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Del universo onírico de Dalí a las luces del Mediterráneo, este tramo del Grand Tour de Catalunya traza un viaje de 525 km que une los paisajes salvajes del Cap de Creus con las playas urbanas de Barcelona. Arte, historia, tradición, pueblos medievales, viñedos, calas escondidas…
Con siete etapas y aires de despedida, el itinerario avanza entre acantilados y campos de vides, atravesando la Costa Brava, la Garrotxa, Osona, el Montseny y el Maresme antes de alcanzar la bella Barcelona. Es una ruta de transiciones: del silencio de las ermitas al bullicio de los mercados, del azul intenso del mar al mosaico de piedra y modernismo que define la capital catalana.
Etapa 1: Dalí, anchoas y el Cap de Creus
El camino comienza en Figueres, donde el Teatre-Museu Dalí marca el punto de partida de un viaje que respira surrealismo. La carretera se asoma al Mediterráneo en Cadaqués, pueblo blanco que inspiró al pintor y conserva su esencia marinera. Muy cerca, la Casa Dalí de Portlligat y el castillo de Púbol completan el triángulo daliniano.
En los alrededores, el Parque Natural del Cap de Creus despliega un paisaje de acantilados, calas y vientos antiguos. Y en Port de la Selva (al lado del espectacular románico de Sant Pere de Rodes) o Portlligat, la vida se saborea entre anchoas, vino de la DO Empordà y horizontes infinitos.

Etapa 2: Rutas marineras y medievales del Empordanet
El litoral del Montgrí y las Illes Medes, una de las reservas de flora y fauna marinas más importantes del Mediterráneo occidental, ofrece una simbiosis perfecta entre mar y naturaleza. Las rutas en kayak o en barco revelan cuevas y fondos coralinos.
Tierra adentro, la calma se instala en los pueblos del Empordanet: Pals, Peratallada, Palau-Sator o La Bisbal d’Empordà, con sus talleres de cerámica. En Palafrugell, la Fundación Josep Pla evoca la mirada íntima del escritor sobre su tierra. Y en el Espai del Peix de Palamós, el viajero asiste a la subasta del pescado antes de probar un arroz de Pals y la deliciosa gamba roja recién llegada del puerto.

Etapa 3: De los caminos de ronda a Girona
En Tossa de Mar, el camino de ronda perfila acantilados y playas donde el mar dibuja tonos imposibles. El recorrido continúa hacia Lloret y Blanes, donde los jardines de Santa Clotilde y Marimurtra combinan arte y botánica frente al azul del Mediterráneo. La ruta gira hacia Girona, ciudad de piedra y leyendas, con un casco viejo que guarda sinagogas, iglesias góticas y la célebre escalinata de su catedral. Las casas del Onyar reflejan la luz dorada del atardecer, mientras el call judío murmura historias de otra época.

Etapa 4: Collsacabra, bosques y pueblos suspendidos
El relieve cambia y la carretera se adentra en los bosques del Collsacabra, donde Tavertet y Rupit se asoman al vacío sobre riscos y cascadas. Es una tierra de bandoleros y leyendas, de callejones empedrados y balcones floridos. En Vic, ciudad milenaria, el templo romano y la catedral revelan la huella del tiempo. Y en su plaza porticada, los mercados y embutidos artesanos anuncian la proximidad del Montseny, un mosaico de hayedos, castaños y senderos que invitan a perderse.

Etapa 5: El Maresme indiano y modernista
De las montañas del Montseny, el viaje desciende hacia la costa. En Arenys de Mar, las casas indianas cuentan el regreso de quienes hicieron fortuna en América; en Canet de Mar, la Casa-Museu Domènech i Montaner rinde homenaje al genio del modernismo; y en Mataró, la Casa Coll i Regàs resume la elegancia de otra época. Los productos locales —guisantes de Llavaneres, patatas de Mataró, judías de Palafolls— se maridan con los blancos de la DO Alella, preludio perfecto del Mediterráneo barcelonés.
Etapa 6: Catedrales literarias y mosaicos de Gaudí
Barcelona reaparece en el horizonte como un final y un principio. La ciudad es un viaje dentro del viaje: sus calles modernistas, sus catedrales y su vida cultural forman un mosaico vibrante. En el Born, Santa María del Mar revive la historia de la novela de Ildefonso Falcones; en la catedral gótica, Santa Eulalia aún vela sobre la ciudad. Gaudí y Domènech i Montaner dejaron aquí su legado: la Sagrada Familia, el Palau de la Música o la Casa Batlló son templos de un arte que sigue respirando.
Etapa 7: Mercados, mar y despedida mediterránea
La última etapa es una celebración de la vida barcelonesa. Los mercados —como el de Santa Caterina— exhiben productos que resumen la ruta: vinos, quesos, frutas, mariscos y embutidos de cada comarca. En la Barceloneta, el mar y la ciudad se funden entre bodegas y ambiente marinero.

El Grand Tour concluye en un catamarán, navegando hacia el sol poniente, cuando la luz tiñe de oro la fachada marítima. ¡Reserva tu plaza ya!
Ficha técnica
- 525 km de recorrido
- 7 etapas
- 8 imprescindibles
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