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Un lugar emblemático de Salamanca capaz de atrapar tu mirada para siempre.

No todo en Salamanca es universidad y salir de "picos pardos". Simplemente, si te fijas por donde vas andando te vas a encontrar con un edificio que cambia que te va a impactar, a la par que se va a quedar contigo para siempre. Hablo del Palacio de Monterrey aparece así, casi sin avisar, con una fachada que cuanto más la miras, más te atrapa. El palacio, nada más verlo, deja claro quién mandaba, cuánto poder tenía y cómo el Renacimiento también se expresó fuera de iglesias y catedrales.
Un palacio nacido del poder nobiliario
Como toda ciudad castellana que se precie, en Salamanca la historia rebosa por los cuatro costados, y este palacio no iba a ser menos. El Palacio de Monterrey comenzó a construirse en 1539 por encargo de Alonso de Acevedo y Zúñiga, III conde de Monterrey, quien era una de las grandes figuras de la nobleza castellana del siglo XVI. El proyecto se atribuye a Rodrigo Gil de Hontañón, uno de los arquitectos más importantes del Renacimiento español. La idea se centraba en levantar una residencia urbana que funcionara como símbolo de prestigio, linaje y autoridad.

Para mí, sin duda, lo que hace especial al Palacio de Monterrey es su fachada, una de las más refinadas del Renacimiento civil en España. Por su parte, las torres angulares, aunque hoy solo se conservan cuatro de las seis proyectadas, refuerzan esa imagen de fortaleza elegante, a medio camino entre residencia noble y edificio defensivo. Al más puro estilo castellano.
Un edificio inacabado… y por eso único
Como quien se propone un propósito de año nuevo y al final nunca lo cumple, el palacio nunca se terminó tal y como se concibió. El proyecto original era mucho más ambicioso, pero las circunstancias económicas y políticas lo dejaron a medias. Lejos de restarle valor, ese “inacabado” lo convierte en una pieza distinta y singular, de las que a mí me gustan. Y si haces un trabajo de reflexión, está forma de no terminar lo empezado te va a permitir entender cómo se planificaban los grandes palacios del XVI y qué partes se consideraban esenciales para transmitir poder. Lo que vemos hoy es suficiente para comprender la magnitud de la idea inicial. Os recomiendo, por su parte, reservar un Free Tour para que te expliquen bien los detalles del palacio; ¡qué hay para dar y regalar!

Cuando levantas la vista del palacio...
El Palacio de Monterrey es una excusa perfecta para seguir explorando Salamanca más allá de lo evidente. A pocos minutos está la Plaza Mayor de Salamanca, una de las más espectaculares de España; hay que verla de día y de noche, pues desprende una energía distinta según la luz. Muy cerca, las Catedrales de Salamanca permiten comparar dos épocas distintas conviviendo pared con pared; hablo del románico tardío y gótico frente a barroco y renacimiento.

Un palacio que no compite, pero permanece
El Palacio de Monterrey representa, nada más y nada menos, la consolidación del Renacimiento civil en España, el poder de la nobleza y una manera de construir pensada para durar siglos (no como ahora). Salamanca tiene muchos iconos, demasiados, pero pocos edificios explican tan bien cómo el poder también se escribió en piedra. Y ahí, el Palacio de Monterrey sigue diciendo mucho, incluso en silencio.
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