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Una nueva especie de cocodrilo extinto descubierta en Egipto comparte algo más que su hábitat con la Gran Esfinge. Se trata del Herugavialis cairensis, cuyo fósil fue hallado en las mismas rocas que se utilizaron para construir el gran monumento junto a las pirámides. Al igual que a la Esfinge le falta la punta de la nariz, a este cocodrilo fósil también le falta la punta del hocico. Sin embargo, este espécimen fracturado está lo suficientemente intacto como para ser reclasificado como una nueva rama del árbol genealógico de los gaviales, lo que podría ayudar a desvelar la historia evolutiva de estos misteriosos animales.
La mayoría de los cocodrilianos actuales pertenecen a las familias de los cocodrilos o de los caimanes, aunque también existen dos especies de gavial, un tipo de cocodrilos que se caracterizan por sus hocicos largos y delgados, que habitan en el Asia tropical. Actualmente solo se encuentran en ambientes de agua dulce en el subcontinente indio y el sudeste asiático: el Gavialis gangeticus y Tomistoma schlegelii, denominado el "falso gavial".
El registro fósil de los gaviales documenta una distribución en casi todo el planeta, que abarca más de 100 millones de años, con muchas especies que habitaban en ambientes marinos poco profundos.
Fue en 1927 cuando investigadores alemanes dieron a conocer el fósil de un cráneo de gavial recuperado en la Formación Mokattam, unas colinas cercanas a El Cairo (Egipto) de 45 millones de años de antigüedad, y lo identificaron como una especie extinta de Tomistoma, un género del que actualmente solo sobrevive una especie en el sudeste asiático.
No obstante, estudios evolutivos posteriores sugirieron que dicha clasificación no era correcta. Recientes avances analíticos en paleontología, incluido el uso de la tomografía computarizada para observar el interior del cráneo, permitieron a un equipo internacional de investigadores identificar varias diferencias entre el falso gavial y los fósiles de la Formación Mokattam. El equipo, integrado por miembros del Reino Unido, Suecia, Alemania y Egipto, estuvo dirigido por el doctor Paul Burke, investigador del Museo Sueco de Historia Natural en Estocolmo. El hallazgo ha sido publicado en la revista Royal Society Open Science.
El cráneo de Herugavialis se conserva relativamente bien, pero una característica en particular llamó la atención de los investigadores: le falta la punta del hocico. "Dada esta coincidencia con la famosa ausencia de la nariz de la Gran Esfinge, decidimos nombrar al nuevo cocodrilo en honor al dios egipcio Heru (u Horus), quien posiblemente fue la inspiración para este monumento emblemático", comenta en un comunicado el profesor Philip Mannion del University College de Londres, que ha codirigido el estudio.
Herugavialis no era el único cocodrilo que habitaba Egipto en aquella época. Los entornos marinos poco profundos que cubrían gran parte de la región también albergaban al menos otras dos especies de gaviales.
"Durante gran parte de los últimos 50 millones de años, la región mediterránea albergó una gran diversidad de cocodrilos, incluidos los gaviales", apunta el autor principal, el doctor Paul Burke. "Sin embargo, esta diversidad fluctuó con el tiempo, aparentemente en correspondencia con los cambios en la temperatura global y el nivel del mar, antes de la desaparición de todos los cocodrilos en esta región como resultado de la desecación del Mediterráneo hace aproximadamente 6 millones de años", concluye el investigador.














