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Un equipo internacional de científicos ha descubierto que la intensa actividad volcánica registrada en la cordillera de los Andes hace unos siete millones de años pudo desempeñar un papel clave en el enfriamiento global de la Tierra. La investigación sostiene que las cenizas expulsadas por los volcanes actuaron como un fertilizante natural para los océanos, favoreciendo la captura masiva de dióxido de carbono (CO₂).
El estudio, publicado en la revista científica Communications Earth & Environment, contó con investigadores de Argentina, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Chile. Entre ellos destaca la participación de la paleontóloga Carolina Gutstein, directora del Diplomado en Paleontología Aplicada a la Evaluación Ambiental de la Universidad Santo Tomás.
Cenizas volcánicas cambiaron el clima
Según los investigadores, las erupciones volcánicas liberaron enormes cantidades de ceniza rica en nutrientes que terminaron llegando al océano. Ese material impulsó la proliferación del fitoplancton, un conjunto de microorganismos marinos capaces de absorber CO₂ durante la fotosíntesis.
“La ceniza funcionó como un fertilizante natural”, explica Gutstein, quien señala que este proceso permitió aumentar la actividad biológica marina y retirar grandes cantidades de carbono de la atmósfera.
Además, el estudio apunta a que ese carbono no solo quedó atrapado en organismos microscópicos, sino que fue recorriendo toda la cadena alimentaria marina hasta llegar a grandes animales como las ballenas. Cuando estos animales morían y se hundían, el carbono quedaba almacenado durante largos periodos en el fondo oceánico.
“Sabemos que el carbono es el principal responsable de las fluctuaciones de temperatura global. Al retirarlo de forma masiva se genera un enfriamiento global”, afirmó la investigadora.
Los efectos en la vida marina
Los efectos no se limitaron al clima. Los científicos también identificaron consecuencias directas sobre los ecosistemas marinos y la evolución de varias especies.
Gracias a modelos computacionales, el equipo logró reconstruir cómo estas erupciones afectaron a distintos océanos y regiones del planeta, alcanzando zonas del norte de Chile, Argentina e incluso el Atlántico.
La investigación también relaciona este fenómeno con antiguos episodios de “marea roja” —que causa el aumento excesivo de microalgas tóxicas en el agua— y con cambios en la evolución de las ballenas, que durante ese periodo comenzaron a desarrollar el gigantismo que caracteriza a muchas especies actuales.
Los expertos recuerdan que estos procesos climáticos operan en escalas de miles e incluso millones de años, pero consideran que comprender cómo funcionó el clima en el pasado puede ayudar a entender mejor los desafíos actuales del cambio climático.
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