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Queda poco tiempo para poder hacer una escapada y disfrutar del mar con buen tiempo, por lo que es muy importante saber el próximo destino al que ir. Entre todos ellos, la Costa Brava es uno de los más populares, aunque las playas y pueblos más conocidos están algo masificados. Sin embargo, hay un rincón en el Baix Empordà, en Girona, que merece mucho la pena y mezcla un rico patrimonio cultural, gastronomía y un entorno natural que sorprende a sus visitantes.
Se trata del municipio de Pals, conformado por tres núcleos (Pals, Masos de Pals y Platja de Pals), que reúne un casco medieval sobre una colina, un litoral repleto de playas, humedales y varios sistemas dunares, y en el que se puede disfrutar de uno de los mejores arroces de esta parte de la costa.
Un paraíso en el que disfrutar de la tranquilidad
Este municipio a 44 kilómetros en coche de Girona, está ubicado en la cima del monte Aspre y construido en torno a una fortaleza. Destaca como una de las villas más pintorescas de la Costa Brava. Destaca por tener una larguísima playa de 3,5 kilómetros, rodeada de dunas. Además, en Pals son característicos los campos de arroz.
Para una visita en condiciones, hay que organizar bien el día. Lo mejor es empezar paseando entre las murallas y por sus calles angostas con fachadas de piedras; a mediodía hay que comer, sin duda, un arroz de Pals a la cazuela y, para terminar la jornada, irse a la costa para disfrutar del Mediterráneo entre arrozales, marismas y dunas.
Qué ver en Pals, el casco medieval sobre una colina
Lo primero es situarse en el centro del casco histórico, en el conocido como barrio del Pedró, todo peatonal y perfectamente conservado. Lo cierto es que la villa quedó muy dañada durante la Guerra Civil, pero finalmente fue restaurada y ahora se puede disfrutar de esos elementos de su arquitectura gótica.
La entrada al casco antiguo conduce a un entramado de calles empedradas, casas de piedra, arcos y pequeñas plazas. Además, su conjunto de murallas es uno de los elementos mejor conservados del Empordà, con un trazado que mantiene buena parte de su estructura histórica.
De esta muralla se conservan cuatro torres en pie, entre las que destaca la torre del homenaje. Sin embargo, la torre que más llama la atención es la Torre de les Hores, el único vestigio que queda del antiguo castillo de Pals.
La Torre de les Hores y las murallas fueron catalogadas como Bien Cultural de Interés Nacional en abril de 1949. En 1973 el barrio del Pedró fue incluido en esta misma categoría y, además, la villa entera obtuvo el Primer Premio Nacional de Bellas Artes.
En 2019, Pals consiguió el distintivo de Pueblos con Encanto de la Agencia Catalana de Turismo.
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