sábado, 1 de agosto de 2026

Canal Noticias Transporte : Adiós al Trambesòs hasta septiembre: afectaciones de unas obras que lo dejarán casi sin servicio

 Noticias20M

Archivo - Tranvía del Trambesòs. Barcelona.

Ya se sabe que verano también es sinónimo de obras, cortes y parones en las grandes ciudades. Por ello, moverse en tranvía por el este de Barcelona requiere buscar alternativas este verano. Hasta el 13 de septiembre, las obras que se ejecutan en el entorno de Glòries, en Barcelona, mantienen interrumpidos varios tramos de las tres líneas del Trambesòs: T4, T5 y T6.

Según informa el consistorio, la T4 no presta servicio entre Verdaguer y El Maresme, mientras que las líneas T5 y T6 quedan interrumpidas entre Ciutadella/Vila Olímpica y Sant Martí de Provençals. Las afectaciones se prolongarán, por tanto, durante todo agosto y las dos primeras semanas de septiembre.

Los cortes son necesarios para avanzar en la transformación de la Gran Vía entre las calles Badajoz y Bilbao y modificar la infraestructura del tranvía en esta zona. La actuación está vinculada al proyecto de conexión tranviaria por la avenida Diagonal.

Eliminación de la vía única

Uno de los principales cambios será la eliminación de la actual vía única de la Gran Via, que será sustituida por una nueva plataforma de doble vía compartida por tranvías y autobuses. El trazado también se modificará a través de la calle Ciutat de Granada y en la avenida Diagonal por el lado mar.

Según defiende el consistorio, la nueva configuración permitirá aumentar la capacidad operativa del tranvía y mejorar la integración de la infraestructura en este sector de la ciudad. La transformación de la Gran Via busca además ganar espacio para el paseo, la estancia y el juego, además del transporte público.

Autobuses especiales durante las obras

Mientras dure el corte principal, se han habilitado dos servicios especiales de autobús. Uno cubre el recorrido afectado de la T4 entre Verdaguer y El Maresme y el segundo conecta Marina y Besòs como alternativa a las líneas T5 y T6.

La red de metro, los autobuses 7, H12 y V21 y la línea R1 de Rodalies complementan estas alternativas, según el dispositivo de movilidad programadi. La ATM, el consistorio y TRAM también han desplegado información específica para orientar a los usuarios durante las obras.

El 14 de septiembre está previsto recuperar la circulación en buena parte del recorrido. Sin embargo, las T5 y T6 continuarán afectadas entre Glòries y Sant Martí de Provençals. A finales de septiembre, la previsión es que el corte quede limitado al tramo entre Glòries y Can Jaumandreu hasta que finalicen las obras, previstas para la primavera de 2027.

La afectación del verano permite acometer una de las fases más importantes de una transformación que continuará durante los próximos meses. Si se cumple el calendario previsto, la mayor parte del servicio del Trambesòs volverá a funcionar con la vuelta al cole, aunque las obras y algunos cortes parciales seguirán en el entorno de Glòries.

Canal Curiosidades : Las brisas marinas del Mediterráneo ya no refrescan como antes

 CanalCuriosidades 

Quienes viven a orillas del Mediterráneo conocen bien la sensación. Es mediodía en pleno mes de julio, el asfalto quema y el aire parece estancado. De repente, las hojas de los árboles empiezan a moverse. Se ha despertado la brisa. Ese viento fresco que llega del mar ha sido, durante siglos, nuestro aire acondicionado natural, un alivio indispensable para soportar los rigores del verano. Pero algo está cambiando. Cada vez lo sentíamos menos. No es solo una percepción. Los datos lo confirman: la ventilación natural del Mediterráneo se está debilitando.

En nuestro estudio, publicado recientemente en Scientific Reports, aportamos evidencias a escala regional de que, en un clima cada vez más cálido, las brisas marinas se están volviendo más débiles y más frecuentes en la cuenca del Mediterráneo occidental. Para ello, hemos analizado los datos correspondientes a 41 años (1981–2021) procedentes de 39 estaciones meteorológicas en Francia, Italia, España y el norte de África.

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En nuestro trabajo, hemos observado dos patrones claros:

-Un debilitamiento en la intensidad: desde la década de 1980, la velocidad (intensidad) de la brisa marina ha disminuido casi un 11 % de media, especialmente durante los meses de primavera y verano.

-Un probable cambio en su estacionalidad: por el contrario, la frecuencia de aparición de las brisas ha aumentado, sobre todo en invierno, con un incremento de aproximadamente un 10 % por década.

En España, la situación es aún más pronunciada. En las Islas Baleares y la costa mediterránea peninsular, este viento ha perdido en torno a un 17 % de su fuerza. Ciudades como Barcelona, Palma de Mallorca y Castellón presentan brisas marinas incluso un 25 % más débiles que en la década de los ochenta.

Podríamos pensar que lo lógico sería que ocurriese lo contrario. Sabemos que la región mediterránea ha experimentado un calentamiento sin precedentes y es considerada un «punto caliente» del cambio climático con cada vez más episodios extremos de calor. Actualmente, el mar y la tierra se calientan entre un 20 % y un 40 % más rápido que el resto del planeta.

Dado que la tierra se calienta más deprisa que el océano, se están produciendo cambios significativos en la dinámica atmosférica y oceánica. Como resultado, la diferencia de temperatura entre la tierra y el mar se está intensificando. Este contraste térmico es el principal desencadenante de las brisas marinas en todo el mundo.

Por tanto, cabría pensar que un mayor contraste térmico resultase en vientos más fuertes. Sin embargo, en el caso de la brisa, la respuesta no está en la superficie, sino en las capas altas de la atmósfera.

El calentamiento global está alterando la distribución de las masas de aire a gran escala, como por ejemplo en la corriente en chorro (vientos que circulan a gran velocidad y altitud). Esto favorece que los sistemas de alta presión (dorsales anticiclónicas) se queden estacionarios sobre el Mediterráneo con mayor asiduidad. Estos sistemas no sólo aportan una gran estabilidad atmosférica, sino que, además, atraen masas de aire tropical continental muy cálido sobre la región, generando olas de calor cada vez más frecuentes e intensas.

Ese aire más cálido se sitúa en las capas medias de la atmósfera, creando una barrera atmosférica que suprime cualquier movimiento vertical del aire cerca del suelo. Como la brisa necesita que el aire caliente de la tierra ascienda libremente para que el aire fresco que viene del mar sea impulsado hacia la costa, al tener esa «tapadera» encima, la circulación se comprime verticalmente (se aplana), reduciendo la velocidad del viento a nivel del suelo.

Los datos muestran que, durante las olas de calor atmosféricas, la brisa es un 8 % más débil en Baleares y cerca de un 5 % en la Península, en comparación al resto de días estivales. Estos hallazgos nos deben preocupar ahora más que nunca, ya que el debilitamiento de la brisa marina está impulsado precisamente por los mismos eventos extremos que debería aliviar: olas de calor cada vez más intensas, prolongadas y frecuentes.

Las brisas marinas son vientos locales generalmente asociados a los meses del verano. Sin embargo, en la región mediterránea también pueden ocurrir en invierno, aunque en menor frecuencia.

Nuestros resultados sugieren que la mayor ocurrencia invernal de brisa que estamos teniendo puede ser una respuesta en cascada a la dinámica atmosférica. Concretamente a la expansión del anticiclón de las Azores (un gran y persistente sistema de alta presión sobre el océano Atlántico) y a una tendencia hacia fases positivas de la Oscilación del Atlántico Norte o NAO+ (un patrón de presión atmosférica que favorece un tiempo seco y estable en el Mediterráneo). Esto se traduce en una mayor frecuencia de anticiclones invernales sobre el Mediterráneo occidental.

Los cielos despejados y los vientos de fondo débiles resultantes crean las condiciones adecuadas para desencadenar brisas marinas durante los meses más fríos. Por otro lado, algunas estaciones meteorológicas detectaron menos días de brisa en verano. Podríamos estar observando un posible desplazamiento en la estacionalidad de las brisas desde el pico del verano hacia el invierno.

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Los cambios en las brisas marinas conllevan riesgos significativos para los entornos costeros y de interior, así como para las sociedades que los habitan:

-Mayores extremos térmicos: a medida que las brisas de verano se debilitan y se desplazan al invierno, su efecto de enfriamiento natural disminuye justo cuando más se necesita: durante las olas de calor severas. Estos vientos locales son ahora demasiado débiles para penetrar y enfriar las zonas de interior. Esto amenaza con exacerbar el estrés térmico urbano y aumentar los riesgos para la salud pública.

-Peor calidad del aire: mientras que los vientos fuertes dispersan la contaminación atmosférica, unas brisas más débiles y frecuentes pueden atrapar y recircular los contaminantes a lo largo de la costa y el interior durante días, empeorando la exposición de ciudades densamente pobladas.

-Efectos en las precipitaciones: los cambios en estos vientos pueden afectar el transporte de humedad, influyendo en la convección profunda de verano (la responsable de las tormentas severas). Además, otros estudios sugieren que los cambios antropogénicos en el uso del suelo han dejado a las brisas con menos agua disponible para transportar hacia el interior. Por lo tanto, unas brisas más débiles que transportan menos vapor de agua podrían fracasar a la hora de desencadenar las tormentas estivales, necesarias para mantener el ciclo hidrológico en regiones que ya de por sí son secas y áridas.

Nuestros hallazgos señalan las brisas marinas como un elemento crítico, pero históricamente poco explorado, del cambio climático regional. A medida que el Mediterráneo se sigue calentando, depender únicamente de modelos climáticos globales a gran escala (que a menudo tienen dificultades para capturar vientos costeros tan localizados) no es suficiente.

Al analizar las observaciones regionales a largo plazo, obtenemos una imagen mucho más clara de cómo están cambiando las brisas marinas. Esta comprensión es necesaria para evaluar correctamente los riesgos asociados al cambio climático y proporcionar una base realista para las estrategias de mitigación y adaptación en la costa mediterránea.



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