miércoles, 16 de septiembre de 2026

Canal Curiosidades : ¿Y si Roma no cayó sólo por los bárbaros? Las hipótesis que completan la teoría sobre fin del Imperio

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Roma no cayó de la noche a la mañana. Oficialmente el final del Imperio Romano (en su versión de Occidente) llegó en la jornada del 4 de septiembre del año 476. Es decir, hace 1550 años. Pero los problemas venían de largo y es obvio que Roma no se acostó como un Imperio estable el 3 de septiembre y se levantó como una entidad ya desaparecida el 4 de septiembre. 

Aunque el final fue abrupto, cuando el bárbaro Odoacro liquidó al último Emperador de Roma, Rómulo Augústulo, los orígenes de la caída de una de las estructuras de poder más importante de todos los tiempos hay que fijarlos en siglos atrás. Y como responsables del fin imperial no hay que señalar sólo a los bárbaros, que no obstante tuvieron una buena cuota de protagonismo en la empresa.

Oficialmente, el Imperio Romano tocó a su fin el 4 de septiembre del año 476. Y oficialmente, aunque eso fue una clasificación de la historia posterior, ese día arrancaba la Edad Media. Para los habitantes de Roma no tuvo que haber una gran diferencia entre el 3 de septiembre, todavía habitantes imperiales, y el 4 de septiembre, cuando Odoacro se proclamó rey de Italia.

Los bárbaros, por empezar con ellos para explicar el fin de Roma, puesto que fueron los que le dieron la puntilla, también tuvieron mucho protagonismo en el proceso que algunos historiadores sitúan en siglos atrás y que vamos a tratar de ordenar.

Un gigante enorme de millones de kilómetros que se hizo muy difícil de gestionar

En su época de apogeo, alrededor del siglo II d. C, con Trajano al frente, el Imperio Romano era una extensión de 5 millones de kilómetros, con el dominio de casi todo el Mediterráneo, y el poder desde Britania hasta Oriente Próximo y desde el Rin hasta el Norte de África.  

En la virtud estuvo la penitencia del Imperio, porque aquella masa territorial se convirtió en un gigante complicado de gestionar, lo que pudo conducir al caos administrativo. Las comunicaciones eran lentas y gestionar impuestos, ejércitos permanentes y una burocracia creciente dentro la extensión inmensa del Imperio se empezó a hacer inabarcable. Esa burocracia creció, muchas zonas ganaron autonomía y el poder central empezó a dejar de tener tanto influjo en sus territorios. Al mismo tiempo, cada vez necesitaba más recursos para abastecer y sostener toda la estructura imperial. Roma se agotó.

Un declive de 200 años

Tras pasar posiblemente por una de sus mejores épocas de siempre a los mandos de Trajano, la Crisis del siglo III d. C empezó a erosionar los pilares del régimen. Emperadores asesinados, guerras civiles, inestabilidad, crisis económicas, corrupción, inflación y conflictos internos fueron el caldo de cultivo para que muchos historiadores consideren este momento como un punto de origen del final del Imperio.

El saqueo de Alarico

Un Imperio que sufrió otro momento crítico en el año 410, cuando el godo Alarico saqueó Roma y devastó la ciudad, a la que sometió y sobre la que estableció un duro pillaje durante tres días. Roma, el emblema de poder, la ciudad que era centro del mundo, veía cómo por primera vez en casi 1.000 años era tomada por tropas extranjeras

La Peste Antonina

Hay un hecho, situado antes del Crisis del siglo III, que para otros expertos contribuyó al inicio del debilitamiento del Imperio Romano. Fue la Peste Antonina, una pandemia que supuso un golpe muy duro para la estructura imperial, en tanto en cuanto se prolongó durante 15 años (del 165 al 180 d. C). 

Las causas de la peste pudieron ser una viruela o sarampión, pero lo que quiera que fuera se llevó por delante a millones de personas. Las cifras, que bailan entre 5 y 10 millones de muertos, son una auténtica barbaridad en cualquier momento de la Historia, y más hace más de 1.000 años, cuando la población mundial conocida oscilaba entre 170 y 250 millones y de la del Imperio Romano era de entre 50 y 70 millones.

Migraciones y un ejército cada vez menos romano

Vuelven a asomare los bárbaros, que desde diferentes ángulos fueron horadando la fuerza imperial. En los últimos siglos del Imperio, el ejército empezó a ‘internacionalizarse’. Roma dependía de muchos soldados germánicos y los altos mandos de las estructuras militares cada vez tenían más presencia bárbara.

Bárbaros con un poder cada vez mayor dentro del ejército y unas fronteras imperiales más difíciles de defender. A ello se sumaban las crecientes presiones migratorias de poblaciones que buscaban en el Imperio una vida mejor, empujadas por las malas cosechas, las duras condiciones de vida o por figuras como Atila. Realidades todas que forzaban a estos pueblos a desplazarse hacia territorio romano. 

Todo ello, acaecido entre los siglos III y V d. C acabó generando una prisión migratoria cuyas consecuencias —más población y menos recursos disponibles— resultaban cada vez más complicadas de gestionar para las autoridades romanas.

Cambio climático

No podemos considerar que el cambio climático en el que estamos inmersos en la actualidad es un episodio único en la trayectoria de la Tierra. Muchos ha habido y habrá; y el Imperio Romano es un claro ejemplo de ello y de las consecuencias que a medio y largo plazo puede tener. Sequías y malas cosechas durante el Bajo Imperio, junto con inviernos tremendamente fríos y duros, provocaron hambre e inestabilidad dentro del Imperio. Fuera de él dieron pie a esa presión migratoria antes citada.

Antes del final, el Imperio se parte en dos

Año 395 d. C. A la muerte del emperador Teodosio le sucede un hecho trascendental: el Imperio oficialmente se parte en dos:

  • Imperio Romano de Occidente
  • Imperio Romano de Oriente

Con el objetivo de facilitar la gestión de la inmensidad territorial se implementó esta división, que partía de la base de que sería más fácil gestionar dos estructuras imperiales que una. El experimento se quedó a medias y no duró ni un siglo, porque en el año 476 caía el Imperio Romano de Occidente. En esos 81 años de dualidad, Constantinopla, la capital del Imperio de Oriente, se fortalecía al mismo ritmo que Roma se debilitaba hasta su final, el famoso de septiembre del año 476.

Bizancio y 1.000 años más

El Imperio Bizantino o Imperio Romano de Oriente no se vino abajo en el 476 sino que fue capaz de resistir hasta la caída de Constantinopla, casi un milenio después, en el año 1453, fecha que muchos historiadores fijan como el fin de la Edad Media. Otros sitúan ese momento en 1492, con la entrega de Granada a los Reyes Católicos y el Descubrimiento de América.

 


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