sábado, 24 de octubre de 2026

Canal Viajar : El pueblo de 1.800 habitantes entre tres ríos que esconde un volcán de 400 millones de años: es perfecto para visitar en otoño

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Su emplazamiento está marcado por la confluencia de tres cursos de agua: el Freser, el Rigard y el Segadell, cuyos cauces separan distintos sectores del casco urbano y dan al pueblo su característica forma de “Y”. Con cerca de unos 1.800 habitantes, en el corazón del Ripollès, a unos 912 metros de altitud, hay un pueblo que invita a descubrir el Pirineo catalán desde una perspectiva diferente. Se extiende entre montañas y sus puentes conectan las distintas zonas del casco urbano.

Ribes de Freser es la cabecera de la Vall de Ribes. A poca distancia se encuentran Queralbs y la Vall de Núria, dos destinos que permiten completar una escapada con patrimonio, senderismo y paisajes de alta montaña. Pero antes de salir del municipio merece la pena detenerse en su propia historia, marcada por los castillos, las iglesias y una actividad industrial que aprovechó durante siglos los recursos naturales de la zona. La historia del municipio está íntimamente ligada al agua y a la piedra.

Durante siglos, la economía local giró en torno a los recursos disponibles en esta parte del Ripollès: primero la agricultura y la ganadería de montaña, después la minería, y más adelante las fábricas textiles y papeleras que aprovechaban la fuerza de los tres ríos. A ello se sumó, ya en el siglo XX, el aprovechamiento y embotellado de aguas minerales, con la marca Aigua de Ribes como principal exponente. Además, la presencia de un volcán de 400 millones de años convierte el enclave en un lugar icónico.

Por dónde empezar: los imprescindibles del pueblo

Uno de los lugares que ayudan a viajar hasta el pasado medieval de Ribes de Freser es el castillo de Sant Pere, construido en una posición elevada desde la que era posible controlar el territorio cercano. Sus restos se encuentran sobre el promontorio del Granòfir. Muy cerca se encuentra la iglesia parroquial de Santa Maria, cuyos orígenes se remontan al siglo XI. El templo original, de tradición románica, sufrió importantes transformaciones a lo largo del tiempo. Durante la Guerra Civil quedó prácticamente destruido y tuvo que reconstruirse una vez finalizado el conflicto.


Además, en este sentido, es uno de los siete municipios integrados en el Parc Natural de les Capçaleres del Ter i del Freser, que protege una parte del Pirineo oriental.

Un volcán que lleva siglos escondido

Lo que convierte a Ribes de Freser en un destino singular, más allá de su caserío de montaña, es una formación geológica que se eleva justo sobre el núcleo urbano: el Granòfir de Ribes, mencionado anteriormente. Se trata de una roca a medio camino entre un granito y una roca volcánica, que en realidad corresponde a una antigua chimenea de un volcán, de hace entre 430 y 460 millones de años.

Es el granófiro más extenso y conocido de toda Cataluña, y forma unas agujas de color rojizo anaranjado en cuya cima hay colocadas una cruz y una bandera catalana. Desde 2017, es posible recorrer esta formación a través de la vía ferrata Roca de la Creu, una ruta de dificultad media.



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