Noticias20M

Las vacaciones son sinónimo de descanso, relax y disfrute, pero también en ocasiones debemos cambiar ciertos hábitos de consumo en nuestros destinos, sobre todo en los apartamentos de las zonas costeras españolas. Y es que, por ejemplo, en municipios de playa es frecuente que el agua del grifo no sea de nuestro agrado, bien por su dureza, sabor a cloro o presencia de cal. Esto nos obliga a la compra recurrente de agua embotellada, un ritual tremendamente dañino para el presupuesto familiar.
Estamos hablando de un producto cuyo coste se multiplica por el envasado y la comercialización. Estudios realizados por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), estiman que satisfacer las necesidades diarias de hidratación -no incluye gasto de agua en higiene, limpieza o cocinar- de un hogar de cuatro personas solo con agua envasada supone un desembolso que ronda los 500 euros al año. Esta cifra es muy superior a lo que habría que abonar por ese mismo consumo de agua doméstica, donde el precio medio ronda los 1,90 €/m³ (1.000 litros).
"Lo que tradicionalmente se ha asumido como un daño colateral menor de las vacaciones, se ha transformado hoy en un verdadero problema de economía doméstica, logística, sostenibilidad ambiental y confort. En un entorno económico aún sensible a los vaivenes de la inflación y al encarecimiento sostenido de la cesta de la compra, el consumo de agua envasada ejerce de 'impuesto en la sombra' para los veraneantes", explican desde Tappwater, empresa especializada en crear soluciones sostenibles de agua filtrada para el hogar.
Esta compañía asegura que más allá de la factura económica además "existe un coste logístico y físico que altera la experiencia de descanso vacacional": "Una familia de cuatro miembros, consumiendo la cantidad recomendada de dos litros diarios por persona, requiere ocho litros de agua al día. Esto se traduce en la obligación de transportar, levantar y almacenar 8 kilos de peso diarios desde el supermercado hasta la vivienda. A lo largo de un mes completo de vacaciones, la familia habrá movilizado a pulso aproximadamente un cuarto de tonelada (240 kilos)".
A este esfuerzo físico se suma "la merma en la comodidad del hogar", ya que "las cocinas de las residencias de verano, frecuentemente más reducidas, ven su espacio colonizado por garrafas voluminosas que, además, monopolizan los estantes del frigorífico".
Tappwater destaca además que el estilo de vida y la experiencia gastronómica también sufren. "El agua con alta concentración de cal y cloro no solo es desagradable al paladar cuando se bebe sola. Su composición química altera significativamente la extracción de los aceites esenciales del café matutino, arruina la sutileza de las infusiones e interfiere en la cocción de alimentos básicos de la dieta mediterránea, endureciendo legumbres y modificando la textura de pastas y arroces".

De Madrid a Canarias: así es la brecha hídrica en España
Sin embargo, este problema con el agua no afecta por igual a todo el territorio nacional, lo que evidencia la existencia de una clara brecha hídrica en España. Según indica el Panel de Consumo Alimentario del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) indica que el consumo medio de agua envasada supera los 60 litros por persona y año a nivel nacional.
La distribución, no obstante, es profundamente asimétrica. En zonas como Madrid o Burgos, donde el agua es de excelente calidad, el consumo de agua embotellada apenas ronda los 17 litros anuales por habitante. Por el contrario, en las regiones costeras y turísticas, los datos se disparan. En el archipiélago canario, el 71% de los hogares depende del agua embotellada para su consumo diario. Esta dependencia se sitúa en un 63% en las Islas Baleares y registra cifras similares en toda la vertiente mediterránea, el Levante y gran parte de Andalucía.

No hay comentarios:
Publicar un comentario