domingo, 27 de septiembre de 2026

Canal Viajar : El pueblo de Córdoba que es un paraíso para 'foodies': AOVE, empedraíllo, 'ratones' y dulces tradicionales

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Tierra de olivos donde la gastronomía y el patrimonio se unen en una simbiosis perfecta. Así es Baena, el único pueblo de Córdoba que forma parte de la selecta nómina de localidades que forman parte de la Red de Pueblos Gastronómicos de España.

Uno de los doce destinos que comparten la filosofía de esta red que propone viajar uniendo gastronomía, productos autóctonos, patrimonio, fiestas y tradiciones, y a la que solo se accede tras superar un proceso de auditoría.

En Baena, los méritos para este reconocimiento y para la perfecta escapada ‘foddie’ tiene un hilo conductor evidente: el aceite de oliva virgen extra.

Primera parada: probar el AOVE donde nace

En Baena, el aceite de oliva virgen extra (AOVE) no es simplemente un ingrediente. Es paisaje, economía, historia y una parte fundamental de la identidad local. La tradición olivarera de la comarca está documentada desde hace siglos y los hallazgos arqueológicos de Torreparedones han aportado evidencias de producción y comercio de aceite ya en torno al siglo I después de Cristo.

La Denominación de Origen Baena, constituida provisionalmente en 1981, ampara aceites producidos en Baena, Doña Mencía, Luque, Nueva Carteya, Zuheros, Castro del Río y Cabra. Entre sus variedades destaca especialmente la picuda o carrasqueño de Córdoba, profundamente vinculada a este territorio.

Por eso una escapada gastronómica puede comenzar de la manera más sencilla posible: pan y AOVE D.O. Baena. La propia Red de Pueblos Gastronómicos lo propone prácticamente como aperitivo imprescindible antes de adentrarse en un recetario mucho menos conocido fuera de la localidad.

Y quien quiera profundizar puede convertir la degustación en una experiencia de oleoturismo, puede disfrutar de catas y visitas personalizadas a la Cooperativa Olivarera Nuestra Señora de Guadalupe.

Un museo dentro de un antiguo molino

El siguiente paso está en el Museo del Olivar y el Aceite, instalado en una antigua almazara que funcionó hasta 1959 y que conserva maquinaria de mediados del siglo XIX.

Sus más de 800 metros cuadrados de exposición permiten conocer cómo se elaboraba tradicionalmente el aceite, y entre las piezas conservadas aparecen el empiedro con sus grandes piedras, la termobatidora, una prensa hidráulica y la antigua bodega. El recorrido explica también los usos históricos y alimentarios del aceite e incluye una colección de más de 3.000 etiquetas.

Qué comer en Baena: mucho más que salmorejo

La verdadera sorpresa de Baena para el visitante está en su recetario. La Red de Pueblos Gastronómicos destaca una cocina construida sobre productos sencillos y recetas familiares, con numerosas variantes transmitidas de generación en generación.

Entre los bocados más curiosos aparece una combinación difícil de encontrar fuera de la localidad: berenjenas rebozadas para mojar en salmorejo.

También merece atención el revoltillo baenense, elaborado con espárragos, habas, ajetes, huevo y jamón; o el empedraíllo, un plato de cuchara con arroz, garbanzos, habichuelas, tomate, pimiento, cebolla, ajo, azafrán y, naturalmente, un generoso chorro de aceite de oliva.

Pero probablemente uno de los nombres que más desconcierten al visitante sea el de los “ratones”. Se trata de unas brochetas en las que se alternan riñones y lomo de cerdo, posteriormente fritos y guisados con vino, laurel, ajo y cebolla.

Naranjas con aceite y bacalao y el imprescindible mojete de papas

La cocina baenense también juega también con los contrastes. Un buen ejemplo son sus naranjas aliñadas con aceite de oliva, que pueden acompañarse de miel y pan de higo o de bacalao.

Y después está uno de esos platos que pertenecen más a las casas que a los recetarios cerrados: el mojete de papas. Patatas, cebolla, ajo, tomate, pan, pimentón, pimientos y huevos conforman la base de un guiso meloso en el que, una vez más, el AOVE tiene un papel protagonista. La propia Red de Pueblos Gastronómicos advierte de que prácticamente cada familia conserva su propia versión.

Para terminar en dulce, la tradición local deja manoletes, pestiños, panetillos de cortijo, fabiolas y roscos de vino, con ingredientes tan vinculados a la repostería andaluza como almendra, miel, canela y aceite.

Del aceite al vino

Aunque el AOVE domine la experiencia, Baena también se encuentra vinculada al vino, y la oferta gastronómica que promociona el municipio incorpora los vinos de la zona como compañero natural de la mesa. El propio Ayuntamiento subraya la convivencia del aceite D.O. Baena y los vinos de la D.O. Montilla-Moriles dentro de su gastronomía mediterránea.

La Red de Pueblos Gastronómicos señala específicamente los vinos de Bodega Jesús Nazareno, desde blancos y tintos hasta dulces, como otro de los productos a descubrir durante la visita.

Entre bocado y bocado: una ruta por la Almedina

La ventaja de Baena para una escapada es que la mesa puede combinarse fácilmente con patrimonio. La parte alta de la localidad conserva La Almedina, el núcleo histórico de calles blancas y trazado medieval que estuvo rodeado por un cinturón de murallas. Allí se concentran el Castillo, la iglesia de Santa María la Mayor y el convento de Madre de Dios, además de antiguos accesos como el Arco Oscuro, el Arco de Consolación y el Arco de Santa Bárbara.

Torreparedones, el complemento perfecto

Si se dispone de más tiempo, el viaje puede prolongarse hasta el Parque Arqueológico de Torreparedones, situado entre los términos de Baena y Castro del Río.

Declarado Bien de Interés Cultural e integrado en la Red de Espacios Culturales de Andalucía, ocupa una elevación desde la que se dominan las campiñas de Córdoba y Jaén y constituye uno de los principales recursos arqueológicos de la zona.

La escapada admite desde el tapeo hasta una comida más reposada. La relación oficial incluye establecimientos como Casa del Monte, El Primero de la Mañana, Bodegas Palacios, El Picoteo, Gastrobar Jarana, Amalgama Gastrobar, Vise Hermanos Villarreal, Casa Juli o Bar-Cafetería JM, entre otros.

Antes de desplazarse conviene, en cualquier caso, consultar apertura y reservar, especialmente si el objetivo es probar algún plato tradicional concreto.


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