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El trágico incendio de la Sierra Oeste de Madrid pudo haber sido todavía peor. Durante varios días, los responsables del operativo contemplaron un escenario que iba mucho más allá de las 27.000 hectáreas calcinadas. Si las llamas hubieran conseguido superar el corredor natural del río Cofio y la "carretera milagro" de Valdemaqueda que los Bomberos utilizaron como cortafuego, el incendio habría actuado como un tiro directo hacia el corazón de la Sierra de Guadarrama y hacia núcleos de población que suman un millón de vecinos. Y en el flanco de Ávila, también amenazó a otro paraje natural al quedarse a las puertas de la Sierra de Gredos.
Todo empezó como empiezan muchos incendios de verano. Con una columna de humo. Eran las primeras horas de la tarde del miércoles 22 de julio cuando las llamas declaradas en Almorox (Toledo) comenzaron a avanzar empujadas por el viento hacia la Comunidad de Madrid. Fue ahí cuando se marcó el objetivo defendido durante todos estos días: proteger a la población. Por eso, se procedió al confinamiento Villa del Prado y se evacuó la urbanización de El Encinar del Alberche. Rápidamente, el fuego cruzó el límite regional y alcanzó El Encinar. Los trabajos nocturnos permitieron contener parcialmente aquel primer frente y ganar algo de tiempo. Pero la tregua duró poco.

El escenario perfecto para un gran incendio
El jueves 23 amaneció con el incendio de Almorox todavía muy activo. Las previsiones meteorológicas, lejos de ofrecer alivio, anunciaban el escenario que más temen los especialistas: temperaturas extremas, humedad muy baja y fuertes rachas de viento. Los técnicos conocen esa combinación como la regla del 30-30-30 o "número de la bestia forestal": 30 grados de temperatura, menos del 30% de humedad relativa y vientos superiores a 30 kilómetros por hora. Una situación que multiplica la velocidad de propagación y convierte cualquier chispa en un incendio incontrolable.
Mientras cientos de efectivos seguían concentrados en frenar el avance del incendio de Toledo, en la Sierra Oeste de Madrid nacieron dos nuevos focos. A media tarde se declaró un incendio independiente en Villa del Prado, apenas unos kilómetros al norte del foco original. Poco después llegó otro aviso preocupante en San Martín de Valdeiglesias. Un vehículo comenzó a arder junto al arcén de la M-501, a la altura del kilómetro 57. Bastaron unos minutos para que las llamas saltaran al monte encontrando el combustible perfecto en una vegetación seca tras semanas de calor.
El pantano de San Juan, el punto de confluencia del fuego
El fuego avanzó con una rapidez impropia de un incendio convencional. En apenas unas horas alcanzó el entorno del pantano de San Juan. Las órdenes de evacuación comenzaron a relevarse casi a la misma velocidad que las llamas. Primero, llegaron mensajes ES-Alert para San Martín de Valdeiglesias; después, para el camping de Caravan Garden, en Villa del Prado y Aldea del Fresno tuvo que ser desalojada prácticamente al completo. Miles de vecinos marchaban a la vez que también se desalojaban residencias de mayores y de personas con discapacidad.

Mientras Madrid trataba de contener tres incendios distintos, nacía un cuarto foco en Burgohondo (Ávila). Las llamas comenzaron a avanzar hacia el sur impulsadas por las mismas condiciones meteorológicas que alimentaban los incendios madrileños. Viento, calor y humedad. Fue entonces cuando los equipos de extinción empezaron a analizar los focos como un conjunto. Todos viajaban hacia un mismo espacio, relacionándose entre sí e, incluso, comportándose como uno solo.
Carlos Novillo, consejero de Medio Ambiente, ha explicado este jueves que, ya entonces, los técnicos anticiparon que el punto donde acabarían encontrándose sería en el entorno del pantano de San Juan. También sabían que, si el fuego conseguía superar el corredor natural del río Cofio, tendría una vía de propagación hacia la Sierra de Guadarrama. Días después, toda la estrategia del operativo acabaría concentrándose en impedir precisamente ese escenario.
Un incendio fuera de capacidad de extinción
Los focos de Almorox, Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias terminaron fusionándose en un solo frente, mientras el incendio de Burgohondo, en Ávila, amenazaba con hacer lo mismo desde el noroeste. La Comunidad de Madrid comprendió entonces que los medios autonómicos resultaban insuficientes para afrontar una situación de esa magnitud y solicitó elevar la emergencia al nivel 3 del Plan de Protección Civil para que el Gobierno tomara los mandos del asunto.
Aquella misma noche se declaró la emergencia de interés nacional y la Unidad Militar de Emergencias (UME) asumió la coordinación de los incendios de Madrid, Castilla-La Mancha y Castilla y León. "El fuego no está controlado, los incendios se han fusionado en uno solo", advertía entonces el delegado del Gobierno, Francisco Martín. El consejero Carlos Novillo iba un paso más allá: "Estamos ante un incendio fuera de capacidad de extinción. No vamos a poder parar la cabeza hasta que cambien las condiciones". Por eso, durante unas horas, el operativo dejó de plantearse apagar el incendio y el objetivo pasó a ser salvar vidas y proteger los núcleos habitados.
Hasta el viernes, el seguimiento del incendio se medía solo por la superficie afectada. Pero, empezó también a medirse por el número de personas que podían verse alcanzadas por las llamas. Las evacuaciones se sucedían sin descanso. Navas del Rey, Chapinería, Colmenar del Arroyo, Navalagamella, Robledo de Chavela, Fresnedillas de la Oliva, Zarzalejo. Hasta alcanzar el total: 35.000 desalojados y 20.000 confinados de 17 municipios distintos de Madrid y otros 30.000 desalojados en 12 pueblos de Ávila. Todos realojados en polideportivos, colegios y centros sanitarios de municipios cercanos, pero fuera de peligro.

Durante el fin de semana el incendio cambió varias veces de dirección. Primero empujó hacia el entorno del pantano de San Juan. Después, avanzó hacia el Valle del Tiétar y El Tiemblo. Más tarde volvió a girar hacia el este. Cada cambio de viento obligaba prácticamente a rediseñar el operativo. Las llamas llegaron a avanzar entre cinco y seis kilómetros por hora en algunos momentos, según apuntó el teniente coronel de la UME ante los medios de comunicación el domingo. Una velocidad "extraordinaria para un incendio forestal", valoró. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, explicó que los profesionales sobre el terreno le trasladaban que los focos creaban "una especie de microclima extraordinario y especialmente voraz sin solución".
Un millón de personas en riesgo
Entonces, apareció el escenario que más preocupaba a los técnicos, según ha revelado este jueves Novillo. Durante aquellos días, los especialistas observaron que el flanco este del fuego estaba cogiendo fuerza y avanzaba hacia el interior de la región. Si no se detenía, el incendio iba directo a zonas densamente pobladas como Brunete, Valdemorillo, Boadilla del Monte, Navalcarnero, Las Rozas, Torrelodones, El Escorial, Guadarrama... "Podría haber afectado potencialmente a un millón de personas en total", cifraba este jueves el consejero.
También les quitó el sueño que el fuego llegase al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y a la Sierra Gredos. Primero, porque cerca del río Cofio, un corredor natural que comunica la Sierra Oeste con las primeras estribaciones de la Sierra de Guadarrama, estaban concentrados potentes focos de incendios. Tan potentes que, más de una semana después, aún no los han conseguido rematar del todo. Si el incendio lograba cruzar el río con fuerza suficiente, el valle podría haber actuado como un canal de propagación. Si el flanco oeste del incendio hubiese seguido creciendo, iba directo hacia Gredos. "Podría haber quemado toda la Sierra, el Parque Nacional y Gredos", reconocía Novillo desde el puesto de mando.
El río Cofio, el "milagro" de la última línea de defensa
Por eso mismo, el entorno del río Cofio ha sido la zona más sensible del dispositivo y tomó un protagonismo indiscutible durante la noche del lunes. Cuando el sol se escondió, se desplegó un operativo sin precedentes en las inmediaciones de Valdemaqueda. Cerca de 400 efectivos —bomberos, brigadas forestales, agentes medioambientales, maquinaria pesada y unidades de la UME— trabajaron durante horas utilizando la carretera del pueblo como línea de defensa. Se abrió terreno, se eliminaron masas de vegetación y se construyeron cortafuegos de emergencia mientras las llamas seguían avanzando, explicó al día siguiente el consejero.
Tras el éxito de esa contención, el consejero valora que esa vía debería ser rebautizada como la "carretera milagro". "Trabajaron durante la tarde y la noche con todas las tácticas", ha explicado. "Y se consiguió consolidar ese frente". Esta consolidación encadenó con la consolidación general de — nada más y nada menos— 250 kilómetros de perímetro. El incendio dejó de crecer por primera vez en más de cinco días. Aún así, las autoridades no permitían dar pie a la relajación, ni al optimismo, ni al realojo de los vecinos. Principalmente, por la ola de calor prevista a partir de este martes.
El incendio deja de crecer
Se esperaban temperaturas por encima de los 35 grados y humedad casi a cero durante las horas centrales. Sin embargo, el comportamiento del viento cambió lo suficiente para permitir que los medios terrestres y aéreos atacaran con mayor eficacia los puntos más activos. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, fue el primero en verbalizar el cambio de tendencia desde el Puesto de Mando Avanzado de Navalcarnero: "No ha avanzado el fuego en más de 24 horas, lo tenemos perfectamente parado", anunciaba el ministro.
A partir de ese momento comenzó una lenta desescalada. Primero regresaron los vecinos de Cadalso de los Vidrios, Cenicientos, Navas del Rey, Navalagamella y Chapinería. Después se abrieron los accesos a Fresnedillas de la Oliva y Zarzalejo. Los confinamientos se levantaron progresivamente y, en apenas una jornada, 24.000 personas pudieron regresar a sus hogares. Desalojos vueltas tildadas por las autoridades como un "éxito" porque, pese a ser el peor incendio de la historia de Madrid, no se ha cobrado ni una vida humana. Mientras, el operativo mantenía la mirada fija en el norte del pantano de San Juan, donde seguían activos numerosos puntos calientes y pequeñas reproducciones.

El miércoles, siete días después del inicio de las llamas, llegó por fin la noticia que los vecinos llevaban esperando una semana. "Se puede dar por técnicamente estabilizado", anunció el delegado del Gobierno, Francisco Martín, tras la reunión del Cecopi. La estabilización permitió el regreso de los últimos grandes municipios evacuados: Robledo de Chavela, Valdemaqueda, la urbanización de El Encinar del Alberche y la pedanía de Peralejo. Sumados a los retornos de los días anteriores, más de 33.000 vecinos pudieron volver a sus casas.
Aún así, esas decenas de miles de vecinos se están encontrando con un entorno natural que nada tiene que ver con el que dejaron al ser desalojados entre el miércoles y el jueves. El perímetro afectado por el fuego ha arrasado 27.000 hectáreas, de las cuales cerca del 69% correspondían a superficie forestal arbolada, según datos regionales. Algunos también han perdido sus casas. En El Encinar del Alberche, alrededor de un centenar de propiedades han quedado completamente arrasadas o gravemente dañadas. Francisco Martín reconoció que el regreso sería especialmente duro para muchos vecinos, que se encontrarán con casas convertidas en ruinas.
Estabilizado, pero todavía no controlado
La mejora de la situación permitió este jueves rebajar la emergencia de interés nacional y devolver el mando del operativo a la Comunidad de Madrid. La UME inició su retirada progresiva y el incendio pasó del nivel operativo 3 al nivel 2. Pero los responsables de emergencias insisten en que el incendio no está todavía controlado. La diferencia nace en que, un incendio estabilizado es aquel que, sin estar aún controlado, evoluciona favorablemente y no presenta frentes activos capaces de hacer avanzar el fuego libremente.
Un incendio controlado es aquel en el que todo el perímetro está rodeado por una línea de control continua extinguida, aunque todavía puedan quedar puntos calientes en su interior. Solo se considera extinguido cuando los técnicos comprueban que no existe posibilidad de reactivación. Por eso, aunque ha entrado en una fase favorable, decenas de dotaciones siguen trabajando en labores de vigilancia, enfriamiento y remate. Ahora, el poder vuelve a estar en manos de la Comunidad y sus bomberos seguirán trabajando por controlar y, después, extinguir el peor incendio de la historia de Madrid.

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