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Se alza en la pequeña población turolense de Bordón, en pleno Maestrazgo, con más de siete siglos de historia
En la pequeña población turolense de Bordón, en pleno Maestrazgo, se levanta uno de esos edificios que no pueden entenderse contemplando únicamente sus piedras. La iglesia de Nuestra Señora de la Carrasca es el resultado de más de siete siglos de historia, durante los cuales se han sucedido templarios, peregrinos, clérigos, artistas y generaciones enteras de habitantes de Bordón.
Su arquitectura conserva las huellas de diferentes épocas: el mundo medieval y la presencia de las órdenes militares; el gótico de los siglos XIII y XIV; las transformaciones de los siglos XVII y XVIII; el extraordinario conjunto de pinturas de 1719; la destrucción sufrida durante la Guerra Civil y, finalmente, los esfuerzos contemporáneos por conservar un patrimonio excepcional. Pero antes de la historia escrita encontramos una tradición que ha sobrevivido durante siglos.
La aparición de la Virgen y el origen del santuario
Según una antigua tradición, en el año 1212 un pastor que se encontraba con su rebaño entre los montes de Bordón descubrió una imagen de la Virgen en el tronco de una carrasca.
El hallazgo habría tenido lugar el 15 de agosto, festividad de la Asunción de María, aunque este detalle pertenece a la tradición religiosa y no puede comprobarse documentalmente.
La noticia llegó hasta los templarios de Castellote, que acudieron al lugar y trasladaron la imagen. La leyenda cuenta que al día siguiente la Virgen había regresado misteriosamente a la misma carrasca donde había sido encontrada. Interpretando aquel hecho como la voluntad de la Virgen de permanecer allí, los templarios habrían ordenado construir una pequeña ermita en el lugar de la aparición. Así habría nacido el culto a Nuestra Señora de la Carrasca.
Esta tradición no es excepcional dentro del mundo religioso medieval. En diferentes lugares del Maestrazgo existen relatos semejantes en los que una imagen de la Virgen aparece asociada a un elemento de la naturaleza: un árbol, una fuente, una roca o una cueva. En Bordón fue la carrasca la que quedó para siempre vinculada a la Virgen y acabó dando nombre al santuario. Debe diferenciarse, sin embargo, la tradición de los hechos demostrables. No disponemos actualmente de un documento de 1212 que certifique aquella aparición. La propia documentación patrimonial aragonesa presenta el relato como una tradición o leyenda sobre los orígenes del santuario.
Lo históricamente indudable es la fuerte presencia de la Orden del Temple en aquellas tierras. Bordón estaba integrado en el territorio dependiente de Castellote, una de las principales posesiones templarias de la zona. En aquel territorio fronterizo, las órdenes militares tuvieron una importancia fundamental no sólo desde el punto de vista defensivo, sino también en la organización y repoblación de las tierras conquistadas.
El pequeño santuario de Bordón debió ir adquiriendo progresivamente una importancia que sobrepasaba los límites de la propia población.
La tradición afirma que la devoción y los milagros atribuidos a la Virgen fueron tantos que los templarios decidieron sustituir la primitiva ermita por una iglesia de mayores dimensiones y establecer junto a ella un convento. La documentación patrimonial sitúa a finales del siglo XIII la existencia de aquel conjunto conventual y entre los siglos XIII y XIV la construcción de la iglesia gótica que constituye la base del edificio actual.
La tradición afirma que la devoción y los milagros atribuidos a la Virgen fueron tantos que los templarios decidieron sustituir la primitiva ermita por una iglesia
De pequeña ermita a gran santuario medieval
El crecimiento del santuario parece haber estado estrechamente relacionado con el desarrollo del propio Bordón. La iglesia medieval era muy distinta de la que contemplamos actualmente. Tenía una sola nave dividida mediante grandes arcos apuntados y estaba cubierta probablemente por una techumbre de madera. De aquella antigua cubierta ha sobrevivido un testimonio extraordinario: una viga policromada con pinturas de estilo gótico lineal.
En sus fragmentos todavía pueden apreciarse personajes religiosos, guerreros, figuras fantásticas y motivos heráldicos y geométricos. Es uno de los escasos vestigios que permiten imaginar la riqueza visual que debió poseer la iglesia medieval.
También pertenece al edificio gótico la portada lateral. Su arco apuntado está decorado con un apostolado de ejecución sencilla, recordándonos inmediatamente que estamos ante una construcción nacida en plena Edad Media.
En el exterior permanecen igualmente algunos canecillos pertenecientes a aquella primera fábrica, posteriormente absorbidos por las ampliaciones. La iglesia no estaba aislada. Las investigaciones patrimoniales indican que formaba parte de un conjunto más amplio. Junto a ella existieron dependencias que se han relacionado con un antiguo claustro, establos, bodegas y otras instalaciones conventuales, de las cuales todavía pueden reconocerse algunos vestigios.
De este modo, el santuario debió funcionar no sólo como lugar de culto, sino también como punto de acogida para religiosos, peregrinos y gentes procedentes de los pueblos de los alrededores.
La desaparición de los templarios
A comienzos del siglo XIV el mundo templario desapareció. La Orden del Temple fue perseguida y finalmente suprimida por el papa Clemente V en 1312. En los años siguientes sus posesiones pasaron en gran parte a otras órdenes militares, particularmente a los hospitalarios de San Juan de Jerusalén. Pero la desaparición de los templarios no significó el final del santuario de Bordón. Al contrario: la devoción a Nuestra Señora de la Carrasca continuó creciendo.
Este hecho resulta importante porque algunas interpretaciones modernas han querido ver símbolos templarios ocultos en las pinturas que actualmente decoran la iglesia. Sin embargo, debemos recordar que esas pinturas son de 1719, aproximadamente cuatro siglos posteriores a la desaparición de los Templarios. Puede existir una memoria templaria asociada al santuario, pero no debemos confundirla con la autoría de las pinturas barrocas.
La iglesia de Santa María de Bordón en 1399
Disponemos de un documento excepcional que demuestra la importancia que había alcanzado el templo a finales del siglo XIV. El 10 de mayo de 1399, los esposos Juan Pérez Usón y Toda Falcón, pertenecientes a una familia de infanzones de Bordón, otorgaron ante el notario Bartolomé de Birat, vecino de Mirambel, la fundación de una capellanía perpetua. El documento denomina al templo: «Iglesia parroquial de Santa María de Bordón».
La capellanía fue establecida bajo las advocaciones de San Jaime, Santa Lucía, Santa María Magdalena y San Nicolás y dotada con una renta anual de 450 sueldos jaqueses. Los fundadores establecieron detalladamente las obligaciones del capellán y dotaron el altar con cáliz de plata, misal, ornamentos litúrgicos, lámparas, candelabros y otros objetos necesarios para el culto. Esta capellanía estuvo situada en la que conocemos actualmente como capilla de Santa Lucía, una de las partes más extraordinarias del edificio.
La capilla conserva una magnífica bóveda de crucería y capiteles historiados donde aparecen representaciones religiosas, entre ellas Cristo bendiciendo, santa Bárbara, santa Lucía y la Adoración de los Reyes Magos. Resulta extraordinario pensar que aquella capilla que hoy puede contemplar el visitante ya era utilizada para el culto hace más de seiscientos años.
Un gran centro de devoción comarcal
La Virgen de la Carrasca no fue únicamente la Virgen de Bordón. Su fama se extendió por buena parte del Maestrazgo y llegó incluso a poblaciones del actual territorio castellonense. Una fuente del siglo XVIII, el padre Roque Alberto Faci, en su obra Aragón, Reino de Cristo y dote de María Santísima, publicada en 1739, recoge la antigua devoción existente hacia la Virgen. Según las noticias que transmite, documentos que se conservaban en Bordón y Tronchón afirmaban que ya en 1390 se consideraban antiquísimas las procesiones procedentes de Tronchón, Mirambel y Olocau del Rey. También acudieron durante distintas épocas peregrinos de Castellote, Cuevas de Cañart, Villarluengo, Morella, Luco y Todolella.
Aquellas concentraciones debieron ser multitudinarias para la época. Algunas llegaron a ocasionar tales aglomeraciones que, según la tradición recogida posteriormente, el arzobispo de Zaragoza llegó a prohibir alguna de ellas.
Durante siglos, por tanto, Bordón se convirtió periódicamente en lugar de encuentro de gentes procedentes de distintos pueblos, unidas por una misma devoción.
La Virgen de la Araña: una joya del siglo XV
La iglesia guardó además otra extraordinaria obra de arte. Durante el siglo XV llegó a Bordón una imagen de alabastro conocida como Virgen de la Araña. Hoy sabemos que fue obra del importante escultor gótico Pere Joan, uno de los grandes artistas de la escultura aragonesa y catalana del siglo XV, autor de trabajos para la Seo de Zaragoza.
La imagen fue realizada aproximadamente entre 1434 y 1440, relacionada con los encargos del arzobispo Dalmau de Mur. Su calidad debió ser extraordinaria.
Desgraciadamente, la Virgen de la Araña desapareció durante la Guerra Civil. Sólo algunas fotografías antiguas permiten conocer actualmente cómo era aquella escultura. La iglesia de Bordón llegó así a reunir dos imágenes marianas excepcionales: la antigua talla románica de Nuestra Señora de la Carrasca y la delicada Virgen de la Araña de Pere Joan.
El siglo XVII: una iglesia que continúa creciendo
El edificio siguió transformándose con el paso de los siglos. Durante el siglo XVII se levantó la torre, situada a los pies de la iglesia. Es una construcción de planta cuadrada y tres cuerpos realizada en piedra. Pero la transformación decisiva llegaría durante el siglo siguiente. El antiguo templo medieval ya no respondía plenamente a las necesidades ni a los gustos religiosos de la época barroca.
Durante el siglo XVIII se emprendió una profunda reforma. Se ampliaron espacios, se construyeron nuevas capillas laterales y, sobre todo, desapareció la antigua techumbre de madera. En su lugar se construyó una gran bóveda de cañón apuntado, dividida por los antiguos arcos fajones. Y entonces sucedió algo extraordinario. Alguien decidió que aquella nueva superficie no debía quedar desnuda.
1719: la iglesia se convierte en un gran lienzo
El año 1719 constituye uno de los momentos fundamentales de la historia del templo. Prácticamente todo su interior fue cubierto por una exuberante decoración pictórica. Muros, bóvedas, arcos y diferentes espacios quedaron integrados en un programa decorativo que todavía hoy sorprende al visitante. No se trataba simplemente de embellecer la iglesia.
Las pinturas transmitían un mensaje. Entre ellas aparecen representaciones alegóricas relacionadas con las virtudes y atributos de la Virgen María. Encontramos símbolos como una fuente, un pozo, la Torre de David, un espejo o el sol, acompañados por abundantes roleos y decoraciones vegetales.
Muchos de estos elementos pertenecen a una antigua tradición iconográfica mariana y proceden de imágenes bíblicas utilizadas durante siglos para ensalzar la pureza, fortaleza y carácter celestial de María. De esta manera, el interior de la iglesia se convirtió en una auténtica catequesis pintada.
En una época en que buena parte de la población no sabía leer, las imágenes tenían una extraordinaria capacidad para transmitir ideas religiosas. La arquitectura, la pintura y la liturgia formaban una sola cosa. Sin embargo, tres siglos después continúan existiendo una pregunta sin respuesta.
¿Quién pintó la iglesia de Bordón en 1719?
Hasta el momento no se ha podido identificar documentalmente al artista o taller responsable. La magnitud de la obra hace pensar que no fue una intervención improvisada. Debieron participar pintores acostumbrados a grandes superficies murales y probablemente varios ayudantes.
Algún día los libros de fábrica, protocolos notariales o cuentas parroquiales podrían proporcionar el nombre que actualmente desconocemos. Seguramente la guerra civil lo destruyo todo.
¿Un mensaje templario oculto?
Las extraordinarias pinturas han alimentado numerosas interpretaciones. Algunos autores han querido reconocer entre sus figuras símbolos relacionados con los templarios, la alquimia o antiguas tradiciones esotéricas. Incluso se han realizado comparaciones con otros edificios europeos cargados de simbología. Estas teorías han contribuido sin duda al misterio que rodea la iglesia. Pero debemos ser prudentes.
La relación medieval de Bordón con los templarios es histórica; la existencia de las pinturas de 1719 también lo es. Lo que no está demostrado documentalmente es que los pintores barrocos pretendieran transmitir cuatro siglos después un código secreto templario.
La interpretación más sólida continúa siendo la de un gran programa religioso, fundamentalmente mariano, concebido para glorificar a la Virgen y transformar simbólicamente el interior del templo. Eso no impide que algunos motivos sigan planteando preguntas y que futuras investigaciones puedan aportar nuevas interpretaciones.
1737 y las últimas grandes reformas barrocas
Las transformaciones continuaron durante las décadas siguientes. Las fuentes turísticas e históricas del Maestrazgo señalan una nueva reforma interior en 1737. Para entonces el santuario debía presentar ya un aspecto relativamente próximo al que conocemos actualmente: una estructura medieval profundamente transformada por el Barroco, pero conservando elementos góticos que sobrevivieron a las reformas.
En la sacristía se conservaba, además, como una auténtica reliquia, un fragmento de la carrasca en la que, según la tradición, había aparecido la Virgen. Las familias de Bordón llegaron a considerar un privilegio conservar pequeñas astillas de aquel árbol. Así, cinco siglos después del supuesto hallazgo de 1212, la carrasca seguía formando parte de la memoria colectiva del pueblo.
1936: la destrucción
La Guerra Civil española marcó uno de los episodios más dolorosos de la historia de la iglesia. En 1936 el templo fue desmantelado y una parte importante de su patrimonio religioso desapareció. Se perdió la antigua imagen románica de Nuestra Señora de la Carrasca, aquella talla que durante siglos había recibido la veneración de miles de personas.
También desapareció la extraordinaria Virgen de la Araña, realizada por Pere Joan en el siglo XV. Altares, objetos litúrgicos y otras piezas fueron destruidos o dispersados. Con ellos desapareció una parte irreemplazable de la historia artística de Bordón.
Las pinturas murales, afortunadamente, sobrevivieron. Deterioradas por el paso del tiempo, la humedad y las condiciones del edificio, permanecieron adheridas a sus muros y bóvedas esperando tiempos mejores.
Recuperación y protección del patrimonio
Con el paso de las décadas fue creciendo la conciencia sobre el extraordinario valor histórico y artístico del edificio. En 2002, la iglesia de Nuestra Señora de la Carrasca fue declarada Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés, garantizando así una protección institucional acorde con su importancia. Posteriormente comenzaron distintas actuaciones de conservación.
La Fundación Blasco de Alagón intervino en la capilla de Santa Lucía y, en 2014, emprendió trabajos de restauración sobre las pinturas murales del siglo XVIII. Los restauradores encontraron zonas muy deterioradas, con problemas de humedad y pérdida de adherencia de las capas pictóricas. El trabajo permitió recuperar parte de aquel extraordinario universo de imágenes creado casi trescientos años antes.
Una iglesia que resume ocho siglos
La iglesia de Nuestra Señora de la Carrasca no pertenece a una única época. En sus muros conviven muchas historias. Está la tradición de aquel pastor que en 1212 habría encontrado una pequeña Virgen entre las ramas de una carrasca. Está la memoria de los templarios que dominaron estas tierras y que, según la tradición, levantaron el primer santuario.
Está la iglesia gótica de los siglos XIII y XIV, de la cual permanecen sus arcos, la portada, los canecillos, la capilla de Santa Lucía y aquella extraordinaria viga policromada.
Está el documento de 1399 que nos permite escuchar, después de más de seis siglos, los nombres de Juan Pérez Usón y Toda Falcón fundando su capellanía en la «Iglesia parroquial de Santa María de Bordón».
Está la magnífica Virgen de la Araña de Pere Joan, desaparecida pero conservada en antiguas fotografías. Está la torre levantada durante el siglo XVII.
Y, sobre todo, está 1719, cuando unos pintores cuyo nombre todavía ignoramos convirtieron las bóvedas y paredes de la iglesia en un inmenso relato pintado. Después llegaron las reformas, las romerías, generaciones de peregrinos, las guerras, la destrucción de 1936 y finalmente la recuperación patrimonial. Quizá por eso la iglesia de Bordón produce una impresión tan particular. No es solamente un monumento.
Unos pintores cuyo nombre aún ignoramos convirtieron las bóvedas y paredes de la iglesia en un inmenso relato pintado
Es un lugar donde cada época dejó una capa sobre la anterior sin borrarla completamente. Bajo el Barroco permanece el Gótico; bajo el Gótico se adivina la memoria templaria; y detrás de todo continúa aquella antigua historia de una imagen encontrada en una carrasca.
Historia y leyenda se encuentran aquí constantemente. Después de más de ochocientos años, la Virgen de la Carrasca continúa presidiendo la memoria de Bordón, mientras las pinturas de 1719 permanecen sobre sus bóvedas guardando todavía una última incógnita: el nombre del hombre —o de los hombres— que las pintaron.
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