domingo, 9 de agosto de 2026

Canal Viajar : La isla habitada más pequeña de España quiere independizarse: 50 vecinos, 30 hectáreas y un pueblo amurallado que fundó Carlos III

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Se camina de punta a punta en menos de media hora y sus vecinos lo tienen claro: quieren gestionar ellos mismos lo que hasta ahora decide Alicante.
Una preciosa y pequeña isla de Alicante que quiere decidir su propio futuro.

Se desembarca y en cinco minutos ya se ha visto casi todo: una plaza, dos calles principales, seis callejones y una muralla del siglo XVIII que envuelve el pueblo como si lo protegiera de algo más que del viento. Recorrer Tabarca de punta a punta lleva unos 25 minutos a pie, lo justo para entender que aquí la escala lo cambia todo, incluida la política. Porque esta isla de 30 hectáreas frente a Santa Pola —1.800 metros de largo por 400 de ancho, la más pequeña de España que sigue habitada todo el año— acaba de dar un paso que lleva once años gestándose.

Calle en la Isla de Tabarca, Alicante.

El 7 de abril, sus vecinos acordaron iniciar los trámites para pedir que Tabarca se convierta en Entidad Local Menor, una figura que existe en la Comunitat Valenciana y que le permitiría gestionar directamente el alumbrado, la conservación de sus caminos, las licencias menores o la recogida de residuos, sin depender en cada gestión del Ayuntamiento de Alicante. No es la fundación de un municipio nuevo ni una ruptura con España: la isla seguiría perteneciendo a Alicante. Es, más bien, la versión administrativa de algo que Tabarca lleva pidiendo desde que existe como comunidad: que se cuente con ella al tomar decisiones sobre su propio territorio.

La isla habitada más pequeña de España parece un escenario de película: casco antiguo amurallado, vida callejera y Reserva Natural Marina
La isla habitada más pequeña de España parece un escenario de película: casco antiguo amurallado, vida callejera y Reserva Natural Marina

De cautivos en Argel a fundadores de un pueblo amurallado

La historia de quienes hoy reclaman esta autonomía empieza, paradójicamente, en un cautiverio. A mediados del siglo XVIII, un grupo de pescadores de origen genovés vivía en la isla tunecina de Tabarka, dedicados a la extracción de coral bajo protección española. Cuando esa protección se rompió, cientos de ellos acabaron esclavizados en Argel y Túnez. Carlos III, a instancias del conde de Aranda, negoció su rescate y decidió reasentarlos en una isla frente a la costa alicantina que hasta entonces solo había servido de escondite a piratas berberiscos. Así nació Nueva Tabarca: 296 personas fundaron el pueblo, 31 llegadas directamente de Génova, 137 procedentes de la propia Tabarka y el resto liberadas de los cautiverios de Argel y Túnez.

Calle de Tabarca.

No se levantó un simple asentamiento, sino un núcleo con categoría de ciudad, amurallado y defendido, con sus puertas monumentales todavía en pie. Dentro del recinto se construyó la iglesia de San Pedro y San Pablo, de líneas barrocas, y fuera de él, ya en pleno campo tabarquino, se erigió a partir de 1789 la Torre de San José, una fortificación de planta cuadrada y tres alturas pensada para vigilar la costa. Con el tiempo cambió varias veces de función: sirvió de cuartel, de almacén y, durante el siglo XIX, de prisión para carlistas capturados en las guerras que sacudieron España. Hoy sigue en pie, a la espera de una rehabilitación que la abra de nuevo a quienes recorren la isla.

Vistas del casco antiguo de la isla de Tabarca

Ese origen —gente rescatada de un cautiverio que construyó su propio pueblo desde cero— explica en parte el carácter de quienes viven allí hoy. Los apellidos genoveses (Chacopino, Lucero, Pitaluga) siguen sonando en Santa Pola, Alicante o Torrevieja, prueba de que la sangre tabarquina se dispersó mucho más allá de la isla, aunque un núcleo reducido decidió quedarse y sostener el lugar generación tras generación.

Vista aérea de la Isla de Tabarca.

Un recinto del siglo XVIII sobre la primera reserva marina de España

La muralla que hoy se recorre en pocos minutos fue durante siglos la línea que separaba la vida organizada del peligro exterior, y se conserva como Conjunto Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural. Dentro, las casas blancas y anaranjadas con cubiertas rojas se apiñan alrededor de la plaza y la iglesia de San Pedro y San Pablo, cuya fachada barroca contrasta con la sobriedad del resto del pueblo. Fuera del recinto, el paisaje se abre hacia el faro y hacia la Torre de San José, dos referencias visuales que marcan el perfil de la isla desde el mar.

Calles típicas de la isla de Tabarca

Lo que ocurre bajo el agua es, si cabe, más singular que lo que se ve en tierra. Tabarca fue declarada en 1986 la primera reserva marina de España, y sus praderas de posidonia oceánica —una planta, no un alga, que solo crece en aguas limpias— se han convertido con los años en un termómetro científico del calentamiento del Mediterráneo: los investigadores miden en ellas, año tras año, cómo sube la temperatura del mar. Alrededor de la isla se reparten once playas y calas de tamaños y carácter muy distintos: la Playa de Tabarca, junto al pueblo, la Playa de la Faroleta a los pies del faro, El Portet en el extremo norte, y calas más recogidas como la de la Mina o la Seca, perfectas para quien busca algo de silencio lejos del núcleo urbano.

Costa de la isla de Tabarca.

Cómo llegar, cuándo ir y qué comer para entender la isla

La forma más rápida de llegar es desde Santa Pola, el puerto más cercano: el trayecto dura unos 25 minutos y varias navieras cubren la ruta con salidas frecuentes en temporada alta, con precios de ida y vuelta que suelen rondar los 9-10 euros por adulto. Desde el puerto de Alicante la travesía es más larga, cerca de una hora, y conviene reservar con antelación en julio y agosto, cuando los barcos se llenan y algunas rutas exigen comprar el billete con varios días de margen. Fuera de la temporada estival, entre noviembre y marzo, las frecuencias se reducen mucho y conviene confirmar los horarios antes de planificar el viaje.

Murallas de Tabarca

Un día es tiempo suficiente para recorrer el pueblo, bañarse en un par de calas y comer con calma, pero conviene tener presente que en pleno verano la isla puede recibir a diario muchas más personas que habitantes tiene todo el año, algo que los propios vecinos señalan como parte del problema de fondo: no es solo falta de servicios, es la presión de una masificación estacional que la isla, con sus recursos limitados, no siempre puede absorber con comodidad. Visitarla fuera de las horas centrales del día o en temporada media ayuda a aliviar esa presión y, de paso, regala una experiencia más tranquila.

Para comer, el plato que hay que pedir es el caldero tabarquino: pescado de roca —gallina o cabracho, según la pesca del día— servido primero con patatas y alioli, y después el arroz meloso cocinado en ese mismo caldo, una receta que se transmitió durante generaciones sin pasar por el papel. El Restaurante Don Jerónimo, en pleno centro del pueblo amurallado, junto a la plaza principal, lleva décadas siendo una de las referencias de la isla para este plato y conviene reservar mesa antes de embarcar, sobre todo en fin de semana.

Calle de la isla de Tabarca

Cuatro meses después de aquel acuerdo vecinal, el expediente para convertir Tabarca en Entidad Local Menor sigue su curso: entró en una fase de evaluación técnica y jurídica que, como suele ocurrir con este tipo de trámites, avanza más despacio de lo que sus impulsores querrían. Si finalmente se aprueba, la isla se convertirá en la octava Entidad Local Menor de la Comunitat Valenciana, uniéndose a otros núcleos como La Xara, Jesús Pobre o El Perelló. Mientras tanto, la vida en la isla sigue su ritmo de siempre: intensa en verano, casi en silencio en invierno, sostenida por un puñado de familias que llevan generaciones defendiendo un lugar que se recorre en menos de media hora, pero que no piensan dejar en manos de nadie más.

Carmen Martí, presidenta de la asociación vecinal Tabarca Isla Plana, lo resume mejor que cualquier crónica: "Llevamos 11 años peleando y hemos dicho basta. Es nuestra ilusión".


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