los alrededores lo son todavía más. Un paisaje de interior típicamente mediterráneo, en cuya silueta sobresalen las cumbres y puertos de Beceite y el barranco de Parrisal, justo ahí donde el río Matarraña se encañona a los pies de paredes verticales que alcanzan más de 60 metros de altura. Las pozas y piscinas naturales que deja el cauce del río son de las más deseadas cuando llega el buen tiempo. Aunque para el invierno, nada como alojarse en uno de sus hotel balneario, un capricho de esos que hay que darse una vez en la vida, o muchas.
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