sábado, 27 de junio de 2026

Canal Curiosidades : La olvidada historia de la Sagrada Família hace 90 años: estuvo a punto de ser una vulgar parroquia con aspecto de "garaje"

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Boceto del proyecto de parroquia pretendido por el obispado en los años 30, con la silueta de las torres de la Fachada del Nacimiento a la derecha.

Boceto del proyecto de parroquia pretendido por el obispado en los años 30, con la silueta de las torres de la Fachada del Nacimiento a la derecha. / Arxiu Quintana / COAC

Hace ahora 90 años la Sagrada Família era un proyecto abandonado. Peor aún. Hace 90 años, las autoridades eclesiásticas de la ciudad, con el obispo Manuel Irurita a la cabeza, tenía en mente y esbozado en papel un destino muy distinto al entonces casi absolutamente vacío solar delimitado por las calles de Provença, Sardenya, Mallorca y Marina. Pretendían dejar en pie, como la osamenta de una especie extinta, la Fachada del Nacimiento, de la que Antoni Gaudí, 10 años antes, solo vio terminada una de las cuatro torres, y la estructura del ábside. Quería Irurita erigir en mitad de esa manzana una modesta parroquia de barrio, nada del otro mundo, de tres naves y un rosetón sobre la puerta de entrada. En junio de 1936, la Sagrada Família era una quimera muerta. En julio comenzó la Guerra Civil y el muerto, por la barbarie de un grupo de anarquistas, terminó por ser el obispo. Se escondió en un piso de la calle Call, lo que son las cosas, a solo un par de porterías de donde Gaudí tuvo su primer despacho profesional en la ciudad. Le encontraron y aquella partida de militantes de la FAI, sin saberlo, cambió, y mucho, el curso de la historia de Barcelona. Mil veces se ha contado la historia de este icono de la ciudad, pero más como una hagiografía que con apetito de no obviar ni un detalle. Que la Sagrada Familia a punto estuvo de ser un edificio con aspecto de "garaje" (palabra puesta aquí no al azar) es un olvido incomprensible.

Fue el historiador romano Tito Livio el autor de la primera ucronía de la historia, esa suerte 'qué hubiera pasado si...', que en su caso fabuló con la idea de que Alejandro Magno, en lugar de conquistar el mundo al este de Grecia, hubiera encaminado sus ejércitos hacia poniente. Aquello fue una fabulación. La hipótesis de que la Sagrada Familia fuera hoy un proyecto inacabado, que no diera nombre a un barrio y que no fuera imán de millones de turistas cada año estuvo a un tris de ser realidad y, lo más insólito, es que apenas se cuenta. Se ha impuesto el relato de que el templo expiatorio se ha levantado durante casi un siglo y medio, primero, con miles de pequeños donativos piadosos de los barceloneses y, después, con el precio de las entradas, y apenas nunca se ha puesto luz sobre las sombras de su historia. A eso se ha dedicado durante años Julià Bretos, que ha dedicado media docena de libros a una de sus pasiones, Gaudí y sus obras, algunos novelados, como 'Ocho pecados' y 'La dama sin rostro', pero basados siempre en datos fidedignos y en investigaciones que personalmente ha llevado a cabo con la ayuda de otros 'gaudinólogos'.

Vista aérea de la Sagrada Família en 1930, el año en el que el obispo Irurita tomó posesión del cargo en Barcelona.

A esa última categoría, la de las investigaciones exitosas, pertenece, por ejemplo, el poner cara y nombre a la misteriosa mujer que a finales del siglo XIX, quizá desairada porque descubrió que su difunto marido tenía varios hijos ilegítimos en Cuba, donó alrededor de un millón de pesetas para la construcción del templo. Los donativos que se recogían a pie de calle o a través de las campañas de la revista ‘El propagador de la devoción a San José’ apenas daban para pagar los jornales. Podría decirse, asegura Bretos, que la Fachada del Nacimiento no habría sido posible sin la aportación de esa mujer, Isabel Bolet Vidiella, que prefirió permanecer en el anonimato y que solo hasta hace bien poco ha sido posible acreditar quién era la responsable de tan gigante generosidad.

Y la fachada contraria, la de la Pasión, subraya Bretos que salió adelante gracias a las altruistas aportaciones que a partir de los años 50 realizó un barcelonés nacionalizado mexicano, Francesc Sayrols, que en Norteamérica amasó una gigantesca fortuna gracias a una editorial que popularizó los cómics y que quiso dejar huella, también de forma discreta, en la ciudad que le vio nacer.

Pero esas dos biografías, la de Bolet y la de Sayrols, son estrellas de luz tenue al lado del fogonazo de lo que un día encontró Bretos en el archivo del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya, que atesora desde 2002, entre otros donativos, los archivos personales del arquitecto Francesc de Paula Quintana Vidal (1892-1966), que desde 1917 fue el encargado de elaborar plano y dibujos del proyecto y que a la muerte de Gaudí pasó a ser el ayudante principal de Domènech Sugranyes, responsable desde 1926 las obras. Entre el sinfín de documentos que conforman aquel archivo encontró Bretos 46 páginas que le quitaron el hipo, un pormenorizado relato escrito por Joan Martí Matlleu sobre cómo el obispado de Barcelona maniobró para desarbolar el proyecto de la Sagrada Família, de un modo especialmente inmisericorde a partir de 1930, cuando Irurita tomó posesión del cargo en Barcelona.

Desdeñar los planes de Gaudí desde antes de 1926

“Fue eliminando piezas incómodas como si se tratara de una partida de ajedrez”, explica Bretos en ‘Ocho pecados’, la novela que le ha dedicado aquel episodio. En algunos casos, simplemente le sonrió la fortuna. Varios miembros de la familia Dalmases, descendientes del padre fundador del proyecto de la Sagrada Família, Josep Maria Bocabella, y por lo tanto defensores del legado del abuelo, murieron antes de cumplir cincuenta años. En otros casos, Irurita en persona se encargó de tumbar alfiles y torres de aquella partida, como Gil Parés, el primer párroco de la Sagrada Família, el hombre (por citar un dato) que advirtió que aquel supuesto mendigo atropellado por un tranvía en el cruce de la Gran Via con Bailèn era Gaudí. Era un catalanista confeso, todo lo contrario que Irurita, que cuando murió Francesc Macià se opuso a enviar capellanes al entierro.

Pero entre las ‘victimas’ del obispo despunta en toda esta historia la figura de Joan Martí Matlleu, no solo estrechísimo colaborador de Gaudí y, por su habilidad como taquígrafo, fuente excepcional de las enseñanzas del de Reus, sino, también secretario de la junta de obras del templo en los años 30 y director de la revista ‘El propagador de la devoción a San José’. Le cesó de ambos cargos, pero se revolvió contra esa decisión y, parece que con ánimo de contar su versión a sus amistades, mecanografió esas 46 explosivas páginas en las que pormenoriza las intenciones del obispado de aparcar la construcción del templo. No solo eso, revela ahí que personalmente, antes de que le condenaran al ostracismo, gracias a un momento de descuido en una reunión en el palacio episcopal pudo calcar los bocetos que Irurita había encargado para levantar una modesta parroquia, como un “garaje”, dice, en lugar del gigante templo que es hoy la Sagrada Família.

La idea de desdeñar los planes de Gaudí, de hecho, se remontaban a mucho antes incluso de 1926. Cuando el arquitecto hoy celebrado por todos supo que pretendían terminar su obra con ladrillos y hormigón, amenazó con dimitir y solo la mediación de Enric Prat de la Riba apagó aquel conato de incendio.

Página 36 del relato con el que Martí Matlleu denunció las intenciones del obispo Irurita.

El caso, en definitiva, es que Martí Matlleu llevó a la imprenta un número desconocido de ejemplares de su versión de los hechos en un clima, todo hay que decirlo, muy ‘twitter avant la lettre’. Fue el blanco de una campaña de desprestigio sin tregua, en la que, entre otras barbaridades, se le acusaba de ponerse al lado de los ateos del país. Entre otras joyas, Bretos ha localizado en el archivo diocesano una carta de un capellán apellidado Montoliu, fechada en marzo de 1936, en la que se jacta de silenciar las quejas públicas de Martí Matlleu, celebra la decisión de obispo de sustituir el templo por una modesta parroquia y, lo más llamativo de todo, pone en negro sobre blanco qué opinión merecían entonces en el palacio episcopal las obras inacabadas de la Sagrada Família: “Respecto al señor Gaudí, autor de edificios ciertamente maravillosos, tiene algunas obras que son una verdadera chapuza, comenzando por confesionarios que no son más que un revuelto de maderas mal colocadas. Gaudí no era más que un arquitecto extravagante, que se vanagloriaba de levantar en la Sagrada Família cuatro chimeneas mudas sin ninguna necesidad ni utilidad

Cuatro meses después de aquella epistolar andanada, comenzaba la Guerra Civil. El obispo Irurita era una de las piezas que más anhelaban cobrarse los milicianos de la retaguardia republicana. Descubrieron dónde se encontraba y le fusilaron nada más despuntar el mes de diciembre. Si hubiera logrado escapar, quizá hubiera sido restituido en el cargo en 1939 y la historia de Barcelona sería hoy otra muy distinta. Qué paradoja, los anarquistas que saquearon la cripta del templo y destruyeron las maquetas del taller de Gaudí salvaron, sin saberlo, la Sagrada Família.

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